03/26/08 5:05 PM - 10 comentarios
Comentarios a sus comentarios: Sobre la peor de las pesadillas: mujeres, judíos y AMLO
Muchos lectores preferirían un mundo exclusivamente habitado por buenos y malos, Madres Teresas, por un lado, Hitlers, por otro. Es una noción reconfortante que nos regresa al Paraíso: el bien no tiene disfraces, el mal es siempre perverso y degradante. En el Edén no existen los sin embargos o las contradicciones. Uno siempre puede tener la seguridad de estar de lado de los buenos.
Mi último artículo, intitulado “La peor de las pesadillas” fue duramente juzgado por muchos lectores. Recibí muchos comentarios enviados desde el reino bicromático que no acepta matices. Parte de esos comentarios pueden ser leídos abajo, aunque omití algunos demasiado ofensivos o grotescos sobre los temas o en contra de los personajes mencionados en el texto original.
Algunos pocos cuestionan que haya criticado al PRD y sus elecciones internas. Como si el mero acto de dar cuenta de los hechos por todos conocidos me hubiese convertido en un esbirro de la derecha, en una pluma a sueldo para destruir a la izquierda.
Otros me acusan justamente de lo contrario: de ser un lacayo de El Peje. Haber escrito que a mi juicio se cometió un fraude en el 2006, desencadenó una tunda de correos indignados. En uno de ellos un lector me advierte que de no presentar pruebas en un lapso de 72 horas habrá de demandarme por difamación. En realidad no hay mucho más que comprobar. El TRIFE mismo dio cuenta de las irregularidades (intervención ilegal de Fox, gasto ilegítimo de parte de grupos empresariales para dañar imagen de AMLO, negociaciones con los medios de comunicación). El PRD no aportó suficientes pruebas para demostrar el fraude “a la antiguita” en las urnas durante la jornada del 2 de julio. Pero las irregularidades detectas por el Tribunal Federal son, a mi juicio, suficientes para haber provocado un cambio en un resultado tan apretado como el que tuvimos. Como señalé en el artículo, no hay fraudes pequeños o grandes, sino fallidos o exitosos. La intervención ilegal o extralegal de los grupos de poder, en mi opinión, cambió el sentido del voto en el 2006.
Lo cual no me impide denunciar el intervencionismo de AMLO a favor de Alejandro Encinas, en las elecciones internas del PRD, como un hecho tan grave como los manotazos de Fox en contra de AMLO hace dos años.
Pero la mayoría de los lectores no desean ser confrontados con datos incómodos a sus propias convicciones. Prefieren un mundo en el cual Felipe Calderón siempre sea Fecal y cada uno de sus actos constituya una confirmación de su “vileza” o, caso contrario, una validación permanente del peligro que representaba AMLO y de la pesadilla de la que nos salvamos los mexicanos.
Debo hacer, sin embargo, una corrección. Con justeza algunos lectores me reclaman haber hecho una comparación irresponsable al meter en el mismo saco a algunas mujeres golpeadas, los judíos y AMLO, cuando señalé que todos ellos habían cometido contra terceros algunas injusticias de las que ellos mismos habían sido víctimas. Lydia Cacho me ha hecho ver que el tema de mujeres víctimas de violencia que terminan abusando de sus hijos es demasiado complejo para ser ventilado a la ligera. De igual forma, recibí varios correos (algunos publicados abajo) de personas que cuestionan mi aseveración de que el Estado Israelí ejerce sobre los palestinos parte de la discriminación que los judíos experimentaron en la Alemania Nazi. Desde luego yo no me refería al Holocausto, pero sí a las prácticas que, a mi juicio, han convertido a los palestinos en ciudadanos de segunda categoría en su propia tierra. Con todo, tienen razón mis denostadores pues una aseveración como esa habría requerido de una enorme batería de matices. Podría aplicárseme un poco de mi propia medicina: el conflicto Árabe-Israelí tampoco acepta visiones en blanco y negro, y está inmerso en un complejo proceso histórico imprescindible si se quiere abordar el tema.
Sólo el Paraíso o El Infierno poseen una moralidad en blanco y negro. La realidad, en cambio, es un enorme Pantone con una extensa gradación de grises. Sigo pensando que la responsabilidad de los comentaristas no es alimentar los clichés y las nociones preconcebidas de un mundo en el que sólo existe el bien y el mal. Nuestra tarea es ofrecer elementos para formar una opinión pública más madura y responsable, dispuesta a participar en los asuntos públicos, aún cuando sepa que personas y programas, políticos y partidos, están plagados como todo en la vida, de virtudes y defectos. Igual que el hogar de todos nosotros, igual que el cuerpo de nuestra pareja, igual que este país del que nos desesperanzamos en muchas ocasiones pero seguimos creyendo que podemos convertirlo en algo mejor.




