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	<title>jorgezepeda.net</title>
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	<pubDate>Sun, 23 Nov 2008 09:17:20 +0000</pubDate>
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		<title>Despedida</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Nov 2008 09:17:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

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		<description><![CDATA[<style>.newl {display:none}</style><div class=newl></div>Durante quince años he intentado dialogar sobre la realidad política y social desde este espacio semanal. Más de cinco mil artículos en los que a veces con perplejidad, en otras con angustia y en muchas ocasiones con indignación, busqué ofrecer algún ángulo adicional, un pliegue no atendido de una noticia, una pizca de esperanza en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante quince años he intentado dialogar sobre la realidad política y social desde este espacio semanal. Más de cinco mil artículos en los que a veces con perplejidad, en otras con angustia y en muchas ocasiones con indignación, busqué ofrecer algún ángulo adicional, un pliegue no atendido de una noticia, una pizca de esperanza en el dobladillo de una infamia.</p>
<p>El hecho de que se publique en 21 diarios y que varias docenas de lectores se tomen la molestia de responder cada domingo, indica que no han sido pocas las personas que han pasado por estas reflexiones a los largo de los años. Pese a los errores cometidos, que tampoco han sido pocos, espero haber sido útil en la difícil construcción de un poco más de tolerancia en la llamada conversación pública.</p>
<p>Mentiría si dijera que escribí esencialmente para los lectores o para los amigos, como suelen decir muchos autores. Con el paso de los años me di cuenta que escribía por razones un poco más egoístas. Celebraba el arribo de la mañana de cada viernes como otros anhelan su dosis de diván psicoanalítico. Reflexionar sobre el tema de la semana acabó convirtiéndose en la única manera de exorcizar una realidad absurda y muchas veces insoportable. Y no es que escribir resolviera algo, pero el simple esfuerzo de intentar explicar una infamia o entender sus orígenes y consecuencias, permitía de alguna manera acotarla, definirla y etiquetarla.</p>
<p>¿Cómo digerir que el único “accidente” aeronáutico fatal en meses sea justamente el de los dos hombres más amenazados por el narcotráfico? ¿Cómo aceptar el hecho de que el asesinato de Colosio, y por consiguiente el cambio de la historia de México, haya sido una ocurrencia disparatada de un tal Aburto? Peor aún ¿Cómo vivir con está creciente certidumbre de que el narco y la inseguridad no van a irse, que han llegado para instalarse, que ya son parte del México que será? Gracias a este espacio semanal entendí que ponerle nombre y coordenadas a los problemas no los deja atrás pero permite canalizar la angustia y afrontar la realidad.</p>
<p>Esta ha sido mi última sesión “terapéutica” semanal. Hace unos días asumí la Dirección Editorial del periódico El Universal en la Ciudad de México. El trabajo de analista político, por más honesto y objetivo que intente hacerse, necesariamente refleja tendencias y matices personales. Nunca oculté mis preferencias por determinadas causas y mi rechazo a rasgos y proyectos políticos que considero adversos para la construcción de una sociedad más democrática y más justa.</p>
<p>Como director sigo pensando lo mismo, pero las herramientas son otras. La conducción de una planta editorial implica el respeto al conjunto de los periodistas y colaboradores que lo conforman. Pero, sobre todo, el respeto a las y los lectores y la opinión pública que espera de un diario información confiable y sólida, recabada y editada bajo códigos profesionales y ajena a las fobias y filias de sus directivos.</p>
<p>Con todo, extrañaré el diálogo y el contacto semanal con ustedes, mis lectores. Después de tantos años esta columna se convirtió en una conversación plena de coincidencias y disidencias, pero siempre aleccionadora. Me quedo con la convicción de que en este diálogo el más enriquecido he sido yo. Gracias por eso, gracias por todo. www.jorgezepeda.net
</p>
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		<title>El PRI y el síndrome de Estocolmo</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Nov 2008 17:38:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

