07/2/08 9:16 AM - 6 comentarios
El futbol es la “economía” número 17 del mundo, dicen los expertos, y lo acaba de demostrar con la Eurocopa. Austria recibió más de 500 millones de euros de beneficio. Pero en España será aun mayor. La transmisión de la final alcanzó cuotas de pantalla de 88 % en el país ibérico y récords del año en el resto de Europa. Los efectos económicos son inmensos y algunos incalculables. ¿Cómo costear el desperdicio de horas de trabajo que significará para los españoles la celebración interminable que los consume desde el domingo en la noche? ¿Cómo evaluar los beneficios económicos que el triunfo de su selección propiciará en el país simplemente por la mejoría del estado anímico?
Por lo pronto hay dos “ganones” en España: Rodríguez Zapatero que se quitó la etiqueta de estar salado (siempre perdían cuando él estaba presente) y el grupo Prisa, editora de diario El País. Por 70 millones de euros adquirió los derechos de transmisión de la Copa a través de su nueva Cadena Cuatro, en un esfuerzo desesperado de incrementar la sintonía. En su momento el grupo fue criticado por lo que parecía una apuesta desproporcionada. Si España hubiese sido eliminada al arranque la pérdida habría sido histórica. A 50 mil euros los 20 segundos de anuncios y habiendo campeonado España, Prisa se sacó la lotería.
06/29/08 2:48 AM - 26 comentarios
El PAN está haciendo todo lo posible para convertir la tragedia del News Divine en una “noticia divina” para su causa. Hasta ahora Marcelo Ebrard les había ganado el pulso de la batalla por la opinión pública gracias a sus playas de verano, su pista de hielo, los operativos de expropiación contra las bandas criminales y la consulta pública sobre la reforma energética, entre otras. Pero ahora lo han pillado con los dedos en la puerta y harán todo lo necesario para amputárselos.
Germán Martínez, presidente del PAN, ha dicho que Ebrard es cien por ciento responsable de la tragedia y que debe pagar políticamente por ello. Más de un comentarista ha pedido la renuncia del Jefe de Gobierno. Un despropósito que equivaldría a enjuiciar a Calderón cada vez que una presa derramada damnifica a alguien o un retén militar comete un crimen.
Ciertamente creo que Ebrard y su equipo son culpables de una estrategia demagógica que buscaba congraciarse con electores conservadores gracias al combate a la delincuencia. Creyeron que proyectar un poco de Giuliani y “tolerancia cero” vendría bien a las aspiraciones presidenciales para el 2012. Pero se les pasó la mano: carece de sentido dedicar varias docenas de policías a redadas de adolescentes cuando un par de inspectores habrían bastado para detectar irregularidades y clausurar el lugar.
Pese a ser un político que en teoría se ubica en “la izquierda” hasta ahora Ebrard se había mostrado extrañamente proclive a desplegar cuerpos policíacos ante los ciudadanos (reubicación de comerciantes, operativos en Tepito, desalojo de bloqueadores de calles). Los operativos habían sido aplaudidos por la opinión pública. El Jefe de Gobierno tendría que haber sabido que estaba jugando con fuego. Está semana se quemó.
Pero pedirle que asuma la responsabilidad personal , como si él hubiese dado la orden criminal de cerrar las puertas de la discoteca, es obviamente un exceso discursivo que busca medrar políticamente con la tragedia. De hecho, me parece que los instintos políticos que caracterizan a Ebrard han reaccionado rápido y en la dirección correcta: despido del delegado y detención del jefe policiaco responsable de la operación.
Recordemos que todavía estamos esperando que algún funcionario importante sea despedido o detenido en los casos de Ulises Ruiz en Oaxaca, Mario Marín en Puebla, o Peña Nieto en Atenco. En todos ellos la presidencia del PAN ha guardado silencio o de plano incurrido en complicidad.
