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	<pubDate>Sun, 11 May 2008 09:38:09 +0000</pubDate>
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		<title>Narco: el Irak de Calderón</title>
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		<pubDate>Sun, 11 May 2008 09:38:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Los asesinatos de altos funcionarios federales a lo largo de los últimos días muestran lo que ya intuíamos: luego de 18 meses de fracasos es evidente que estamos en una guerra que no vamos a ganar pero de la cual tampoco hay manera de salir. El narcotráfico se está convirtiendo en el Irak de Felipe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los asesinatos de altos funcionarios federales a lo largo de los últimos días muestran lo que ya intuíamos: luego de 18 meses de fracasos es evidente que estamos en una guerra que no vamos a ganar pero de la cual tampoco hay manera de salir. El narcotráfico se está convirtiendo en el Irak de Felipe Calderón.</p>
<p>Al arranque de su gobierno el nuevo presidente utilizó el argumento del combate a los carteles como una estrategia fast track para afincarse en Los Pinos. Fue la táctica ideal para mostrarle a los mexicanos que ya había piloto en la nave. Al igual que a Bush, la convocatoria a esta guerra le reportó a Calderón beneficios políticos inmediatos, pues propinó una artificiosa sensación de firmeza y liderazgo.</p>
<p>El problema es que desencadenó una guerra sin estar preparado siquiera para la primera batalla, y lo hizo por los peores motivos. Durante su campaña electoral y en los meses previos a la toma de posesión, en muy pocas ocasiones Calderón se refirió al narcotráfico. Todo indica que no formaba parte significativa de su agenda. Pero las necesidades políticas precipitaron ir al combate una semana después de llegar al poder, sin tener la más remota idea de las consecuencias. Bush y sus generales nunca pensaron en “el día siguiente”; nosotros ni siquiera hemos salido del Día “D”; nuestros cuerpos policíacos siguen siendo acribillados en la playa Omaha del desembarco sin saber cómo ni dónde responder.</p>
<p>Fuimos a una guerra sin conocer cabalmente al enemigo, (y encima) a pesar de que sabíamos que nuestras propias filas estaban totalmente penetradas por el adversario. De manera irresponsable lanzamos al cuerpo enorme y desmañado del ejército a dar palos de ciego a una piñata que se hace escurridiza a todo lo largo del territorio nacional. Año y medio más tarde estamos tan lejos de ganar la batalla como Bush de pacificar a Irak.</p>
<p>A juzgar por sus declaraciones, Calderón pretende salir del atolladero mediante el absurdo de profundizar el error. Al igual que Bush ha exigido más recursos para la guerra. Como si dos mozalbetes con los ojos vendados tuvieran más posibilidades que uno solo de romper la piñata, cuando en realidad simplemente incrementan la probabilidad de romperse la crisma mutuamente o rompérnosla al resto de la concurrencia (como en efecto ha estado sucediendo con la población civil).</p>
<p>El gobierno está intentando utilizar el fracaso del combate al narcotráfico como un argumento a favor del pánico para justificar las bases de un Estado autoritario: mayores márgenes para los cuerpos de seguridad frente a la población, ampliación de presupuestos, necesidad de mano más firme. Bush utilizó durante tres años la noción de la guerra al terrorismo para justificar leyes contra sus propios ciudadanos y para ampliar el presupuesto militar a niveles inimaginables. Su pueblo lo recompensó reeligiéndolo en el 2004.</p>
<p>Ahora Calderón intentará hacer lo mismo. Utilizar su fracaso como trampolín para consolidar un gobierno con los recursos legales y policíacos para enfrentar cualquier muestra de inestabilidad social. La única salida de esta trampa consiste en impedir que las estrategias para implantar el miedo que difunden los medios de comunicación se impongan entre los ciudadanos. Una sociedad atemorizada siempre termina siendo víctima del populismo de derecha, pues éste cercena libertades y disidencias en nombre de la seguridad.</p>
<p>La guerra contra el narcotráfico, como la de Irak, no se podrá ganar a punta de balazos. Sería mucho más prudente disminuir “la crispación” en el campo de batalla y comenzar a trabajar en otros frentes. Tres en lo inmediato:</p>
<p>1.- El tráfico y lavado de dinero. Un kilo de billetes hace más bulto que su equivalente en cocaína. A un flujo de drogas corresponde un reflujo de dinero de volumen físico similar o superior. Para detectar a los verdaderos líderes del narcotráfico habría que investigar los flujos financieros, las multimillonarias inversiones hoteleras en la Ribera Maya y en Baja California, las transferencias de carácter sospechoso. Pero nadie quiere hacerlo porque allí nos encontraremos los enormes blanqueos de dinero de la propia clase política y empresarial que no pasan por Hacienda.</p>
<p>2.- El tráfico de armas. Las armas automáticas y semiautomáticas que convierten a los narcos en un verdadero ejército, proceden de Estados Unidos. El gobierno mexicano no ha tenido la entereza para exigir a su contraparte mayor responsabilidad en esta franja oculta de la criminalidad. Así como Estados Unidos nos hace responsables de “intoxicar” a su juventud con nuestras drogas, nosotros tendríamos que exigirles cuentas por todos los asesinados gracias a sus armas introducidas ilegalmente en el país.</p>
<p>3.- Inteligencia militar y policíaca. No podemos ganar una batalla cuando desconocemos al rival y, peor aún, si nos encontramos tan intensamente infiltrados por “el enemigo”. Nuestros policías son carne de cañón en la medida en que buena parte de sus propios jefes están en la nómina de los cárteles. Ir a una guerra así es la mejor garantía de que Mambrú no habrá de regresar.</p>
<p>Son tres tareas necesarias, aunque insuficientes. Para ganar la batalla contra las drogas habríamos de recordar los errores estratégicos de la guerra contra el alcohol. Podríamos paliarla o acotarla, pero no ganarla. Sin duda lo peor que podemos hacer es incendiar al país con el pretexto de esta lucha y ofrecer un cheque en blanco al gobierno para dar rienda suelta a sus inclinaciones autoritarias. (www.jorgezepeda.net) </p>
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		<title>Pan con lo mismo</title>
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		<pubDate>Sun, 04 May 2008 09:52:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