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		<description><![CDATA[No importa qué hagamos o qué suceda, el PRI sigue allí. Los gobiernos de alternancia han provocado lo que parecía imposible en el 2000: que alguna vez llegásemos a extrañar al antiguo régimen. Lo cierto es que los sondeos pronostican un triunfo aparentemente inevitable por parte del tricolor en los comicios de 2009 para la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No importa qué hagamos o qué suceda, el PRI sigue allí. Los gobiernos de alternancia han provocado lo que parecía imposible en el 2000: que alguna vez llegásemos a extrañar al antiguo régimen. Lo cierto es que los sondeos pronostican un triunfo aparentemente inevitable por parte del tricolor en los comicios de 2009 para la renovación del Congreso. Y de seguir las cosas así, la campaña presidencial para el 2012 será un paseíllo para Enrique Peña Nieto y su novia.</p>
<p>La mayor tragedia de la primavera democrática que el país vivió en el 2000 cuando el voto puso fin a 70 años de partido único, es que nuestro Obama se llamó Fox. La derrota del tricolor generó oleadas de esperanza hace ocho años, incluso entre los que votaron por el PRI. Entre sorprendido e ilusionado, el país entendió que entraba en zonas inéditas de la historia. Un poco como ahora los norteamericanos se sienten con respecto al triunfo de Obama. Pero el extraordinario candidato que había sido Fox se convirtió en un presidente frívolo y acomodaticio, interesado únicamente en disfrutar su arribo a la cúspide. El foxista no sólo fue un sexenio perdido, representó, además, una extraordinaria oportunidad histórica desperdiciada.</p>
<p>El caso de Felipe Calderón es distinto. A mi juicio ha cometido errores pero a diferencia de Fox nadie puede escatimarle el hecho de haberlo intentado. Incluso a costa de amenazas personales y una fatiga crónica cada vez más perceptible. La pregunta de fondo es si realmente ha tenido oportunidades. Fox hizo mucho más que dilapidar el bono democrático. Calderón entró a Los Pinos con un patrimonio político en números rojos y muy escasos márgenes de maniobra. No es un logro menor haber obtenido las reformas (así sean tibias) con tan escasos recursos. Pero la inseguridad pública y la crisis económica internacional han consumido el precario capital político que con muchos trabajos y no pocos altibajos Calderón había podido acumular.</p>
<p>Ante la incapacidad del gobierno panista para ofrecer respuestas, muchos extrañan a los priistas porque “al menos tenían oficio político”. Un empresario afirma que los panistas tampoco resultaron honestos: simplemente ahora “las mordidas” son más altas porque son “más honrados”. Las elecciones del domingo pasado en Hidalgo, casi otro carro completo para el PRI, confirman lo que parece ser una inexorable cadena de triunfos regionales que conduce a la entrega final del poder. </p>
<p>¿Que hemos hecho los mexicanos para merecer lo que parece una regresión política? ¿Qué hemos dejado de hacer? Desde luego, Fox no fue Obama y eso es parte de la explicación. El cambio, o la ausencia de cambio, no han ofrecido muchos deseos de seguir experimentando. Por su parte, la opción lopezobradorista le parece a muchos un salto al vacío (por razones que escapan a este espacio).</p>
<p>Los triunfos del PRI llevan a pensar que, ante la incertidumbre, los mexicanos optan por un pasado maquillado, por la nostalgia distorsionada. Una especie de síndrome de Estocolmo colectivo: los antiguos victimarios ya no parece tan malos. Y ni siquiera se trata de un PRI renovado. Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, los jefes del Congreso no son precisamente prototipos de un renacimiento. Peña Nieto arrasa sin siquiera tener que exponer ideas nuevas o prometer una plataforma de cambio. Puntea simplemente porque difunde spots en los que aparece haciendo lo mismo que los presidentes del viejo régimen: inaugurar obras y presidir mítines.</p>
<p>Ninguna sociedad ha progresado pensando que más vale malo por conocido que bueno por conocer. Y sin embargo, todo indica que el país ha comenzado a inclinarse en esa dirección. www.jorgezepeda.net</p>
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		<title>Casting para Bucareli</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Nov 2008 09:58:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Artículos dominicales</category>

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		<description><![CDATA[La suerte del resto del sexenio dependerá en gran medida de la decisión que tomé Felipe Calderón al designar al sucesor de Juan Camilo Mouriño. Con una presidencia atrincherada, una economía en retroceso, la inseguridad galopante, comicios adversos en 2009, y un gabinete sin liderazgo sobre la sociedad, Los Pinos requiere de un operador capaz [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La suerte del resto del sexenio dependerá en gran medida de la decisión que tomé Felipe Calderón al designar al sucesor de Juan Camilo Mouriño. Con una presidencia atrincherada, una economía en retroceso, la inseguridad galopante, comicios adversos en 2009, y un gabinete sin liderazgo sobre la sociedad, Los Pinos requiere de un operador capaz de hacer control de daños e impulsar una agenda estratégica. El problema está encontrarlo. A mi juicio, habría cuatro criterios para orientar la búsqueda:</p>