Marcelo Ebrard, se había convertido en pluma de vomitar de los panistas por varias razones. Una de ellas, su negativa a reconocer la presidencia de Felipe Calderón. Pero, sobre todo, es la amenaza que Ebrard representa como rival para el 2012.
Hace dos semanas Germán Martínez se deshizo de Santiago Creel, uno de los principales contendientes de la carrera presidencial del 2012, destituyéndolo como coordinador de senadores. Hoy busca provocar el mayor daño posible a otro rival y para ello cuenta con la maquinaria mediática del gobierno y sus aliados que seguirán explotando la tragedia de la disco. Quedan dos más en la lista que superan en popularidad a Camilo Mouriño, delfín del presidente: Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota. Desde luego, se lo pensará dos veces antes de atacar al gobernador del estado de México y poner en riesgo la alianza con el PRI.
Por lo pronto, Ebrard se les ha puesto en la mira y harán todo lo posible por dejarlo mal herido. Germán Martínez está de cacería. (www.jorgezepeda.net)
06/22/08 3:29 AM - 10 comentarios
REHILETE
Toluca también cuenta con un presidente municipal legítimo y otro espurio, pero al estilo Austin Powers. Lo preocupante no es que el primer edil haya contratado a un doble para hacer anuncios sin que lo acusen de violar la ley que impide a los funcionarios promover su imagen personal. No, lo que en verdad preocupa es que lo pudiera utilizar para gobernar en su lugar (en una de esas, los toluqueños saldrían ganando). Y es que la desfachatez del presidente municipal panista Juan Rodolfo Sánchez, empresario y fundador del Banco Caritas, no tiene límite. Si su gobernador Peña Nieto ha logrado burlar la ley negociando con las televisoras para que presenten como noticia sus giras e inauguraciones, Sánchez fue un paso más allá: hizo anuncios con un clon para burlar el impedimento legal.
“La genial” idea es producto del publicista español, Xavier Domínguez, quien también asesora al flamante coordinador de los senadores panistas Gustavo Madero. Cabría preguntarnos qué les ha dado a los panistas para importar estos vendedores de imagen españoles. Ciertamente dio resultado la campaña sucia y del miedo que Antonio Sola desarrolló para hacer ganar a Calderón en contra de López Obrador. Pero esto de contratar clones para burlar la ley parece otra campaña sucia pero dirigida contra sí mismos. ¿Qué ciudadano habría de votar por un funcionario que recurre a una falsificación de sí mismo?
Entrevistado al respecto Xavier Domínguez aseguró que la labor del asesor de imagen es ayudar al político para que no se limite a informar, sino a “saber llegar a la gente y ofrecer una imagen de honradez”. Se requiere un salto quántico para partir de esa premisa y terminar con una imagen pirata de su representado. Aunque bien mirado, el publicista no habla de “honestidad” sino “imagen de honestidad”, y ciertamente habría que reconocer que hay políticos que la única posibilidad que tienen de parecer honestos es contratando a un doble.
Resulta irónico que el panismo que llegó a Los Pinos gracias a la bandera del combate de 70 años de corrupción priísta, esté recurriendo a versiones tan burdas del engaño. Alguien podría decir que no se trata de una posición oficial del PAN sino de errores individuales. Pero fue Felipe Calderón quien extendió carta blanca a sus correligionarios cuando afirmó durante la campaña, justamente a propósito de los subterfugios y mañas, que lo importante era llegar “haiga sido como haiga sido”. Su frase hizo escuela y el presidente toluqueño resultó un mal imitador, un minimí de Calderón.