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		<description><![CDATA[Cada semana nos enteramos de algún nuevo capítulo vinculado a la corrupción. Una fechoría más de los Bribiesca, un nuevo abuso de los viajes de Sergio Vela, el director de CONACULTA, datos adicionales sobre las obras mal habidas en el aeropuerto de la capital o en la Magna Biblioteca, o simplemente la fortuna que habrá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada semana nos enteramos de algún nuevo capítulo vinculado a la corrupción. Una fechoría más de los Bribiesca, un nuevo abuso de los viajes de Sergio Vela, el director de CONACULTA, datos adicionales sobre las obras mal habidas en el aeropuerto de la capital o en la Magna Biblioteca, o simplemente la fortuna que habrá de regresarse a Unefón con intereses por errores de un funcionario. Desde luego no es un panorama nuevo. Los priistas nos acostumbraron a convivir con el cohecho y a asumir la corrupción como el telón de fondo de la vida nacional. Pero esperábamos más de los panistas y sus gobiernos de alternancia.</p>
<p>Vamos, los priistas nunca presumieron de honestidad. Los panistas, en cambio, hicieron de la crítica a la corrupción la columna vertebral de su plataforma a lo largo de seis décadas como partido de oposición. Sabíamos que el PAN carecía del oficio político de su rival y dábamos por descontado que cometerían novatadas de diversa índole. Pero al menos suponíamos que pondrían en práctica algún programa más o menos radical de renovación moral.  </p>
<p>Sin embargo, resultaron iguales o peores. Muchos tenemos la sensación, incluso, que los gobiernos de Fox y de Calderón son más tolerantes con los abusos de los suyos, que el último gobierno priista. Ernesto Zedillo terminó metiendo a la cárcel al hermano del presidente a quien le debía el puesto y prácticamente mandó al exilio político a su antecesor. En términos comparativos lo que hizo Zedillo equivaldría al procesamiento judicial de Marta Sahagún y sus hijos por las muchas evidencias de desviación de fondos y enriquecimiento inexplicable. </p>
<p>Ciertamente los priistas cobijaban a los suyos, pero solían dar prioridad a la eficacia política. Es decir, estaban dispuestos a sacrificar a un correligionario si eso beneficiaba sus propias causas, incluyendo la estabilidad o las necesidades electorales. Calderón, en cambio, prefiere mantener a su secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, porque es su delfín, o a Sergio Vela porque es su amigo, o nombrar como Procurador del Medio Ambiente al ex gobernador Patrón Laviada, conocido anti ecologista, por el pago de favores. El combate a la corrupción no parece estar entre sus prioridades.</p>
<p>Los gobiernos panistas han hecho una caricatura de la Secodam. Transformada en Secretaría de la Función Pública, es un elefante blanco tan ineficaz como la fiscalía de periodistas o la fiscalía de protección a las mujeres. Son instituciones que existen con el simple propósito de presumir volunta política, pero en realidad constituyen una fachada para prohijar la impunidad y la pasividad. Los periodistas siguen siendo asesinados, los feminicidios no disminuyen y la corrupción campea como en sus mejores tiempos.</p>
<p>Cuando Felipe Calderón dijo como candidato que lo importante era llegar al poder “haiga sido como haiga sido” dejó establecido una valoración moral de lo que sería su gobierno. Hace unos meses, cuando un interlocutor le mencionó en privado al Presidente que Juan Bueno Tenorio, el senador panista, se había enriquecido de manera sospechosa, Calderón simplemente comentó que Bueno Tenorio quería ser gobernador. Debemos entender que el Presidente justifica el “haiga sido como haiga sido” en todos los niveles de gobierno. En otras palabras, que la necesidad política está por encima de la honestidad y la moral.</p>
<p>Podría entenderse, aunque no justificarse, que el gobierno de Calderón haya tenido que apechugar alianzas vergonzosas con el grupo político de Elba Esther Gordillo o tolerar a gobernadores impresentables como Mario Marín y Ulises Ruiz. La debilidad de su arribo al poder y su escaso margen de maniobra supuestamente lo habrían obligado a “mojarse” en el pantano de la real politik. Pero sigue siendo injustificable la tolerancia ante los malos manejos de sus propios correligionarios en diversos puestos de la jerarquía oficial. </p>
<p>El caso del primer presidente municipal panista que tuvo Zapopan, a mediados de la década de los noventa, lo ilustra perfectamente. Un empresario exitoso que amplió el número de patrullas adquiriendo autos en la concesionaria de su compadre, violando todos los códigos de normatividad vigentes en el municipio. Interrogado al respecto, el empresario se defendió afirmando que tal normatividad aplicaba cuando había políticos corruptos, pero no aplicaba tratándose de ciudadanos de buenas costumbres. En otras palabras, “yo puedo violar la ley porque soy buena persona”.</p>
<p>Justamente, el problema con los panistas es que se autodefinen como “buenas personas” frente al resto de la clase política. Creen que el hecho de compartir los valores moralinos de la clase media, ir a misa, pertenecer al empresariado y privilegiar a la familia, los dispensa de sus excesos. Se conciben a sí mismos como ciudadanos empoderados, y como una especie distinta al resto de los políticos. No se han dado cuenta de que poco a poco el poder está convirtiendo a muchos de ellos en ladrones y en cómplices de nuevas formas de corrupción. El compadrazgo que otorga a una clase social y una colección de valores compartidos, propician una cofradía que se permite inaugurar nuevos tipos de abusos. Desde el gobernador que traslada recursos públicos a su cardenal y se mofa de ello, hasta el gobierno en su conjunto que eleva a rango de seguridad nacional los intereses del empresariado o convierte a la televisión privada en el verdadero ministerio de educación nacional. En lugar de una renovación moral de la política, la alternancia no ha dado pan con lo mismo. (www.jorgezepeda.net)
</p>
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		<title>El Partido partido o el divorcio imposible</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Apr 2008 09:45:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Artículos dominicales</category>

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		<description><![CDATA[Por desgracia no existen consejeros matrimoniales que ofrezcan terapia a las contrapartes dentro de un partido político. El PRD ha pasado de ser un matrimonio de conveniencia entre cónyuges que no se profesaban cariño, a convertirse en una relación enferma, de agresiones mutuas y odios enconados.