<p>1.- Peritaje del avionazo. Si Calderón considera que detrás de la muerte de Mouriño hubo un atentado, tendrá que optar por un secretario de perfil “duro”, militar quizá o con experiencia en áreas de seguridad. Tendrá que enviar un mensaje firme a los adversarios, a tono con su frase del martes pasado “no nos doblegaran”. Pero si el Presidente termina convencido de que fue un accidente, su designación tendría que responder a criterios más convencionales y buscar a un operador político.</p>
<p>2.- Gran pasado, nulo futuro. Los presidentes priistas sabían que el candidato idóneo para secretario de gobernación es un político con un “gran pasado”, que carezca de un “gran futuro”. En otras palabras, su oficio político debe ser reconocido por tirios y troyanos, y a la vez , debe carecer de aspiraciones y/o posibilidades para una candidatura presidencial. </p>
<p>3.- Consensos con la oposición. Los primeros dos años Calderón requirió de una estrecha alianza con el PRI para sacar adelante las reformas y enfrentar el embate postelectoral del PRD. Pero la factura a pagar ha sido altísima. El PRI amenaza con apropiarse del Congreso en 2009 y de la presidencia en 2012. Calderón necesita pactar ahora con el ala moderada del PRD. El voto favorable de los perredistas en la reforma petrolera constituyó oro molido para Los Pinos y siembra la posibilidad de nuevos acuerdos en el futuro. Pero eso obliga a optar por un secretario de Gobernación “digerible” para estas corrientes. Javier Lozano (actual secretario del Trabajo) y Germán Martínez (presidente del PAN) no serían las mejores opciones. Ambos han sido los más rijosos; los voceros oficiosos escogidos por Los Pinos para criticar a los lopezobradoristas y al propio Marcelo Ebrard. Por razones similares, Diódoro Carrasco, ex gobernador d e Oaxaca y tránsfuga del PRI, sería rechazado por el tricolor.</p>
<p>4.- Salir del Grupo Compacto. El presidente ha intentado gobernar al país con su círculo de confianza; una estrategia que lo ha aislado. De porfiar por esa línea tendría tres opciones: César Nava, Molinar Horcasitas o Josefina Vázquez Mota. El primer caso tiene el inconveniente de su juventud e inexperiencia. Una especie de Mouriño II. Molinar y Vázquez Mota no serían una mala opción, aunque el director del IMSS ha sido también un “fajador” controvertido. Por su parte, Vázquez Mota, la de mayor oficio político en el gabinete, tendría que enviar señales de que no aspira a una candidatura presidencial.</p>
<p>Reclutar un candidato de prestigio no calderonista le permitiría al Presidente dar un nuevo impulso a su sexenio. Requeriría una especie de Luis H. Álvarez 20 años más joven. No hay un panista así, pero tendrían que crearlo (¿Jorge Zermeño, Ricardo García Cervantes, Carlos Medina Plascencia?).  Siempre cabe la posibilidad de optar por algún “notable” no panista, capaz de inspirar respeto generalizado. Sería quizá la mejor opción para relanzar a un gobierno de “alternancia” que parece condenado a entregar el poder en 2012. Pero tal designación carece de probabilidades. No lo tiene fácil el presidente, atrapado en su proverbial desconfianza y la triste realidad de una flaca caballada. www.jorgezepeda.net</p>
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		<title>INVITACION A LA PRESENTACION DE LIBRO INTOCABLES</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Nov 2008 17:51:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Notas y avisos</category>

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		<description><![CDATA[Este jueves 6 de noviembre a las 19 horas haremos la presentación del libro LOS INTOCABLES, 10 perfiles biográficos de personajes caracterizados por la impunidad. Librería del FCE Rosario Castellanos, en La Condesa, calle Tamaulipas.
Presentarán: Denise Dresser, Alfonso Zárate y Konstantin Kakaes (corresponsal de The Economist)
Personajes biografiados: Cardenal Sandoval Iñiguez, José Luis Soberanes, Diego Fernández [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este jueves 6 de noviembre a las 19 horas haremos la presentación del libro LOS INTOCABLES, 10 perfiles biográficos de personajes caracterizados por la impunidad. Librería del FCE Rosario Castellanos, en La Condesa, calle Tamaulipas.<br />
Presentarán: Denise Dresser, Alfonso Zárate y Konstantin Kakaes (corresponsal de The Economist)<br />
Personajes biografiados: Cardenal Sandoval Iñiguez, José Luis Soberanes, Diego Fernández de Cevallos, Gobernadores, Emilio Gamboa, Jorge Hank Rohn, Víctor González Dr. Simi, Julio César Chávez, Paty Chapoy,<br />
Autores de los perfiles: Lydia Cacho, Sanjuana Martínez, Ricardo Raphael, Alejandro Páez, Marco Lara, Roberto Rock, Rita Varela, Mauricio Carrera, Jenaro Villamil y Jorge Zepeda Patterson.</p>
<p>ALLA LES ESPERO.