Por lo demás, no se trata de funcionarios de rango menor. Gustavo Madero es uno de los hombres más poderosos del país ahora que coordina a los senadores del blanquiazul. Ya de por sí es bastante confusa la imitación que hace de su abuelo Francisco I Madero. También se presta a suspicacias ver al presidente del país con canas una semana y sin ellas la siguiente. Por lo pronto, propongo que la próxima vez que veamos a un alto funcionario llevarse el dedo meñique a lo labios alcemos la voz y exijamos la presentación de la versión original. Salvo, claro, si se trata de Germán Martínez: creo que preferiríamos a su Minimí. www.jorgezepeda.net
06/15/08 2:51 AM - 38 comentarios
La vida política es cruel con con los tibios y los indecisos. Por desgracia la decencia o las convicciones suelen ser un estorbo en la vida pública, a menos que se asuman hasta las últimas consecuencias. Santiago Creel intentó incursionar en la política bajo la bandera de la decencia y la honestidad, pero una y otra vez se apartó de ellas en momentos decisivos. A la postre no terminó siendo ni buen político, ni buena persona.
Las razones que tuvo el PAN (Calderón) para destituir a Creel como coordinador de los senadores de su partido pueden ser muchas y de distinta naturaleza. Usted escoja: Desconfianza (no pertenece al grupo que gobierna en Los Pinos). Resentimiento (Calderón no le perdona las zancadillas durante la precampaña presidencial). Incompetencia (resultó pésimo operador político en el Congreso). Envidia (va adelante en las encuestas presidenciales para el 2012). Subordinación a las televisoras (lo han boicoteado). Escándalo (resultó demasiado “ojo alegre” para los panistas: divorcio, procreador clandestino con Edith González, idilio actual con otra jovencita, golpes de guaruras en una discoteca de Acapulco).
Lo más probable es que su remoción sea resultado de todos los factores anteriores. Lo sorprendente no es que Creel haya perdido el cargo de coordinador de los senadores panistas; lo que sorprende es que haya durado tanto.
Y es que, considerando las oportunidades que tuvo, Creel resultó un fracaso como político. Fue derrotado en las dos candidaturas en las cuales compitió (la jefatura de gobierno del DF y a la candidatura del PAN a la presidencia). Como operador político hizo un pobre trabajo en la Secretaría de Gobernación y en la coordinación del Senado.
Había sido un litigante de prestigio en derecho corporativo, un buen director de la escuela de Derecho del ITAM y un extraordinario consejero ciudadano cuando el IFE todavía era motivo de orgullo entre los mexicanos. Su llegada a Gobernación, de la mano de Fox, fue percibida como la gran oportunidad de la sociedad civil: significaba nada más y nada menos que la política quedaba en manos del gran ciudadano. Pero simple y llanamente se paralizó. Tenía tal miedo de perder sus posibilidades como candidato presidencial que se guardó sus convicciones, se autoincautó el cerebro y renunció a cualquier apuesta transformadora.
El caso de Televisa lo ejemplifica. Como secretario de Gobernación concedió al monopolio una desvergonzada autorización en materia de juegos y sorteos, a cambio de una cobertura mediática favorable para la precamapañ presidencial. Pero una vez derrotado, la mala conciencia lo llevó a criticar a la televisora y eventualmente a ser parte de los que facilitaron la revisión e interrupción de la llamada Ley Televisa. El resultado es que acabó en lo peor de los dos mundos: los sectores críticos no le perdonan haberse prostituido; la televisora no le perdona haberse arrepentido.
Mi impresión es que Creel es demasiado buena persona para ser político; pero no tan buena persona como para hacer una diferencia en la política. Carece de la malicia o el estómago que hacen de los Emilios Gamboas y Manlio Fabios Beltrones políticos profesionales, canallas de tiempo completo. Pero al final no es mucho mejor la dignidad a medio tiempo que ejerce Creel. En ocasiones, incluso, puede ser tanto o más dañina.
El senador tiene la extraña cualidad de inspirar en muchos grupos la sensación de haberles engañado. Y es que, en efecto, ha quedado mal con tirios y troyanos. El problema con Santiago Creel es que sus interlocutores nunca sabían si estaban hablando con el ciudadano demócrata o con el aliado de Manuel Espino y el yunque; si era el abogado estricto e incorruptible o el frecuentador de discotecas y amores juveniles. Lo cierto es que estos políticos multipolares terminan traicionando a todos.