Para muchos comentaristas y medios de comunicación el pleito demencial [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por desgracia no existen consejeros matrimoniales que ofrezcan terapia a las contrapartes dentro de un partido político. El PRD ha pasado de ser un matrimonio de conveniencia entre cónyuges que no se profesaban cariño, a convertirse en una relación enferma, de agresiones mutuas y odios enconados.</p>
<p>Para muchos comentaristas y medios de comunicación el pleito demencial que protagonizan la corriente de los Chuchos y la de López Obrador, constituye la demostración inequívoca de la naturaleza perversa e irresponsable de esta izquierda. Pero a mí me parece que la intensidad de su odio no obedece tanto a una escasa calidad moral, como al hecho de que han prolongado demasiado su imposible convivencia bajo el mismo techo. Hay parejas que ya no pueden seguirlo siendo; no entenderlo termina tarde o temprano por hacer aflorar lo peor de ellas.</p>
<p>Y es que las diferencias dentro del PRD van mucho más allá de una lucha por el poder entre camarillas diferentes. Hay en juego dos proyectos políticos claramente distintos, imposibles de reconciliar bajo la misma plataforma ideológica. La conversación difundida entre López Obrador y Carlos Navarrete (lider en el Senado de los perredistas y miembro de Los Chuchos) muestra claramente que ambos están jugando a algo distinto sobre el mismo tablero: uno piensa en ajedrez mientras el otro juega a las damas. </p>
<p>La corriente encabezada por Jesús Ortega, tiene como referente los partidos socialdemócratas europeos que priorizan el espacio parlamentario para influir en las políticas públicas y buscan acceder al poder por vía electoral.</p>
<p>Por su parte, la de López Obrador es más heterogénea, pero está claramente dominada por la figura del líder carismático. Su referente son los movimientos de carácter populista que han proliferado a lo largo de la historia en América Latina. No están aquí para participar en la mesa de juego con los otros protagonistas (PRI y PAN) con la esperanza de ganar el torneo de ajedrez, como podría ser el caso de Los Chuchos. Están aquí para obligar a los participantes a jugar a otra cosa. Convencidos del fraude electoral del que fueron víctimas en 2006, los lopezobradoristas ya no están por la tarea de convencer al electorado a votar por ellos, porque creen que los que controlan la mesa volverán a derrotarlos. Su objetivo por ahora es obligar a las cúpulas a modificar el modelo vigente por la vía rápida de la presión de la calle.</p>
<p>El problema es que ambos derroteros son mutuamente incompatibles. Las acciones de López Obrador dan al traste con los esfuerzos electorales y parlamentarios de Los Chuchos. La toma del Congreso, por ejemplo, ha disminuido el apoyo de los votantes al PRD, lo cual seguramente reducirá sus escaños en la legislatura que será elegida el año próximo. Un suicidio político a juicio de Jesús Ortega y Ruth Zavaleta. Pero a AMLO eso no le quita el sueño. El tabasqueño logró imponer al gobierno la agenda y los tiempos para discutir la futura reforma energética y, a su juicio, evitó que se cocinara en lo oscurito la apertura indiscriminada de PEMEX. Lo cierto es que el éxito de la estrategia de López Obrador ha socavado las posibilidades de triunfo del PRD en el terreno electoral.</p>
<p>A mi juicio, el país necesita ambas corrientes, ambas maneras de operar. Se requiere de un partido socialdemócrata moderno capaz de impulsar, por vía institucional y democrática, una sociedad más equilibrada. Pero la desigualdad es taly el control de los poderes de facto es tan cerrado, que el país requiere la presión de la calle. Los riesgos son muchos, sin duda, pero a mi juicio es una opción imprescindible para obligar a las élites a introducir cambios.</p>
<p>Ambas corrientes son necesarias, pero sólo una puede dominar el partido. No pueden vivir juntas; y tampoco separadas. Así como hay parejas que alargan hasta el infierno una relación imposible con el pretexto de no separar a los hijos, las fracciones del PRD no encuentran como dividir “la patria potestad” del registro del partido político. Y es que sin las prerrogativas ($) y la infraestructura que ofrece el membrete, cualquier corriente política se queda en la orfandad. Vivir fuera del registro es vivir en el error.</p>
<p>Sin duda, AMLO y su corriente están mejor dotados para sobrevivir sin el edificio perredista. Como un marido que pierde el hogar en el divorcio, pero mantiene intacto el potencial económico para comenzar otro a partir de cero. No es el caso de Los Chuchos. De consumarse su derrota no tendrán otra opción que someterse. Ciertamente seguirán disfrutando el ejercicio de sus posiciones mayoritarias en el Congreso pero tal ventaja tiene fecha de caducidad (2009). Recordemos que Los Chuchos lograron más candidaturas porque los cuadros de AMLO estaban destinados a ser funcionarios bajo la nueva Presidencia que nunca llegó.</p>
<p>López Obrador tenía preparado el surgimiento de otro partido en caso de perder el control del PRD. No será necesario. En el transcurso de los próximos dos años veremos la reorientación del partido hacia una mayor militancia de oposición. Más cerca de sus adelitas y más lejos de Ruth Zavaleta.</p>
<p>La disputa entre estas dos corrientes ha sido objeto de un linchamiento mediático, como si se tratase de una mera rivalidad de vanidades y ambiciones personales. No es así. El PRD se encuentra en la encrucijada entre dos concepciones distintas y la intensidad de la confrontación refleja lo mucho que está en juego. Conviene no perderlo de vista. (www.jorgezepeda.net)</p>
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		<title>¿Qué hacemos con López Obrador?</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Apr 2008 10:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Ciertamente no es Hitler o Mussolini, pero es sorprendente la capacidad que tiene López Obrador para provocar ronchas a muchos ciudadanos, particularmente entre los sectores conservadores. Una y otra vez reaccionan de tal manera que terminan por vigorizar la figura pública de El Peje.
El spot de televisión transmitido en horario triple A en que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ciertamente no es Hitler o Mussolini, pero es sorprendente la capacidad que tiene López Obrador para provocar ronchas a muchos ciudadanos, particularmente entre los sectores conservadores. Una y otra vez reaccionan de tal manera que terminan por vigorizar la figura pública de El Peje.</p>
<p>El spot de televisión transmitido en horario triple A en que se le compara a Victoriano Huerta, Pinochet y similar calaña por haber ordenado tomar el salón de sesiones de la Cámara, es tan desproporcionado y abusivo que ha resultado contraproducente. Para El Peje ha sido oro molido, pues confirma la noción de que existe una suerte de conspiración de odio en su contra. De verdugo del Congreso ha pasado a ser víctima de la derecha todopoderosa.</p>
<p>No coincido con varias decisiones de López Obrador y me parece que su estilo de liderazgo deja mucho que desear. Pero estoy convencido de que AMLO y las causas que representa son absolutamente indispensables para la salud de la República. Cada vez que el tabasqueño habla en contra de las instituciones y convoca a la movilización, una legión de analistas y comentaristas se queja de su irresponsabilidad y primitivismo político. Como si se tratase de una anomalía trasnochada en una sociedad democrática. “Hay problemas pero estos deben resolverse mediante el diálogo”, se dice; “los bloqueos y tomas de instituciones no caben en una sociedad con Estado de Derecho”, se afirma, con la convicción que sólo podría tener un alemán o un sueco.</p>
<p>El problema es que no vivimos en un Estado de Derecho, ni los problemas se resuelven con el diálogo, salvo que usted pertenezca al 20 por ciento de la población de mayores ingresos. Todos los días miles de mexicanos humildes son víctimas de tribunales y autoridades que operan a favor del poderoso o del que ofrece más. Háblenle del Estado de Derecho a Lydia Cacho, a las víctimas de Ulises Ruiz en Oaxaca, a los campesinos que suplican a un funcionario que ya vendió su caso. Más que un Estado de Derecho lo que padecemos es “el derecho al Estado” del que gozan algunos sectores privilegiados. ¿Cómo podemos hablar de “someterse al imperio de la ley” cuando los que se enriquecieron con el Fobaproa, el mayor robo en la historia de la Nación, lo hicieron legalmente?<br />