</p>
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		<title>López Obrador: Amor y odio</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Nov 2008 09:09:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

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		<description><![CDATA[Pobre país el nuestro, que en materia política parece condenado a vivir con el alma enajenada por los amores y odios que inspira Andrés Manuel López Obrador. Para una parte de la sociedad y la mayoría de los medios de comunicación es la peor de las desgracias ; otros están dispuestos a seguirlo incondicionalmente al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pobre país el nuestro, que en materia política parece condenado a vivir con el alma enajenada por los amores y odios que inspira Andrés Manuel López Obrador. Para una parte de la sociedad y la mayoría de los medios de comunicación es la peor de las desgracias ; otros están dispuestos a seguirlo incondicionalmente al paraíso o al infierno. A mi juicio, ambas pasiones son igualmente dañinas para México.</p>
<p>El sistema político mexicano está urgido de un movimiento social vigoroso de carácter popular y de un López Obrador, o su equivalente. El verdadero peligro para México es que el sistema político siga siendo un ámbito monopolizado por  acuerdos cupulares. Sin una presión social permanente, las políticas públicas y las reformas constitucionales terminarían por ahogar al resto de la población.</p>
<p>Alguien tiene que recordarles que hay otro 50 por ciento de mexicanos para los cuales no se está gobernando, que los campesinos existen y que nueve de cada diez  mexicanos no están inscritos al sistema de salud. Por razones de mercado económico y electoral, las cúpulas persisten en la inercia de gobernar para y por la mitad de la población, “la que importa”.<br />
Durante muchas décadas el PRI fue capaz de sortear las presiones de las élites económicas con las necesidades de estabilidad política de largo plazo. Ya no. Hoy en día los partidos políticos son incapaces de resistir los manotazos de los poderes económicos y mediáticos. Cada grupo ve por su interés unilateral e inmediato; la suma de tales acuerdos terminará haciendo irrespirable la atmósfera para los que tienen menos. El verdadero peligro es la ruptura social.</p>
<p>Algunos afirman que el movimiento social ya no es necesario, ahora que los mexicanos pueden validar con su voto la opción política que mejor les represente. La Nueva Izquierda y el PRD “institucional” son necesarios, pero insuficientes. La batalla formal dentro del poder legislativo y las instituciones es prometedora, pero está lejos de los temas decisivos. Baste decir que Ulises Ruiz, en Oaxaca, y Mario Marín, en Puebla, lograron carros completos en sus elecciones internas pese al enorme descrédito de sus respectivas gestiones estatales. La democracia no está sólo en las urnas.</p>
<p>Se requiere de un movimiento que represente a los “otros” mexicanos. Si no hubiera un López Obrador habría que inventarlo. El problema es que él mismo en muchas ocasiones no parece estar a la altura de sus responsabilidades.  Su desempeño en la reforma petrolera fue útil, obligó a un debate abierto y a una reforma consensuada, echó atrás el acuerdo que hace ocho meses habían tomado las élites en “lo oscurito”. No es la mejor de las reformas, pero es la que expresa la suma de posibilidades y desconfianzas de anteriores “aperturas” y privatizaciones.</p>
<p>Pero convocar a la resistencia civil por doce palabras ausentes en la reforma, mediante un votación apresurada en una tarde lluviosa, arroja serias dudas sobre la naturaleza de su liderazgo. No se si tiene razón, pero promoverlas porque “así voto la gente” luego de una arenga en plaza pública, y desechar el criterio de su propio comité técnico, es irresponsable por decir lo menos. El problema es que AMLO se está acostumbrando a liderar incondicionales, a operar en un universo bipolar: o fieles, o enemigos y traidores.</p>
<p>México no necesita Mesías políticos, pero sí reformadores sociales con liderazgo y representatividad. AMLO lo es, sin duda, aunque necesita interlocutores. Menos amor y odio de los otros, y más responsabilidad de su parte. www.jorgezepeda.net </p>
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		<title>Carlos Slim y López Obrador, otra vez</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Oct 2008 09:21:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

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		<description><![CDATA[Se habla mucho de los suicidios políticos de Andrés Manuel López Obrador y de su tendencia a pegarse balazos en el pie. Ya “lo perdimos”, se afirma luego de su fallido cerco en el Senado para impedir la aprobación de la reforma petrolera. “Hay que partirle el queso”, dijo este viernes Vicente Fox, solazándose con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se habla mucho de los suicidios políticos de Andrés Manuel López Obrador y de su tendencia a pegarse balazos en el pie. Ya “lo perdimos”, se afirma luego de su fallido cerco en el Senado para impedir la aprobación de la reforma petrolera. “Hay que partirle el queso”, dijo este viernes Vicente Fox, solazándose con la posibilidad de darle por fin un tiro de gracia político.</p>
<p>Yo creo más bien que López Obrador es el Carlos Slim de la política. Sus reservas son prácticamente ilimitadas. Y no tanto por mérito del tabasqueño, sino porque está colocado justo donde  soplan los vientos históricos. Slim y Andrés Manuel son los dos mexicanos que habrán de salir más “beneficiados” de la crisis económica. Slim padecerá la caída del valor de sus acciones, pero acabará adquiriendo muchas empresas a precios regalados.</p>