Manoseó las buenas causas con propósito de ayudarlas, pero terminó abandonando todas para no querellarse con los poderes vigentes. Debemos reconocerle a Creel que desde Bucareli evitó el uso de la represión y la mano dura como respuesta política. Pero no hizo nada para evitar que otros la usaran a mansalva. Allí están los casos de Oaxaca y Ulises Ruiz, o Atenco y Peña Nieto como muestra de su inconsistencia.
Quizá por eso los amigos que lo conocieron en sus tiempos de consejero ciudadano señalaban en broma que los alienígenas habían abducido al ciudadano demócrata, y ciertamente muchos nos preguntábamos quién le había robado el cerebro.
El caso de Creel es una variante más de las muchas experiencias frustradas que dejan detrás de sí los ciudadanos, profesionales y empresarios que arriban a la política con buenas intenciones y magros resultados. Llegan impacientes buscando el cambio, convencidos de que la decencia y la honestidad transformará la esfera pública, pero terminan subyugados por la fascinación que ejerce el poder. Carecen del cinismo que caracteriza a los políticos profesionales, pero hacen tantas concesiones a sus principios y tales moratorias a sus convicciones para mantenerse en el presupuesto, que al final resultan personas deslavadas, prisioneros de la autonegación, profetas de la demagogia involuntaria. Alberto Begné desde la ONGs (del partido Alternativa), Jorge Castañeda desde los circuitos intelectuales, Eduardo Bours desde el el empresariado, o Santiago Creel desde el ámbito de la abogacía. Todos ellos constituyeron una promesa distinta de renovación ciudadana pero terminaron siendo presos de su propia ambición y víctimas de la clase política que habían jurado cambiar. La verdadera infidelidad de Creel no es la que está documentada en el Hola o el Quién.(www.jorgezepeda.net)
OTROS ARTICULOS SOBRE CREEL. A lo largo de su gestión como secretario de gobernación escribí varios artículos sobre el desencanto creciente que inspiró la gestión del funcionario. Aqui se adjuntan:
La caída de Creel
18 de noviembre, 2005
Creel y el sospechocinismo
19 de junio, 2005
La cruzada de Creel
19 de septiembre, 2004
06/8/08 4:13 AM - 22 comentarios
Hace unos días dijo Germán Dehesa que el que asaltó a Talina Fernández era un imbécil. Y tenía razón. No sólo porque se dejó agarrar sino porque se necesita estar mal del cerebro para reconocer a Talina y proceder a despojar a sus acompañantes de sus pertenencias. Apenas había comenzado a regodearse con el reloj expropiado, cuando ya le habían caído encima una multitud de policías, primero, y una batería de fotógrafos después.
Y sin embargo, tienen razón los que afirman que las celebridades o los personajes públicos no deberían recibir un trato distinto del resto de los mortales. Si Osvaldo Sánchez, el cancerbero de la selección, fuese asaltado afuera de su casa para quitarle su cartera, ciertamente sería lamentable. Pero simplemente habría que decirle: “bienvenido a nuestro mundo, así vivimos la mayoría de los mexicanos”. ¿Pero que pasaría si en lugar de un asalto recibe una golpiza y una amenaza de que la siguiente ocasión que pare un gol en contra de Cruz Azul habrá de ser baleado? ¿Qué pasaría si los porteros o los goleadores de un equipo son golpeados, secuestrados o asesinados por los aficionados para asegurar la supremacía de su equipo? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que un centro delantero comience a dudar en anotar un penalti que provocará que ametrallen su casa? Una situación como esa obviamente colapsaría al futbol y exigiría de parte de la federación de futbol un llamado especial a las autoridades.