La reforma energética ofrece el mejor ejemplo. Si López Obrador y sus contingentes no hubieran irrumpido con sus sudores y malas maneras (cito a un crítico) la reforma habría sido acordada entre futuros beneficiarios, funcionarios federales y legisladores priistas. Fueron los gritos y sombrerazos, las denuncias fundadas e infundadas de El Peje, lo que obligó a definir esta reforma en un espacio verdaderamente público.</p>
<p>No se si al final de todo esto tendremos una buena reforma, pero estoy convencido de que será mejor de la que podría haberse firmado tras bambalinas. En todo caso habrá de ser más representativa del sentimiento de la comunidad en su conjunto y mucho menos cupular de la que tenían cocinada. ¿Qué no trata de eso la democracia ? Desde luego, los métodos de AMLO no son democráticos, pero son comprensibles si consideramos que los acuerdos “democráticos” son los que tienen que pasar y ser resueltos por Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa a partir de los intereses muy poco democráticos que ellos representan.</p>
<p>Insisto en que los mexicanos tenemos todo el derecho de desconfiar de la apertura al capital privado, habida cuenta de la cantidad de abusos que han generado privatizaciones y concesiones en el pasado. Eso no significa que debamos satanizarlas per se. Podrían ser la única solución para el quebranto energético que se avecina. Pero el Estado mexicano hasta ahora ha sido incapaz de impedir los excesos y abusos de los grupos privilegiados cada vez que ha abierto al mercado ámbitos de la esfera pública. No es posible encarar la apertura de Pemex sin antes agotar la discusión de las maneras en que habremos de asegurarnos de que no se multipliquen los Carlos Slim o Roberto Hernández, o peor aún, los Bribiescas. Que tome 50 días o 100 ventilar estos asuntos es irrelevante si consideramos lo mucho que está en juego.</p>
<p>Es desagradable ver a los perredistas convertir la tribuna máxima en un tianguis. Pero, bien mirado, es un costo menor si ello obligó a examinar con atención el futuro del petróleo, nada más y nada menos que el mayor patrimonio de este país.</p>
<p>Hay un linchamiento mediático de López Obrador que muchos están “comprando”. Algunos se preguntan qué hacer con esta piedra en el zapato que constituye su movimiento. Yo diría que pese a su retórica y su populismo, López Obrador es imprescindible. No empareja el marcador pero impide la goliza. Lo peor que podemos hacer es pretender que la inconformidad social no existe. ¿Nos parecen de mal gusto sus expresiones? ¿Y de que gusto son las inequidades e injusticias que padece la mitad más pobre del país? ¿Qué creíamos, que iban a votar cada seis años y sentarse a esperar a que llegue un empleo, un abogado honesto o un programa de gobierno?</p>
<p>López Obrador no representa a los verdaderos pobres del país, se dice con frecuencia. Quizá. Pero canaliza la irritación que entre muchos mexicanos genera esa pobreza. Su desconfianza hacia la apertura al capital privado es la desconfianza de muchos. Antes de lincharlo y repudiar sus métodos habría que escuchar lo que nos está tratando de decir esa república olvidada que intenta hacerse presente. (www.jorgezepeda.net)</p>
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		<title>Reforma, ganadores y perdedores</title>
		<link>http://www.jorgezepeda.net/14-04-2008/reforma-ganadores-y-perdedores/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2008 18:29:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Nos hemos convertido en un país de fobias. Son tantos los ascos, las manías, las alergias y las repulsas del organismo social que la única reforma energética asimilable resultó una versión light, descremada, deslactosada y pasteurizada que sigue siendo leche pero sabe a agua. Los cuerpos y anticuerpos se neutralizaron de tal forma que la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nos hemos convertido en un país de fobias. Son tantos los ascos, las manías, las alergias y las repulsas del organismo social que la única reforma energética asimilable resultó una versión light, descremada, deslactosada y pasteurizada que sigue siendo leche pero sabe a agua. Los cuerpos y anticuerpos se neutralizaron de tal forma que la dichosa reforma energética habrá de limitarse al tema de PEMEX (y no al sector energético) y tiene que ver más con reglamentos internos que con una solución de largo plazo.</p>
<p>Con todo, ha sido tal la intensidad de la confrontación entre programas contrapuestos y actores políticos rivales, que el recuento de daños y beneficios que dejará el saldo de las batallas libradas merece ser anotado. Aun cuando no ha terminado del todo, es evidente que la mini reforma será aprobada en período extraordinario, tan pronto los legisladores encuentren la forma de burlar el ultimátum presentado por el PRD y sus brigadas. Pero sin duda lo conseguirán, de la misma forma que consiguieron que Calderón tomara posesión o rindiera su primer informe de gobierno, pese a la amenaza de los perredistas de impedirlo.</p>
<p>El mayor “ganón” de toda esta gesta es el PRI, sin duda. Una vez más logró convertirse en el fiel de la balanza en materia de los votos decisivos para la aprobación en las cámaras (de la misma forma en que lo ha sido en las reformas anteriores). Consiguió además presentarse ante la opinión pública como la fuerza “moderada y sensata”, ajena a la confrontación entre los “rijosos” del PAN y el PRD. Cuan trastocadas estarán las cosas que personajes siniestros como Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones terminan convertidos en supuestos paladines de la democracia.<a id="more-184"></a></p>
<p>La mayor ganancia del PRI todavía está por lograrse pero es una victoria segura. A cambio de darle la mayoría a Calderón conseguirán introducir un cambio significativo: un aumento de la tajada petrolera para los gobiernos estatales, particularmente en las regiones involucradas. No hay que olvidar que toda la cuenca petrolera del Golfo de México, desde Tamaulipas hasta Yucatán (pasando por Veracruz, Campeche y Tabasco) es una amplia franja gobernada por el PRI. Por sí misma no es mala noticia que una porción mayor de los beneficios se quede en las regiones afectadas por la explotación petrolera. El problema es que tales recursos terminarán en manos de gobernadores que se han convertidos en verdaderos señores feudales, por encima de jueces y congresos locales, gracias a la autonomía de sus presupuestos y a la debilidad del centro.</p>
<p>El PRD en su conjunto será uno de los principales perdedores, aunque Andrés Manuel López Obrador saldrá fortalecido de todo el zipizape. El PRD pierde porque una vez más dio muestras de su ineficacia política: al final no habrá detenido la reforma pero habrá cargado con el costo político de haber intentado boicotear al Congreso de manera unilateral e “irresponsable”, en versión de los medios de comunicación.</p>
<p>El caso de López Obrador es distinto. Si bien es cierto que su abanderamiento de la contrarreforma y los discursos ante las brigadas sacarán roncha entre los sectores medios y altos de la sociedad mexicana, también es cierto que se ha reposicionado luego de casi año y medio de “exilio” interno. Los que no lo querían tendrán mayores motivos para odiarlo; pero los que admiran lo tendrán ahora más cerca de su corazón. Nada perjudicaba tanto a AMLO como el hecho de ser ignorado. Las movilizaciones en contra de lo que él ha llamado la privatización de PEMEX y las muy probables confrontaciones con los contratistas lo mantendrán en el centro de la escena en los meses por venir. Quizá sus seguidores ya no equivalgan a un tercio de la población, pero los que quedan son más que suficientes para convertirlo en un factor decisivo de la escena pública.</p>