<p>Algo similar sucederá con AMLO. Se afirma que ya sólo es seguido por un grupo de resentidos sociales. Puede ser, pero si quitamos el matiz peyorativo, lamento decir que el país está a punto de colmarse, literalmente, de “resentidos” sociales como resultado de las penurias económicas que se avecinan.</p>
<p>En este espacio he insistido que la crisis de los dos próximos años asolará a los sectores más desprotegidos, a diferencia de la crisis del 95 que castigó duramente a las clases medias. La diferencia es que hace trece años Estados Unidos experimentaba una bonanza, hoy está en recesión. Eso significa caída de remesas, regreso de paisanos, cierre de maquiladoras, desplome del precio de petróleo, caída de exportaciones y, en cascada, cierre de fuentes de trabajo en México. El precio internacional de los alimentos seguirá subiendo.</p>
<p>Todo lo anterior significa que muchos que no eran pobres, comenzarán a serlo; y peor aún, aquellos que ya lo eran descenderán varios escalones en el infierno de la miseria. Del otro lado, el subsidio a la pobreza por parte del gobierno disminuirá debido al achicamiento de la recaudación fiscal producto de la caída de los ingresos petroleros y, en general, del decrecimiento de la actividad económica. Los programas de asistencia social habrán de ser recortados, pues la mayor parte del gasto público está amarrado (sueldos y deuda pública).</p>
<p>En resumen, mucha gente tendrá motivos para estar resentida con el sistema y en contra de instituciones incapaces de ofrecer respuestas. No creo que eso se traduzca en alguna posibilidad electoral encarnada en López Obrador de cara al 2009 o al 2012. Por el contrario, la insatisfacción en el “mundo institucional” habrá de cosecharla el PRI en ambos comicios. Pero la molestia social de los estratos sociales más pobres habrá de radicalizarse y constituirá una reserva permanente de capital político para AMLO.</p>
<p>¿Qué va hacer López Obrador con ese patrimonio? Se convertirá en un reventador crónico e irresponsable, como dicen sus detractores, o en un Alter Ego o Defensor del Pueblo contra los abusos del sistema y de la clase política? Su actuación en la reforma petrolera da pie para ambas versiones. Su oposición a la “privatización” evitó que hace seis meses se firmara un acuerdo entre cúpulas. Pero su exabrupto de esta semana, para añadir 12 palabras al acuerdo petrolero que ya había ganado, revela que aún opera desde el resentimiento. </p>
<p>AMLO puede convertirse en cualquiera de las dos cosas: caudillo de la ruptura, o verdadero Ombudsman de los intereses populares. Una cosa es cierta, contra los que ya los suicidaron políticamente, hay que decir que, para bien o para mal, hay Peje para buen rato. www.jorgezepeda.net</p>
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		<title>Le Clézio, la cerca inconclusa</title>
		<link>http://www.jorgezepeda.net/22-10-2008/le-clezio-la-cerca-inconclusa/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Oct 2008 12:53:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Otros artículos</category>

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		<description><![CDATA[Publicado en revista Día Siete, el domingo 19 de octubre, 2008
Jean Marie Le Clézio no es como todo el mundo. Es un hombre bastante alto, delgado, de espalda ancha y pelo de paja, con el rostro huesudo surcado de marcas de la vida. Con sombrero y un cigarro en la boca podría ser el perfecto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Publicado en revista Día Siete, el domingo 19 de octubre, 2008</em></p>
<p>Jean Marie Le Clézio no es como todo el mundo. Es un hombre bastante alto, delgado, de espalda ancha y pelo de paja, con el rostro huesudo surcado de marcas de la vida. Con sombrero y un cigarro en la boca podría ser el perfecto vaquero Malboro; y en uniforme castrense podría mimetizarse en oficial de la Gestapo. Pero cuando lo escuchas te das cuenta que Le Clézio no se parece a nadie. Y cuando lo lees, lo confirmas.</p>
<p>Los libros del nuevo nobel de literatura son demasiado variados, más de cincuenta, para poder encasillarlo fácilmente. Él mismo no parece ser de alguna parte. De padre francés y madre inglesa, creció entre Niza, la Isla Mauricio en África, Tailandia e Inglaterra. Vivió en México, en Panamá y otra media docena de países. Actualemente reside en Nuevo México aunque nunca ha parado de viajar.</p>
<p>Lo conocí hace veinte años en Zamora, en El Colegio de Michoacán, dónde llegó a impartir algún seminario durante su estancia de varios años en la región Purépecha. Residía con su familia en una casa grande y arbolada en las afueras de Jacona, una especie de Coyoacán zamorano. Jean Marie solía evitar toda reunión social mayor de cuatro entre la pequeña babelia de investigadores del Colmich, pero gustaba de cenar en parejas en la cocina amplia y acogedora de Jemia, su esposa marroquí.</p>
<p>Fue allí donde le comentamos que pasaríamos un año en París y nos hizo prometerle que le visitaríamos en Niza, su ciudad natal, a donde pensaba regresar proximamente. Tiempo después, fieles a la promesa, en diciembre de 1989, Gladys, mi esposa entonces, Camila de cinco años y yo tomamos un tren en París que nos llevaría a la Costa Azul. Para entonces llevabámos suficiente tiempo en Francia para saber que Le Clezio era un autor de culto en Europa. Al que había tomado por un colega enigmático y excéntrico resultó ser un escritor reverenciado por las élites culturales parisinas, entre otras cosas por su renuencia a dejarse ver por ellas.</p>