Eso es justamente lo que está sucediendo con los periodistas que se atreven a denunciar a los poderosos y al crimen organizado. Lo preocupante no es sólo los casi 40 muertos y desaparecidos del 2000 para acá, sino el hecho de que por cada profesional eliminado hay decenas de periodistas amedrentados o golpeados; es decir, cientos de informadores que lo pensarán dos veces antes de hacer otra denuncia periodística.
Si consideramos que no son muchos los reporteros que se atreven a investigar la corrupción policiaca en Culiacán y Tijuana, y muy pocos los que se animan a criticar a Ulises Ruiz en Oaxaca, se entenderá el efecto devastador que ha tenido el ataque a la prensa y la manera en que ha dañado a la comunidad para enterarse de lo que está sucediendo.
Esta autocensura no siempre es visible por parte del público. Todos los días vemos informaciones sobre los cárteles de la droga y sus actividades. Lo que no aprecia el lector es que se trata de información oficial ofrecida por las autoridades o simplemente resúmenes de lo conocido. Lo que ya no vemos en los medios de comunicación es una investigación periodística que revela nombres de los comandantes que protegen al Narco, o reportajes en la prensa local que exhiban los malas prácticas del poder regional. Existen, pero son piezas en proceso de extinción.
Los reporteros han comenzado a hacer lo mismo que harían los goleadores en la situación ficticia descrita antes: anotar sólo cuando el marcador es demasiado holgado. Nunca cuando el gol pueda hacer la diferencia.
El daño a la sociedad es inconmensurable. Por eso es que organismos internacionales y un puñado de periodistas mexicanos rechazan quedarse cruzados de brazos. El Comité de Protección de Periodistas (CPJ por siglas en inglés) con sede en Nueva York se encuentra de visita en el país para exhortar a las autoridades a hacer algo más drástico. Habrán de entrevistarse con el presidente Calderón y otras autoridades. Entre otras cosas insistirán en una petición de los periodistas en México: asegurar que las amenazas y vejaciones en contra de la libertad de opinión de cualquier ciudadano o periodista sean convertidas en un delito federal.
Esto es importante porque la práctica ha mostrado que las policías y ministerios públicos locales están penetrados por las bandas que protegen al crimen organizado y/o los intereses de gobernadores y personajes públicos. Denunciar al “gober precioso” en Puebla por amenazas a un periodista es una actividad ociosa. Pedirle a policías de Tijuana que investiguen el crimen del subdirector del semanario Zeta es pedirle peras al olmo.
El hecho de atraer los casos a un nivel federal no asegura nada, pero permite enfocar reflectores en una sola instancia. De hecho, la propuesta del CPJ pasa por una reorganización de la Fiscalía contra delitos a periodistas. Primero para colocar el énfasis no en los “periodistas” como individuos, sino en la libertad de opinión y en el periodismo como actividad. Es decir, el robo de cartera a un periodista no es delito federal, pero sí el intento de silenciar sus denuncias públicas. El asalto a un ciudadano no es un crimen federal, pero golpearlo por criticar a una autoridad tendría que serlo.
Segundo, se trata de que la fiscalía posea instrumentos jurídicos y de investigación capaces de operar en todo el territorio nacional. En realidad, hasta ahora la Fiscalía ha sido más demagógica que útil, más estorbo que ayuda. Pero podría llegar a ser decisiva.
Esta podría ser la última llamada para restablecer la posibilidad de un periodismo capaz de denunciar los vicios públicos y la impunidad. De lo contrario habremos de conformarnos con la prensa que se reduce a inventariar a los ejecutados pero rara vez pone nombre a los sicarios y a los comandantes que los protegen. Estaremos condenados a un periodismo de media cancha, aunque estridente, alejado de las verdaderas porterías; y a un ciudadano pasivo destinado a aplaudir, pero nunca a abuchear o cuestionar. (www.jorgezepeda.net)