<p>Los saldos para el gobierno son inciertos. El mayor perdedor es Camilo Mouriño, secretario de gobernación, y hombre de confianza del presidente. Obtuvo la reforma y conservó el puesto simplemente porque así lo quiso el PRI, pero la factura que habrá de pagar Calderón será muy alta. De hecho, el Presidente prefirió debilitar el contenido de la reforma a cambio de conservar a su delfín. Es algo que los panistas y empresarios saben, y tarde o temprano se lo habrán de cobrar. Lo más grave para el gobierno es que la lucha por esta reforma mostró la falta de oficio político de ese kinder que es el gabinete de Calderón y la codependencia política que este gobierno ha desarrollado con relación al PRI.</p>
<p>Los efectos para PEMEX son aún más dudosos. Las cláusulas que habrán de incorporarse dan lo mismo para un barrido que para un regado. Ciertamente pueden abrir las puertas a una privatización disfrazada o pueden dar lugar a un mero maquillaje para que todo siga como en el pasado. Dependerá de la correlación de fuerzas interna entre el sindicato, los intereses de la burocracia y los contratistas, y el monitoreo e intervención del poder legislativo. Hoy por hoy, la mejor noticia para la paraestatal no reside en los esfuerzos que se han hecho para modificarla sino en los altos precios del barril de petróleo. Una triste moraleja considerando todo el tiempo y la energía que hemos gastado en discutir la dichosa reforma. www.jorgezepeda.net</p>
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		<title>La reforma que (casi) no fue</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 09:58:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

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		<description><![CDATA[El gobierno de Felipe Calderón está haciendo un último y desesperado esfuerzo para sacar adelante alguna reforma energética. Y digo alguna porque luego de tantos coscorrones el Presidente se daría por bien servido con cualquier modificación del régimen sobre el que opera Pemex; cualquier pretexto que le permitiera mostrar que no habría salido derrotado de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El gobierno de Felipe Calderón está haciendo un último y desesperado esfuerzo para sacar adelante alguna reforma energética. Y digo alguna porque luego de tantos coscorrones el Presidente se daría por bien servido con cualquier modificación del régimen sobre el que opera Pemex; cualquier pretexto que le permitiera mostrar que no habría salido derrotado de esta que ha sido la principal batalla política del sexenio.<br />
Lo paradójico es que por razones difíciles de entender, el propio Calderón sembró de minas el terreno que habría de recorrer. Para un hombre con el oficio político que se le atribuye resultan inexplicable los disparos al pie en los que ha incurrido:</p>
<p>Sobrepolitización. El Presidente decidió convertir a su secretario de Gobernación en cabeza de la negociación de la reforma lo cual sobrepolitizó el debate de manera  innecesaria. Lo que tendría que haber sido una discusión de argumentos técnicos y económicos terminó convertido en una medición de fuerzas entre actores políticos. ¿Pero qué creía el Presidente? ¿Que sus rivales iban a conceder a su delfín un triunfo político que le permitiera arrancar con fanfarrias su precandidatura presidencial? Lo primero que hizo Manlio Fabio Beltrones, mandamás del Senado y aspirante a la misma silla presidencial, fue acribillar al proyecto y a su personero para que la reforma quedara cancelada o, al menos, para que triunfara por vía distinta a la de Bucareli.</p>
<p>Pérdida de la Opinión Pública. Colocar a Camilo Mouriño al frente significó la pérdida de la batalla por la opinión pública. Calderón sabía de la desconfianza que muchos mexicanos abrigan, por razones reales y ficticias, hacia la penetración del capital privado tanto nacional como extranjero en el patrimonio de la Nación. Y no obstante, para convencernos de lo contrario responsabilizó a un personaje cuyos principales atributos frente al imaginario popular es que es “español” y su familia se ha enriquecido como concesionaria de Pemex. El Presidente está convencido de lo contrario, pero ¿cómo ignorar la natural desconfianza de la opinión pública? Es tan obvia la contradicción que llevaría a pensar en un acto de provocación o de soberbia ciega. ¿No sabía que le estaba tendiendo un puente de oro a López Obrador para regresar a la escena pública luego de un año de cuasi destierro? (continuar)<a id="more-182"></a><br />
Dicho sea de paso, el regreso de AMLO no pudo ser más desafortunado para Calderón porque se dio justo en las semanas previas a la elección interna del PRD. Es muy probable que sin  tal reposicionamiento nacional de El Peje, Jesús Ortega, cabeza de los moderados, presidiría hoy el partido. Eso le habría permitido a Calderón disminuir su codependencia política con el PRI, porque seguramente “Los Chuchos” le habrían permitido llegar a algunos acuerdos legislativos sin pasar por el tricolor. Su debilidad por Mouriño le costó al Presidente comprometer futuros márgenes de gobernabilidad.</p>
<p>Ausencia de Hacienda. ¿Qué habría pasado si Agustín Carstens hubiese coordinado los esfuerzos para sacar adelante la reforma energética? No hay mejor manera de aproximarse a los actores políticos que desde la solidez de un interlocutor que no es rival y que está investido de la autoridad que proporciona el hecho de saber más que ellos de la materia que se discute. Los secretarios de Hacienda suelen gozar de un respeto entre los legisladores que el resto de los ministros no disfruta. Algo tendrá que ver la sensación de vulnerabilidad que todo mexicano padece con respecto a sus finanzas personales y el pago de impuesto. Será el sereno, pero lo cierto es que incluso los líderes de la oposición prefieren emprenderla contra el presidente que contra “Dolores”. Un gobernador priista puede desairar al secretario de Gobernación como parte de su estrategia política, pero se lo pensará dos veces antes de irritar al señor de los dineros, de quien depende la liberación de las partidas que necesita.</p>
<p>Por lo demás, Cartens tenía más motivos para encabezar la gestión de la reforma energética que el propio Camilo Mouriño. Después de todo, nuestras finanzas públicas están petrolizadas; un desplome de los ingresos de Pemex en el mediano plazo provocará una crisis del erario que necesariamente habrá de traducirse en un aumento de impuestos y/o reducción del gasto público. Es decir, la crisis energética “pegará” a los mexicanos en primera instancia por vía de una crisis en las finanzas públicas. No es causal que la Secretaría de Energía se ubique en el gabinete económico, cuya cabeza es, justamente, el secretario de Hacienda.</p>
<p>Pésima estrategia de comunicación. Todo indica que el gobierno creyó que podría sacar la reforma energética como obtuvo la del ISSTE y la fiscal: sin involucrar a la opinión pública y en estricta negociación con los directamente afectados. Eso explicaría la tardanza en la presentación del diagnóstico o en la difusión del spot. El gobierno subestimó la relevancia que el petróleo tiene (expropiación incluida) como factor de identidad y pertenencia entre los mexicanos. Cuando quiso reaccionar, la mayoría de los actores políticos ya había tomado posición en contra de una reforma amplia o ambiciosa. Antes de que el gobierno pudiera esgrimir los argumentos a favor, el grueso de la opinión pública había dado un veredicto no necesariamente en contra de la apertura, pero si de los alcances de la misma.<br />
El gobierno de Calderón hace hoy esfuerzos denodados para sacar adelante una reforma a la que boicoteo conciente o inconcientemente. ¿Error de cálculo o estrategia calculada? Juzgue usted mismo. (www.jorgezepeda.net)</p>
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		<title>Petróleo ¿para quién?</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Mar 2008 09:33:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

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		<description><![CDATA[Quizá sea inevitable la apertura de PEMEX al capital privado si deseamos evitar una crisis energética al mediano plazo. Pero no podemos abrazar tal alternativa sin que antes el país haga un balance del negro historial de privatizaciones y tráfico de influencias que el proceso ha dejado a lo largo de treinta años.