<p>En las semanas previas yo había intentado leer Le Procès-verbal, su primera novela, que a los 23 años lo había hecho célebre. Me parecía una descortesía pasarme varios días en su casa sin conocer otra cosa que algunos ensayos de antropología purépecha, para mi gusto un tanto oscuros y oníricos, de su época michoacana. Pero encontré el libro aún más esotérico e intimista. Por fortuna cayó en mis manos Desierto, una maravillosa novela sobre los hombres azules del Sahara, que terminé en el vagón del tren. Cuando arribamos a la estación de Niza estaba un poco intimidado.</p>
<p>Pero nos encontramos a un Jean Marie tan genuinamente halagado de que le hubiésemos visitado que inmediatamente nos sentimos en casa. Esa noche me preguntó si podía ayudarle en algunos trabajos caseros que había prometido a Jemia desahogar durante las vacaciones de fin de año. Aprobé su plan, encantado de olvidarme por un rato de los libros del doctorado.</p>
<p>Los siguientes días nos propusimos construir un obstáculo para evitar que los perros invadieran una especie de huerto familiar que Jemia venía trabajando en el traspatio. Concebimos el proyecto la primera noche reunidos en torno a la mesa de la cocina, que parecía ser el centro de la vida de los Le Clézio. Consistía básicamente en imitar un dibujo que su hija Anna había hecho en el jardín de niños. Se trataba de una casa de techo triangular, rodeada por una cerca de estacas terminadas en punta, pintadas de un rojo brillante. Era una imagen sencilla que reproducía muy bien el estilo rústico, y algo cándido, que nos habíamos propuesto. Anna, la improvisada arquitecta de ocho años de edad, estaba exultante.</p>
<p>Mis habilidades manuales son inexistentes, pero el atuendo menonita con el que apareció el escritor al día siguiente, sugerían capacidades suficientes para construir graneros y cabañas a partir de un bosque virgen. Las herramientas pre industriales de Jean Marie reforzaban esa impresión.</p>
<p>Los problemas comenzaron de inmediato. Nos tomó media mañana afilar el extremo de una media docena de tablas. Primero trabajamos por separado, cada quien con su tabla, pero éstas se resistían a quedarse quietas mientras intentábamos mejorarles el perfil. Entonces decidimos atacarlas juntos, una por una, hasta que los machucones mutuamente inflingidos nos llevaron a concluir que las cercas terminadas en punta estaban sobreestimadas por los cuentos infantiles.</p>
<p>Optamos por hundir las tablas tal como venían, confiando en que su punta cuadrada y dispareja fuese percibida como una muestra de rusticidad sofisticada y no como una señal de incompetencia.</p>
<p>Habíamos pensado unir las estacas verticales con dos sendos tablones horizontales, paralelos al suelo, pero resultaron mucho más cortos que el perímetro de cinco metros que intentábamos encerrar. Así es que asimos las estacas con alambre y clavos en un lastimero rosario, como Dios nos dio entender. Por el resultado nadie dudaría que fuesemos ateos. Al final del día la cerca no era precisamente un Muro de Berlín. Más bien podía tomarse por la valla de una cárcel tercemundista. Nos consolamos con la esperanza de que la aplicación de un poco de pintura al día siguiente alegraría nuestra obra. Esa noche dormimos fatigados y felices, con la satisfacción que debieron experimentar los constructores de pirámides.</p>
<p>A la mañana siguiente la cerca había desaparecido. No es sólo que estuviera caída; los perros habían desenterrado buena parte de las estacas y las habían dispersado por el huerto. Lo tomamos como una ofensa personal y decidimos modificar el método de trabajo. El resto del día lo pasamos serruchando, lijando y atornillando. Hacia las cinco de la tarde contemplamos lo que parecía una cerca razonablemente profesional. Fuimos a la cocina a lavarnos y a informar ufanos que habíamos concluido la tarea. Abrimos un vino y con la familia en pleno regresamos al jardín para festejarlo. Encontramos a los perros destrozando lo que quedaba del huerto; se habían colado por debajo de la cerca –demasiado alta- mediante el simple recurso de escarbar ligeramente en la tierra blanda.</p>
<p>Esa noche vieja recibimos el año 1990 y brindamos por una vida llena de libros, periódicos y teclados, ausente de pinzas y serruchos. Al día siguiente nos dedicamos a rodar la costa en su viejo auto.</p>
<p>Nunca más lo he vuelto a ver. Su nomadismo y mis desarraigos desfavorecen los encuentros. Pero de vez en vez me sorprende el insomnio sospesando sobre la almohada nuevas y mejores técnicas para terminar la cerca inconclusa. www.jorgezepeda.net</p>
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		<title>Morir dos veces</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Oct 2008 10:17:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Artículos dominicales</category>

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		<description><![CDATA[Nuestra justicia forense nunca ha tenido la calidad que exhiben los investigadores de CSI, o lo documentales de Discovery Channel capaces de describir lo que había comido  Billy the Kid el día que fue asesinado, hace 137 años. Los peritajes nunca habían sido nuestro fuerte, pero hoy en día, contaminados por necesidades políticas, están [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nuestra justicia forense nunca ha tenido la calidad que exhiben los investigadores de CSI, o lo documentales de Discovery Channel capaces de describir lo que había comido  Billy the Kid el día que fue asesinado, hace 137 años. Los peritajes nunca habían sido nuestro fuerte, pero hoy en día, contaminados por necesidades políticas, están peor que nunca.</p>
