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Los “neocons” o la involución del PAN
Winston Churchill solía decir que “la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”. Luego de conocer las declaraciones y los hechos de Emilio González Márquez, gobernador en Jalisco, tendríamos que coincidir con el político inglés: la democracia nos sigue debiendo. Esto no es privativo de Jalisco. El caso de George Bush revela que incluso en sociedades con “democracia” madura no hay antídotos contra los necios o los imbéciles (escoja usted el adjetivo). Vicente Fox sigue siendo carismático para muchos mexicanos, pero es evidente que resultó ser mejor candidato que presidente, por decir lo menos.
A las lacras que el PRI solía (y suele) imponernos, ahora se añaden estos personajes anecdóticos y dicharacheros, magos de un aparente sentido común, que al llegar al poder se convierten en una mala broma que durara seis años. Los hay de todos los signos (basta ver los desfiguros del priista Humberto Moreira en Coahuila), pero en esta ocasión quisiera dejar a un lado a los Ulises Ruiz y Mario Marín, y centrarme en los gobernadores conservadores de nuevo cuño, que tampoco cantan mal las rancheras.
Se trata de “no políticos”, algunos de ellos carismáticos, casi siempre empresarios, muy cercanos a la Iglesia. Les distingue la absoluta convicción de que están reorientando a su comunidad descarriada por el camino correcto. Aunque todavía no entiendo como puede conciliar GonzálezLEER MAS
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Zugzwang: el ejército de Calderón
Del alemán Zug (movimiento) y Zwang (exigencia, obligación), “Zugzwang” designa en ajedrez la posición en que uno de los jugadores queda reducido a un estado de impotencia activa: está obligado a mover, pero cualquier movimiento solo empeora su situación. Un término que describiría con justeza la situación del país en su guerra en contra del narcotráfico.
A lo largo de estos meses he cuestionado la decisión de Calderón de introducir al ejército de manera permanente en el combate a las drogas. Es una decisión que entraña riesgos políticos de mediano plazo (no es fácil regresar a los soldados a los cuarteles) y constituye una amenaza a los derechos humanos de la población civil. Por no hablar del quebranto a la seguridad nacional que representaría una eventual corrupción de los altos mandos militares.
Sin embargo, luego de la opinión de varios lectores y nueva información, tengo la impresión de que los operativos militares han sido un “movimiento obligado”, tras el cual no quedamos mejor que como estábamos, pero no haberlo hecho nos habría dejado en peor escenario. Hace una semana , en este espacio, afirmé que el combate al narco se estaba convirtiendo en el Irak de Calderón. Sigo creyendo que por motivos políticos, fuimos a una guerra improvisada, sin objetivos claros ni la información suficiente sobre el rival en nuestras propias filas. Año y medio más tarde estamos tan lejos de ganarlaLEER MAS
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Narco: el Irak de Calderón
Los asesinatos de altos funcionarios federales a lo largo de los últimos días muestran lo que ya intuíamos: luego de 18 meses de fracasos es evidente que estamos en una guerra que no vamos a ganar pero de la cual tampoco hay manera de salir. El narcotráfico se está convirtiendo en el Irak de Felipe Calderón.
Al arranque de su gobierno el nuevo presidente utilizó el argumento del combate a los carteles como una estrategia fast track para afincarse en Los Pinos. Fue la táctica ideal para mostrarle a los mexicanos que ya había piloto en la nave. Al igual que a Bush, la convocatoria a esta guerra le reportó a Calderón beneficios políticos inmediatos, pues propinó una artificiosa sensación de firmeza y liderazgo.
El problema es que desencadenó una guerra sin estar preparado siquiera para la primera batalla, y lo hizo por los peores motivos. Durante su campaña electoral y en los meses previos a la toma de posesión, en muy pocas ocasiones Calderón se refirió al narcotráfico. Todo indica que no formaba parte significativa de su agenda. Pero las necesidades políticas precipitaron ir al combate una semana después de llegar al poder, sin tener la más remota idea de las consecuencias. Bush y sus generales nunca pensaron en “el día siguiente”; nosotros ni siquiera hemos salido del Día “D”; nuestros cuerpos policíacos siguen siendo acribillados en la playa Omaha delLEER MAS
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Pan con lo mismo
Cada semana nos enteramos de algún nuevo capítulo vinculado a la corrupción. Una fechoría más de los Bribiesca, un nuevo abuso de los viajes de Sergio Vela, el director de CONACULTA, datos adicionales sobre las obras mal habidas en el aeropuerto de la capital o en la Magna Biblioteca, o simplemente la fortuna que habrá de regresarse a Unefón con intereses por errores de un funcionario. Desde luego no es un panorama nuevo. Los priistas nos acostumbraron a convivir con el cohecho y a asumir la corrupción como el telón de fondo de la vida nacional. Pero esperábamos más de los panistas y sus gobiernos de alternancia.
Vamos, los priistas nunca presumieron de honestidad. Los panistas, en cambio, hicieron de la crítica a la corrupción la columna vertebral de su plataforma a lo largo de seis décadas como partido de oposición. Sabíamos que el PAN carecía del oficio político de su rival y dábamos por descontado que cometerían novatadas de diversa índole. Pero al menos suponíamos que pondrían en práctica algún programa más o menos radical de renovación moral.
Sin embargo, resultaron iguales o peores. Muchos tenemos la sensación, incluso, que los gobiernos de Fox y de Calderón son más tolerantes con los abusos de los suyos, que el último gobierno priista. Ernesto Zedillo terminó metiendo a la cárcel al hermano del presidente a quien le debía el puesto y prácticamenteLEER MAS
Archivo: Mayo, 2008
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