Se ha querido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quizá sea inevitable la apertura de PEMEX al capital privado si deseamos evitar una crisis energética al mediano plazo. Pero no podemos abrazar tal alternativa sin que antes el país haga un balance del negro historial de privatizaciones y tráfico de influencias que el proceso ha dejado a lo largo de treinta años.</p>
<p>Se ha querido colocar al país en una supuesta encrucijada: continuar con el estatismo inoperante que reina en PEMEX o recurrir a “la apertura modernizadora” del capital privado y extranjero que brindará a los mexicanos el tesoro escondido en el subsuelo. Una dicotomía falsa, a mi juicio, porque de los males del estatismo no necesariamente se desprende las bondades de la privatización en algunas de sus modalidades.</p>
<p>Al menos no  sin antes explicar como se evitaría la historia recurrente de abusos y privilegios que suele traer consigo la entrada del capital privado en la escena pública. El gobierno no puede actuar como si el rosario de privatizaciones que inició Salinas hace treinta años hubiese sido una historia de mieles y rosas. Sin duda arrojó beneficios importantes en algunas áreas de la economía y mejoró la competitividad en los mercados internacionales. Pero también disparó la desigualdad a niveles históricos. No es casual que los multimillonarios mexicanos hayan crecido como la espuma en las listas de Forbes.</p>
<p>El problema de fondo es que el Estado mexicano ha sido incapaz de controlar el tráfico de influencias, los beneficios extraordinarios por información privilegiada, el manotazo de los poderosos, una vez que abre un recurso o un territorio al mercado. Desde la entrega de Telmex a Slim hace más de tres décadas, hasta las licitaciones de construcción del Aeropuerto o la Magna Biblioteca de los últimos años, o los contratos de Kahwagi en la Lotería Nacional en estos meses, los hechos muestran que no hay manera de impedir una transferencia desleal a unos pocos, con cargo al resto de los mexicanos.</p>
<p>No hay ninguna garantía de que el descalabró que representó el rescate bancario o carretero no vuelva a repetirse. Los causantes de esa brutal debacle financiera son hoy algunos de los hombres más ricos y poderosos del país. Gracias a la complicidad de las autoridades pudieron  devastar la economía de sus empresas y, al mismo tiempo, enriquecerse de manera ilimitada.</p>
<p>El gobierno mexicano se encuentra en una situación mucho más vulnerable frente a los grandes grupos de poder económico que en tiempos de Salinas. No sólo porque los políticos dependen ahora del dinero y los medios de comunicación de estos poderosos para ganar las elecciones y gobernar, sino también porque los intereses del capital privado han instalado sus propios operadores en el sector público (son miembros de comisiones claves en  el poder legislativo, dominan los organismos destinados a controlarlos, poseen personeros en el gabinete económico).</p>
<p>Las cacareadas comisiones de competencia, los mecanismos de rendición de cuentas o el endurecimiento de la normatividades para las licitaciones sin duda están allí. Pero sólo se aplican al empresario mediano y pequeño, no a los Salinas Pliego o los Azcárraga, capaces de fundir la carrera de un secretario de Estado o poner en aprietos al mismo Felipe Calderón. ¿Alguien tiene duda de que la entrega de permisos a la televisora para abrir casas de juego no fue el resultado de un arreglo político en las más altas esferas? ¿Quién nos asegura que no habrán de operar en PEMEX semi privatizado los mismos mecanismos que llevaron al gobierno panista a aprobar una ley de medios que entregaba el futuro a Televisa? (ley detenida simplemente por la presión de la opinión pública). </p>
<p>No es mala la opción la que permite a los inversionistas particulares generar electricidad y aliviar la carga de la CFE. Pero todavía no pueden encontrar la manera de evitar que Kamel Nacif se haga de los contratos de varios municipios de Veracruz, en condiciones ventajosas, gracias a su influencia con el gobernador, luego de loa aportes a su campaña.</p>
<p>El problema no es que haya empresarios muy ricos que participen en la esfera pública y contratistas del gobierno con amplios márgenes de ganancia. El problema es que parte de esos márgenes extraordinarios son de naturaleza indebida, resultado de la capacidad de estos grupos para distorsionar a su favor la corrupción oficial y la fragilidad política del gobierno.</p>
<p>Otros colegas han abordado los errores del gobierno en la promoción de esta reforma energética que nació fallida: la falta de operadores, el nombramiento de Mouriño en Gobernación y su designación como impulsor de esta reforma, la pobreza de la estrategia de comunicación. Yo añadiría un factor adicional: la falta de imaginación para ofrecer modalidades que permitan sanear la incorporación del capital privado.</p>
<p>La estructura actual de PEMEX es inviable. Luego de 70 años, la paraestatal es un dinosaurio incapaz de insertarse eficientemente ante las exigencias que impone la globalización y los retos tecnológicos. Pero hay razones fundadas para desconfiar de la intervención de la iniciativa privada en los asuntos públicos.</p>
<p>Felipe Calderón no tiene derecho a colocar al país contra la pared, con el pretexto de elegir entre la privatización o la crisis energética. Si la única salida de PEMEX está fincada en la incorporación de capital fresco, entonces el Presidente está en la obligación de garantizar mecanismos que permitan neutralizar los errores del pasado. Pretender que tales errores no existieron nos lleva a sospechar de simplismo e ingenuidad por parte de Calderón o, de plano, en su complicidad para con los futuros beneficiarios de esta apertura.  (www.jorgezepeda.net)  </p>
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		<title>Comentarios a sus comentarios: Sobre la peor de las pesadillas: mujeres, judíos y AMLO</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Mar 2008 23:05:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
		<category>Apostillas</category>

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		<description><![CDATA[Muchos lectores preferirían un mundo exclusivamente habitado por buenos y malos, Madres Teresas, por un lado, Hitlers, por otro. Es una noción reconfortante que nos regresa al Paraíso: el bien no tiene disfraces, el mal es siempre perverso y degradante. En el Edén no existen los sin embargos o las contradicciones. Uno siempre puede tener [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos lectores preferirían un mundo exclusivamente habitado por buenos y malos, Madres Teresas, por un lado, Hitlers, por otro. Es una noción reconfortante que nos regresa al Paraíso: el bien no tiene disfraces, el mal es siempre perverso y degradante. En el Edén no existen los sin embargos o las contradicciones. Uno siempre puede tener la seguridad de estar de lado de los buenos.</p>
<p>Mi último artículo, intitulado “La peor de las pesadillas” fue duramente juzgado por muchos lectores. Recibí muchos comentarios enviados desde el reino bicromático que no acepta matices. Parte de esos comentarios pueden ser leídos abajo, aunque omití algunos demasiado ofensivos o grotescos sobre los temas o en contra de los personajes mencionados en el texto original.</p>
<p>Algunos pocos cuestionan que haya criticado al PRD y sus elecciones internas. Como si el mero acto de dar cuenta de los hechos por todos conocidos me hubiese convertido en un esbirro de la derecha, en una pluma a sueldo para destruir a la izquierda.</p>