<p>Después de dos años de la muerte del periodista norteamericano Bradley Will en Oaxaca, la PGR ha logrado “descubrir”, repentinamente, una versión diametralmente opuesta a la que se conocía hasta ahora. Resulta que los disparos no fueron hechos desde más de 30 metros de distancia como lo habían demostrado videos, testimonios y reportes forenses del cuerpo y la ropa de la víctima, sino que fue liquidado prácticamente a quemarropa, a no más de dos metros de distancia. La media cuadra de diferencia no es un asunto menor, porque de allí se deriva que el asesino no fue un esbirro de la policía de Ulises Ruiz, gobernador de Oaxaca, sino uno de los manifestantes entre los que se encontraba el periodista. En suma, la PGR ha concluido que lo asesinó la propia APPO.</p>
<p>Lo menos que se puede decir de una conclusión tan extemporánea y tan conveniente políticamente para los intereses del PRI oaxaqueño, es que inspira desconfianza. Particularmente cuando nos enteramos que la PGR agradece haber contado con la valiosa colaboración de los cuerpos policíacos y autoridades del gobierno oaxaqueño, principales sospechosos antes del conveniente dictamen.</p>
<p>Justamente hace una semana, la CNDH emitió una recomendación en sentido contrario a las indagatorias de la procuraduría oaxaqueña, pues estas presentaban graves inconsistencias, eran incompletas y desechaban versiones y datos relevantes para conocer quién estuvo detrás del homicidio. A partir de sus propios peritajes, entre otros el análisis de la demora entre el sonido del disparo y el grito de dolor de Brad Will que se escucha en el video, la CNDH concluye categóricamente que fueron dos proyectiles lejanos y que no se originaron entre el grupo que lo rodeaba.</p>
<p>Esperemos que la CNDH sostenga su dictamen, aunque no hay garantía al respecto. No hace mucho, en el caso de la anciana indígena de Zongolica, modificó el peritaje inicial que establecía una violación tumultuaria de parte de militares, por otra que atribuía la muerte a causas naturales (gastritis), para coincidir con la versión de Felipe Calderón, urgido de descartar cualquier sospecha sobre el ejército. Eliminar 30 metros es un mero detalle, si se consideran las modificaciones radicales que se hicieron a la autopsia de la anciana.</p>
<p>Los periodistas no tenemos herramientas de análisis forense o peritajes ajenos a las versiones institucionales. Lo que si tenemos es un largo recuento de casos en que las conclusiones terminan coincidiendo con las necesidades políticas del momento. La tragedia de Oaxaca tiene todos los visos de haberse resuelto por la vía de un chivo expiatorio a modo. Un miembro de la APPO ha sido detenido y podemos estar seguros de que la (in) justicia oaxaqueña habrá de cebarse en su contra con todo el peso del dictamen de la PGR.</p>
<p>Pero la mayor injusticia es contra el propio Bradley Will. A juzgar por las evidencias que ofrece la CNDH no sólo habría muerto a manos de las fuerzas cuya represión intentaba denunciar periodísticamente. Peor aún, su asesinato habrá sido imputado al movimiento al que intentaba comprender y dar voz para el resto del mundo. Pobre Brad, asesinados dos veces. www.jorgezepeda.net</p>
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		<title>El país que viene</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Oct 2008 09:12:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Artículos dominicales</category>

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		<description><![CDATA[La crisis de 1995 se ensañó en gran medida contra la clase media. La crisis que se avecina, en cambio, será devastadora para los más pobres. En el 95 la crisis bancaria se llevó “entre las patas” a las personas que habían contraído créditos para autos y viviendas; a los empresarios con deudas en dólares. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La crisis de 1995 se ensañó en gran medida contra la clase media. La crisis que se avecina, en cambio, será devastadora para los más pobres. En el 95 la crisis bancaria se llevó “entre las patas” a las personas que habían contraído créditos para autos y viviendas; a los empresarios con deudas en dólares. El Barzón estaba formado por quienes tenían algo que perder. Desde luego, el encarecimiento de la vida afectó también a los que menos tenían. Pero Estados Unidos crecía a buen ritmo, lo cual significó que las remesas arreciaran, la depreciación del peso inundó de maquiladoras a la frontera y el exilio masivo al norte despobló las zonas más deprimidas de Zacatecas, Guerrero y Oaxaca. Mal que bien, los desposeídos pudieron echar mano de estrategias de sobrevivencia (entre ellas la siembra de marihuana ante la inviabilidad del cultivo del maíz). </p>
<p>La crisis que padeceremos a lo largo de los próximos dos años es de naturaleza distinta. No hay riesgo inminente de que algún banco se declare en quiebra, y tampoco nos acecha la amenaza de un Fobaproa II.</p>
<p>Pero no es el caso de la economía “real”, la que tiene que ver con el empleo y la producción. El jueves Hacienda informó que este año se crearían sólo 300 mil empleos en lugar de los 800 mil que se tenían contemplados. No es un dato económico, es una tragedia social. ¿Qué hará el medio millón de personas que iba a ocupar esos empleos? La recesión en Estados Unidos es un estremecimiento ondulatorio que provocará tsunamis sucesivos en la economía de los mexicanos de manera lenta pero implacable. No sólo porque dejará de absorber gran parte de los 400 mil mexicanos que solían irse cada año, también porque cerrarán maquiladoras, disminuirán los ingresos turísticos y descenderá el envío de remesas: verdadero subsidio a la pobreza. </p>
<p>El 40 por ciento de los beneficiarios de remesas son pobres, según la Sedesol. Pero con la disminución de envíos una porción importante del 60 por ciento restante engrosará las filas de los menesterosos.</p>
