26/02 2012

Los 4 puntos de Calderón: ¿ganó o perdió?

“Ya no volveré a hacerlo” es lo que en síntesis dijo Calderón en su discurso de este viernes, luego de que el día anterior había lanzado su polémica lámina de power point en la reunión de consejeros de Banamex en el que mostraba a Josefina Vázquez Mota apenas 4 punto atrás de Enrique Peña Nieto en la carrera presidencial.
Calderón quería “posicionar” en la opinión pública dos nociones clave: primero, que la competencia ya se habría emparejado, luego de tantos meses de liderazgo absoluto del candidato priista; y segundo, que la carrera sería sólo entre dos (PRI y PAN) con un muy rezagado tercer lugar del perredista López Obrador.

Todo indica que las dos premisas son falsas, porque media docena de encuestas a lo largo de la semana situaban la diferencia entre Peña Nieto y Josefina en promedio en torno a los 14 y 16 puntos en la intención de voto. Ciertamente la brecha entre ambos ha disminuido, pero está muy lejos de haberse cerrado en los márgenes que Los Pinos está proponiendo. De igual forma, Andrés Manuel López Obrador no está creciendo significativamente y Josefina ha asumido el segundo lugar, pero todavía a una distancia corta con respecto al tercero. Es decir, todavía es una competencia de tres.
Calderón simplemente está apostando al hecho de que en política la percepción termina por convertirse en realidad. Había que sembrar la noción de una competencia reñida para que esta eventualmente lo sea. Tan importante era inocular este dato en la conversación pública, que el propio mandatario decidió convertirse en el inoculador.

Habría que preguntarse en términos de costo beneficio si el Presidente se salió con la suya. Está claro que entre la clase política perdió, pues su intervencionismo en temas electorales le está siendo duramente cuestionado y confirma la noción de un presidente más inclinado al típico comportamiento de político faccioso que al de jefe de Estado. Su intervención de esta semana ha sido denunciada por PRI y PRD ante el IFE e incluso podría tener consecuencias en los tribunales del ramo.

Pero en términos de población a “mar abierto” el virus fue eficazmente inoculado. Prácticamente todos los medios de comunicación hablaron de los 4 puntos de distancia. Muchos mexicanos cuestionarán la ética del mensajero, pero el mensaje fue entregado. Habría que preguntarse en cuántas charlas de sobremesa en hogares y restaurantes este fin de semana el tema será abordado. Habrá un par de epítetos a Calderón, pero las conversaciones habrán de centrarse en la posibilidad o imposibilidad de que Josefina alcance al priista.

Durante tantos meses se había hablado de la ventaja ya definitiva de Peña Nieto, en la inevitabilidad de su triunfo, que la mera discusión de un potencial alcance por parte de Josefina constituye una resquebrajadura en la placa de bronce de las certidumbres priistas.
Es a eso a lo que jugaba el Presidente, pese al costo político que le iba a significar. Su lógica es desesperada, pero no necesariamente errónea. Las campañas comienzan en abril y sólo durarán tres meses. Ciertamente la ventaja de Peña Nieto está disminuyendo pero no a la velocidad que sus rivales quisieran. Al PAN no le sirve que sus curvas tendenciales le digan que a este paso Vázquez Mota alcanzaría al del PRI en Octubre. Para entonces Peña Nieto ya sería presidente electo. A Calderón le urgía arrancar abril con la percepción de que Peña Nieto está a menos de 10 puntos. Esa es la ventaja que López Obrador le llevaba al michoacano hace seis años a estas alturas del proceso electoral.

El tirón de los 4 puntos busca jalonear a la opinión pública para acelerar y extender la noción de que se está experimentando un alcance efectivo. Sería el inicio de la bola de nieve. Si el PAN logra que en las encuestas de abril (en las buenas, no en las presidenciales) la diferencia esté en el orden de los ocho puntos entre primero y segundo lugar, existirá la firme posibilidad de una sorpresa en julio. Por el contrario, si la diferencia sigue siendo de 12 a 16 puntos, al PRI no le será difícil “posicionar” la noción de que el triunfo de Peña Nieto es inevitable.

Lo que acabamos de ver esta semana ha sido una maniobra que pulsa el delicado equilibrio entre fantasía y realidad en materia política. Queda claro que Calderón seguirá interviniendo una y otra vez, allá donde considere que el beneficio compensa el costo político, en aras de impedir el regreso de su odiado PRI. Su contrito discurso del “no lo volveré a hacer” debió rematar con un honesto: “…en el mes de la bandera”.

www.jorgezepeda.net
@jorgezepedap

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