<p>Otros me acusan justamente de lo contrario: de ser un lacayo de El Peje. Haber escrito que a mi juicio se cometió un fraude en el 2006, desencadenó una tunda de correos indignados. En uno de ellos un lector me advierte que de no presentar pruebas en un lapso de 72 horas habrá de demandarme por difamación. En realidad no hay mucho más que comprobar. El TRIFE mismo dio cuenta de las irregularidades (intervención ilegal de Fox, gasto ilegítimo de parte de grupos empresariales para dañar imagen de AMLO, negociaciones con los medios de comunicación).  El PRD no aportó suficientes pruebas para demostrar el fraude “a la antiguita” en las urnas durante la jornada del 2 de julio. Pero las irregularidades detectas por el Tribunal Federal son, a mi juicio, suficientes para haber provocado un cambio en un resultado tan apretado como el que tuvimos. Como señalé en el artículo, no hay fraudes pequeños o grandes, sino fallidos o exitosos. La intervención ilegal o extralegal de los grupos de poder, en mi opinión, cambió el sentido del voto en el 2006.</p>
<p>Lo cual no me impide denunciar el intervencionismo de AMLO a favor de Alejandro Encinas, en las elecciones internas del PRD, como un hecho tan grave como los manotazos de Fox en contra de AMLO hace dos años.</p>
<p>Pero la mayoría de los lectores no desean ser confrontados con datos incómodos a sus propias convicciones. Prefieren un mundo en el cual Felipe Calderón siempre sea Fecal y cada uno de sus actos constituya una confirmación de su “vileza” o, caso contrario, una validación permanente del peligro que representaba AMLO y de la pesadilla de la que nos salvamos los mexicanos.  </p>
<p>Debo hacer, sin embargo, una corrección. Con justeza algunos lectores me reclaman haber hecho una comparación irresponsable al meter en el mismo saco a algunas mujeres golpeadas, los judíos y AMLO, cuando señalé que todos ellos habían cometido contra terceros algunas injusticias de las que ellos mismos habían sido víctimas. Lydia Cacho me ha hecho ver que el tema de mujeres víctimas de violencia que terminan abusando de sus hijos es demasiado complejo para ser ventilado a la ligera. De igual forma, recibí varios correos (algunos publicados abajo) de personas que cuestionan mi aseveración de que el Estado Israelí ejerce sobre los palestinos parte de la discriminación que los judíos experimentaron en la Alemania Nazi. Desde luego yo no me refería al Holocausto, pero sí a las prácticas que, a mi juicio, han convertido a los palestinos en ciudadanos de segunda categoría en su propia tierra. Con todo, tienen razón mis denostadores pues una aseveración como esa habría requerido de una enorme batería de matices. Podría aplicárseme un poco de mi propia medicina: el conflicto Árabe-Israelí tampoco acepta visiones en blanco y negro, y está inmerso en un complejo proceso histórico imprescindible si se quiere abordar el tema.</p>
<p>Sólo el Paraíso o El Infierno poseen una moralidad en blanco y negro. La realidad, en cambio, es un enorme Pantone con una extensa gradación de grises. Sigo pensando que la responsabilidad de los comentaristas no es alimentar los clichés y las nociones preconcebidas de un mundo en el que sólo existe el bien y el mal. Nuestra tarea es ofrecer elementos para formar una opinión pública más madura y responsable, dispuesta a participar en los asuntos públicos, aún cuando sepa que personas y programas, políticos y partidos, están plagados como todo en la vida, de virtudes y defectos. Igual que el hogar de todos nosotros, igual que el cuerpo de nuestra pareja, igual que este país del que nos desesperanzamos en muchas ocasiones pero seguimos creyendo que podemos convertirlo en algo mejor.</p>
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		<title>La peor pesadilla</title>
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		<pubDate>Sun, 23 Mar 2008 10:14:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Artículos dominicales</category>

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		<description><![CDATA[Lo que está sucediendo al PRD con sus elecciones internas constituye la peor de las pesadillas, tratándose de un partido que hizo de la denuncia del fraude electoral su razón de ser en lo que va del sexenio. En momentos de cerrar este artículo no existe aún humo blanco sobre un vencedor o incluso respecto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo que está sucediendo al PRD con sus elecciones internas constituye la peor de las pesadillas, tratándose de un partido que hizo de la denuncia del fraude electoral su razón de ser en lo que va del sexenio. En momentos de cerrar este artículo no existe aún humo blanco sobre un vencedor o incluso respecto a la posibilidad de que se den por buenas las elecciones para elegir a los dirigentes de esta organización, luego de una semana de haberse llevado a cabo la votación. El viernes Cuauhtémoc Cárdenas publicó un desplegado en el que exige la anulación de las elecciones, denuncia el cochinero y prácticamente pide la refundación del partido. </p>
<p>Es una muy desafortunada ironía, luego de lo que vivieron en 2006, que los perredistas hayan sido exhibidos en un modelo para armar su propio fraude electoral. Y es que, en efecto, Cárdenas no carece de municiones. Hay bastantes evidencias de que ambos bandos, encabezados respectivamente por Alejandro Encinas y por Jesús Ortega, desplegaron recursos ilegales para inflar el padrón electoral y acarrear votos para su causa. Con cierta alevosía pero mucha puntería, un rival ha dicho que luego de este proceso, los perredistas tendrían que ofrecer disculpas al IFE porque comparada con su elección las presidenciales del 2006 fueron un dechado de pulcritud.</p>
<p>No es así, por supuesto. No hay fraudes electorales pequeños o grandes. Las irregularidades que se cometieron en la elección presidencial fueron suficientes para evitar que López Obrador llegase a Los Pinos. Pueden no haber sido “un cochinero”, pero bastaron para imprimir un giro de enormes consecuencias para la historia de la Nación.<a id="more-179"></a></p>
<p>Razón de más para que los perredistas fuesen más sensibles sobre este tema. Pero no es el caso. Las víctimas suelen reproducir los patrones de conducta de sus victimarios. Toda proporción guardada, al caso de algunas mujeres golpeadeas que terminan abusando de sus hijos o del Estado israelí que aplica a los palestinos algo de lo que recibieron de los nazis, lo cierto es que AMLO intervino a favor de la elección de su gallo con el mismo ahínco e ilegalidad que Fox lo hizo por el suyo. Uno esperaría de esas mujeres, de los judíos o de los perredistas un cuidado obsesivo para erradicar el flagelo del que fueron víctimas. </p>
<p>En descargo de López Obrador habría que decir que el desaseo proliferó en todos los campos del país perredista. La lucha sorda e impugnada que se dio entre Alejandro Encinas y Jesús Ortega por la presidencia nacional, se reprodujo con variantes a lo largo del territorio nacional. En el Distrito Federal el probable perdedor, Jesús Zambrano, amenaza con declarar  espuria a su rival y en Quintana Roo el recuento de votos terminó en batalla campal, heridos incluidos.</p>
<p>Habría que preguntarse si el PRD no debería recurrir a una organización externa para realizar este tipo de comicios. El procedimiento actual supone que su propia “secretaría de gobernación” lleva a cabo la elección interna, lo cual provoca la desconfianza obvia de las fracciones que no detentan el poder. Y si bien se han designado Comités Técnicos para sancionar la elección, parten de la invalidación natural que significa el hecho de que sus miembros están identificados con una u otra fracción. No sería una mala idea que en su siguiente elección el PRD formase una especie de IFE ad hoc, integrado por personajes notables cercanos a la izquierda que estuviesen al margen de toda sospecha.</p>