<p>En beneficio de Calderón y su gobierno habrá que decir que la crisis actual procede del exterior, mientras que la del 95 fue producto de errores de las autoridades de aquél entonces. Sin embargo las consecuencias políticas ahora pueden ser infinitamente mayores.</p>
<p>Lo que sucede en Morelos con la rebelión magisterial es un fenómeno complejo, imposible de abordar en este breve espacio, pero un indicio de lo que puede suceder con la creciente exasperación de actores sociales frente a la disminución de un pastel pequeño y mal repartido. La tentación de reprimir para salir del problema será enorme. En un contexto de tal explosividad social enfrentar la disidencia a golpes es la manera más rápida de incendiar la pradera.</p>
<p>Podemos no estar de acuerdo con Guillermo Ortiz o con Carstens, pero nadie puede negar que sean expertos en la materia.Sin embargo no puede decirse lo mismo de los operadores políticos de Calderón. Carecen de habilidades para negociar acuerdos estructurales, ya no digamos para desmantelar el campo minado en que habrá de convertirse la geografía nacional.</p>
<p>La pregunta del memorable libro de Julieta Campos, ¿Qué hacemos con los pobres? Es hoy más pertinente que nunca. Aunque esa pregunta bien podría trocarse en otra más dramática: ¿Qué van a hacer los pobres con el país que les desprecia? www.jorgezepeda.net</p>
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		<title>Dos gramos de marihuana</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Oct 2008 10:07:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Patterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Artículos dominicales</category>

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		<description><![CDATA[A muchos extraña que Felipe Calderón pida la despenalización del consumo de drogas, tratándose de un presidente de filiación conservadora. Pero todo indica que la guerra civil en la que se ha convertido la lucha contra el Narco rebasa consideraciones ideológicas y exige medidas prácticas.
A mi juicio, el proyecto de ley que el Presidente presentó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A muchos extraña que Felipe Calderón pida la despenalización del consumo de drogas, tratándose de un presidente de filiación conservadora. Pero todo indica que la guerra civil en la que se ha convertido la lucha contra el Narco rebasa consideraciones ideológicas y exige medidas prácticas.</p>
<p>A mi juicio, el proyecto de ley que el Presidente presentó al Senado es provechoso, a condición de quitarle autocontenciones y mojigaterías.</p>
<p>Ciertamente, estábamos en el limbo con respecto al consumo. La ley vigente no castiga a un consumidor si se le considera adicto, pero tampoco establece las cantidades mínimas de posesión de uso personal, ni define con claridad la “dependencia”. Ello introduce una enorme discrecionalidad de parte de los jueces, con la consiguiente inequidad y corrupción. Peor aún, permite que muchos narcomenudistas apelen a su adicción para quedar libres, pese a ser capturados con sendos paquetes de drogas. La nueva ley define con precisión las cantidades que permiten diferenciar a un consumidor de un traficante.</p>
<p>El problema es que las dosis estipuladas en el proyecto de Calderón convierte en delincuentes a la mayoría de los consumidores. El límite de dos gramos de marihuana, inferior a un cigarro, condenaría a cualquier preparatoriano que antes podía acogerse a la evaluación de un juez prudente. Parece que los panistas se asustaron de su propia temeridad y a golpes de severidad decidieron inhabilitar su propio proyecto.</p>
<p>Esperemos que durante la discusión en el Congreso se reajusten estas minidosis de manera realista. Cuando Vicente Fox pasó un proyecto similar, los legisladores ampliaron los límites de manera significativa pero el mandatario terminó vetando la ley (todo indica que por presiones de Estados Unidos). Me parece que, con ese antecedente, Calderón decidió proponer dosis menores que el proyecto original de Fox (bajó el límite de 5 a 2 gramos de marihuana), bajo la consideración de que se trataba de niveles ya aprobados por los panistas y sectores conservadores. El Presidente esperaría que fuese el Congreso el que ampliara las dosis a límites razonables, de tal manera que la nueva ley fuese de responsabilidad compartida. Ojala así sea.<br />
Con todo, la iniciativa es importante. El consumo de drogas es un problema de salud pública, no de justicia. Si bien el consumo de drogas es perjudicial, carece de  sentido llevar a la cárcel a alguien para protegerlo de sí mismo. Sostener una ley que no se puede aplicar es absurdo, además de que favorece la corrupción: según la última encuesta difundida por la Secretaría de Salud 4.5 millones de habitantes admiten haber consumido alguna droga en México (la cantidad real debe ser aún mayor). No hay cárceles suficientes para encerrar al equivalente de la población de Guadalajara. Peor aún, el paso por la prisión es la manera más rápida de convertir en criminal a un adicto o un consumidor.</p>
<p>Sacar de la clandestinidad al consumo de drogas, y dejar de ver a los “usuarios” como delincuentes permitirá ampliar los programas de apoyo en contra de la adicción. Despenalizar el consumo es importante para concentrar la lucha en los narcotraficantes. La solución real pasa por legalizar la venta y no sólo el consumo, y regularlos como al alcohol. Pero es claro que la correlación de fuerzas y el poder de Estados Unidos, impiden una decisión netamente mexicana. El proyecto de Calderón puede ser útil, a condición de modificarlo para hacerlo realista y práctico. www.jorgezepeda.net</p>
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