<p>Lo cierto es que la izquierda nunca se ha caracterizado por la pulcritud en sus comicios internos. Son otras sus virtudes. Y no sólo en México. Las prácticas y el espíritu democrático no han sido totalmente amalgamados con los valores tradicionales de las otras grandes causas  que suele defender la izquierda (igualdad y justicia social, el bien común). Persiste la arraigada noción de que la búsqueda de los grandes fines (el bienestar del pueblo) reviste más importancia que el respeto a los medios para lograrlo. Hay una lógica no escrita que concibe a los procesos democráticos, los comicios legítimos por ejemplo, como mero trámite para definir el reparto del poder, pero no como un fin en sí mismo. La democracia no es el objetivo primario, sino la búsqueda de una sociedad más justa y para lograrlo se requiere el ascenso al poder.</p>
<p>Habría que reconocer, por otra parte, que los poderes establecidos han utilizado con harta frecuencia la “legalidad” y el control del aparato jurídico para impedir que los procesos democráticos favorezcan a la izquierda. No es de extrañar el poco aprecio que ésta pueda tener por los procedimientos electorales.  </p>
<p>Pero al margen de sus motivos, es obvio que el PRD está metido en un problema mayúsculo. Más allá de resolver el escándalo que le apremia en este momento, el partido tiene que reconstruir sus bases de confianza con la mayoría de los mexicanos, si quiere aspirar al poder. Somos muchos los que creemos que un país como el nuestro, aquejado por la desigualdad y la injusticia ancestrales, requiere de una presencia más destacada de la izquierda en la conformación de las políticas públicas. Pero no deja de provocar  escozor la irresponsabilidad con que se conducen los cuadros perredistas, única opción electoral para un cambio político de corte social. Necesitamos de una izquierda, pero no parece ser ésta. ¿Si hacen eso con su padrón electoral, que podrían hacer con el país? (www.jorgezepeda.net)</p>
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		<title>Detener al PRI</title>
		<link>http://www.jorgezepeda.net/16-03-2008/detener-al-pri/</link>
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		<pubDate>Sun, 16 Mar 2008 15:25:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Zepeda Partterson</dc:creator>
		
		<category>Artículos</category>

		<category>Artículos dominicales</category>

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		<description><![CDATA[No es que odie al PRI, lo que pasa es que encuentro muy pocas razones para quererlo. Sobre todo este PRI que apuesta al pasado y que se siente en la necesidad de sostener a ultranza a sus peores versiones como los gobernadores Mario Marín y Ulises Ruiz. Desde luego todos los partidos cuentan con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No es que odie al PRI, lo que pasa es que encuentro muy pocas razones para quererlo. Sobre todo este PRI que apuesta al pasado y que se siente en la necesidad de sostener a ultranza a sus peores versiones como los gobernadores Mario Marín y Ulises Ruiz. Desde luego todos los partidos cuentan con personajes miserables, pero ninguno se toma las molestias de defenderlos hasta la ignominia como ha sido el caso del tricolor.</p>
<p>Por desgracia ese PRI que parecería más malo que el anterior es justamente el que está ganando una tras otra todas las elecciones estatales. Peor aún, incluso Ulises Ruiz en Oaxaca y Mario Marín en Puebla arrasaron en los últimos comicios locales. La única derrota reciente del tricolor fue en Baja California Norte, por estrecho margen, y simplemente porque su candidato, Jorge Hank Rohn, era absolutamente impresentable (digo, hay límites).</p>
<p>¿Cómo llegamos a esto? El problema no es sólo que el PRI esté ganando las elecciones locales. Mucho más grave que eso, está cogobernando el país con todas las ventajas pero ninguna de las desventajas. Desde el asiento del copiloto se apunta los éxitos del gobierno, pero no comparte el costo de ninguno de sus errores. Los coordinadores de las bancadas priistas han definido la última versión de cada una de las reformas conseguidas por Calderón. Al final no sólo han conseguido ajustarlas a beneficio de los distintos grupos de interés representados por Beltrones, Gamboa y los gobernadores. Además, en cada ocasión han “cobrado” altas facturas políticas a cambio de su firma.</p>
<p>El PRI está cogobernando el país pero tiene grandes esperanzas de hacerlo en solitario a partir del 2012. Para aspirar a ello busca un triunfo contundente en las elecciones parciales de 2009 para colocarse, de nuevo, como la primera fuerza en el Congreso. Los estrategas del tricolor consideran que pueden doblar su presencia en la Cámara de Diputados pasando de 104 curules a poco más de 200.</p>
<p>En caso de que el PRI consiga esa meta, el resto de sexenio de Calderón podría convertirse en mero trámite, en una gestión de transición. El presidente y su equipo han estado tan ocupados defendiéndose de El Peje y el PRD que no se han dado cuenta que están a punto de entrar en un tobogán inexorable que termina en la entrega del poder al PRI.</p>
<p>¿Que puede hacer Calderón para evitar que arrase el PRI en las elecciones de 2009? A mi juicio tiene una posibilidad a condición de emplearse a fondo en los tres niveles; económico, político y social. A su favor Calderón cuenta con una inesperada bonanza en los recursos públicos. Los niveles récord que han alcanzado los precios del petróleo mexicano, están generando enormes recursos económicos adicionales para la administración panista. La excelente e insospechada recaudación del nuevo impuesto ha propiciado otra chequera adicional.</p>
<p>El gobierno felipista tendría que asegurarse de que estos excedentes produzcan beneficios palpables para la población y la única manera de lograrlo es volcarlo en una agenda social intensa y en una serie de medidas económicas de alto efecto multiplicador. Por lo que respecta a la agenda social, Calderón tendría que inventarse una revolución similar a la que consiguió Carlos Salinas con Solidaridad. En las últimas semanas ha iniciado una serie de medidas de corte popular, pero demasiado tibias y endebles para el reto que tiene por delante. El mayor problema de Calderón es la ausencia de operadores que le permitan estrechar vínculos con el sector social, y el pago de cuotas a fracciones panistas que se han instalado en la red de delegaciones y organismos vinculados a la salud y al desarrollo social. Incluso contando con los recursos necesarios, el Presidente no parece tener ni el personal ni la claridad sobre la importancia de este tema.</p>
<p>En materia económica el gobierno se ha comprometido a un ambicioso plan de inversión en infraestructura (que aún está por verse). Adicionalmente ha anunciado diversas medidas para promover la actividad económica fortaleciendo al empleo y la mediana empresa. Podría ser.</p>
<p>El mayor problema para una estrategia exitosa reside en el plano político. Calderón tendría que jugarse el todo por el todo: dejar atrás su adicción política o dependencia del PRI, y apostar a un acercamiento decisivo con la opinión pública. Para ello necesitaría un quinazo (¿Bibriesca? ¿Fox?), un giro radical en el gabinete con la incorporación de verdaderos notables, y un deslinde impactante frente al viejo PRI. Todo eso ya lo había hecho Zedillo, por ejemplo, ¿sería mucho pedir? </p>
<p>La mayor parte de los mexicanos votaron a favor de algún tipo de cambio (por López Obrador los que deseaban un cambio significativo, por Calderón los que querían cuajar las promesas incumplidas de la alternancia de Fox). Pero lo que se ha obtenido hasta ahora es un gobierno que ni siquiera supera a las mejores versiones del PRI. </p>
<p>¿Qué sigue haciendo Camilo Mouriño en Gobernación y Sergio Vela en Conaculta luego de los escándalos generados? ¿Por qué el Presidente se deshizo de Ramírez Acuña (ex de Gobernación) y de Beatriz Zavala (Sedesol) cuando cayeron en desgracia, pero mantiene contra viento y marea a sus dos amigos personales? ¿Un doble rasero presidencial?</p>
<p>Muchos mexicanos han terminado por creer que panistas y priistas son lo mismo, salvo que los priistas tienen más oficio. A Calderón le queda un año para demostrar lo contrario. Después, ni eso. (www.jorgezepeda.net)</p>
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