04/27/08 3:45 AM - 25 comentarios

El Partido partido o el divorcio imposible

Por desgracia no existen consejeros matrimoniales que ofrezcan terapia a las contrapartes dentro de un partido político. El PRD ha pasado de ser un matrimonio de conveniencia entre cónyuges que no se profesaban cariño, a convertirse en una relación enferma, de agresiones mutuas y odios enconados.

Para muchos comentaristas y medios de comunicación el pleito demencial que protagonizan la corriente de los Chuchos y la de López Obrador, constituye la demostración inequívoca de la naturaleza perversa e irresponsable de esta izquierda. Pero a mí me parece que la intensidad de su odio no obedece tanto a una escasa calidad moral, como al hecho de que han prolongado demasiado su imposible convivencia bajo el mismo techo. Hay parejas que ya no pueden seguirlo siendo; no entenderlo termina tarde o temprano por hacer aflorar lo peor de ellas.

Y es que las diferencias dentro del PRD van mucho más allá de una lucha por el poder entre camarillas diferentes. Hay en juego dos proyectos políticos claramente distintos, imposibles de reconciliar bajo la misma plataforma ideológica. La conversación difundida entre López Obrador y Carlos Navarrete (lider en el Senado de los perredistas y miembro de Los Chuchos) muestra claramente que ambos están jugando a algo distinto sobre el mismo tablero: uno piensa en ajedrez mientras el otro juega a las damas.

La corriente encabezada por Jesús Ortega, tiene como referente los partidos socialdemócratas europeos que priorizan el espacio parlamentario para influir en las políticas públicas y buscan acceder al poder por vía electoral.

Por su parte, la de López Obrador es más heterogénea, pero está claramente dominada por la figura del líder carismático. Su referente son los movimientos de carácter populista que han proliferado a lo largo de la historia en América Latina. No están aquí para participar en la mesa de juego con los otros protagonistas (PRI y PAN) con la esperanza de ganar el torneo de ajedrez, como podría ser el caso de Los Chuchos. Están aquí para obligar a los participantes a jugar a otra cosa. Convencidos del fraude electoral del que fueron víctimas en 2006, los lopezobradoristas ya no están por la tarea de convencer al electorado a votar por ellos, porque creen que los que controlan la mesa volverán a derrotarlos. Su objetivo por ahora es obligar a las cúpulas a modificar el modelo vigente por la vía rápida de la presión de la calle.

El problema es que ambos derroteros son mutuamente incompatibles. Las acciones de López Obrador dan al traste con los esfuerzos electorales y parlamentarios de Los Chuchos. La toma del Congreso, por ejemplo, ha disminuido el apoyo de los votantes al PRD, lo cual seguramente reducirá sus escaños en la legislatura que será elegida el año próximo. Un suicidio político a juicio de Jesús Ortega y Ruth Zavaleta. Pero a AMLO eso no le quita el sueño. El tabasqueño logró imponer al gobierno la agenda y los tiempos para discutir la futura reforma energética y, a su juicio, evitó que se cocinara en lo oscurito la apertura indiscriminada de PEMEX. Lo cierto es que el éxito de la estrategia de López Obrador ha socavado las posibilidades de triunfo del PRD en el terreno electoral.

A mi juicio, el país necesita ambas corrientes, ambas maneras de operar. Se requiere de un partido socialdemócrata moderno capaz de impulsar, por vía institucional y democrática, una sociedad más equilibrada. Pero la desigualdad es taly el control de los poderes de facto es tan cerrado, que el país requiere la presión de la calle. Los riesgos son muchos, sin duda, pero a mi juicio es una opción imprescindible para obligar a las élites a introducir cambios.

Ambas corrientes son necesarias, pero sólo una puede dominar el partido. No pueden vivir juntas; y tampoco separadas. Así como hay parejas que alargan hasta el infierno una relación imposible con el pretexto de no separar a los hijos, las fracciones del PRD no encuentran como dividir “la patria potestad” del registro del partido político. Y es que sin las prerrogativas ($) y la infraestructura que ofrece el membrete, cualquier corriente política se queda en la orfandad. Vivir fuera del registro es vivir en el error.

Sin duda, AMLO y su corriente están mejor dotados para sobrevivir sin el edificio perredista. Como un marido que pierde el hogar en el divorcio, pero mantiene intacto el potencial económico para comenzar otro a partir de cero. No es el caso de Los Chuchos. De consumarse su derrota no tendrán otra opción que someterse. Ciertamente seguirán disfrutando el ejercicio de sus posiciones mayoritarias en el Congreso pero tal ventaja tiene fecha de caducidad (2009). Recordemos que Los Chuchos lograron más candidaturas porque los cuadros de AMLO estaban destinados a ser funcionarios bajo la nueva Presidencia que nunca llegó.

López Obrador tenía preparado el surgimiento de otro partido en caso de perder el control del PRD. No será necesario. En el transcurso de los próximos dos años veremos la reorientación del partido hacia una mayor militancia de oposición. Más cerca de sus adelitas y más lejos de Ruth Zavaleta.

La disputa entre estas dos corrientes ha sido objeto de un linchamiento mediático, como si se tratase de una mera rivalidad de vanidades y ambiciones personales. No es así. El PRD se encuentra en la encrucijada entre dos concepciones distintas y la intensidad de la confrontación refleja lo mucho que está en juego. Conviene no perderlo de vista. (www.jorgezepeda.net)

25 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 04/27/08 3:45 AM.

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04/20/08 4:00 AM - 115 comentarios

¿Qué hacemos con López Obrador?

Ciertamente no es Hitler o Mussolini, pero es sorprendente la capacidad que tiene López Obrador para provocar ronchas a muchos ciudadanos, particularmente entre los sectores conservadores. Una y otra vez reaccionan de tal manera que terminan por vigorizar la figura pública de El Peje.

El spot de televisión transmitido en horario triple A en que se le compara a Victoriano Huerta, Pinochet y similar calaña por haber ordenado tomar el salón de sesiones de la Cámara, es tan desproporcionado y abusivo que ha resultado contraproducente. Para El Peje ha sido oro molido, pues confirma la noción de que existe una suerte de conspiración de odio en su contra. De verdugo del Congreso ha pasado a ser víctima de la derecha todopoderosa.

No coincido con varias decisiones de López Obrador y me parece que su estilo de liderazgo deja mucho que desear. Pero estoy convencido de que AMLO y las causas que representa son absolutamente indispensables para la salud de la República. Cada vez que el tabasqueño habla en contra de las instituciones y convoca a la movilización, una legión de analistas y comentaristas se queja de su irresponsabilidad y primitivismo político. Como si se tratase de una anomalía trasnochada en una sociedad democrática. “Hay problemas pero estos deben resolverse mediante el diálogo”, se dice; “los bloqueos y tomas de instituciones no caben en una sociedad con Estado de Derecho”, se afirma, con la convicción que sólo podría tener un alemán o un sueco.

El problema es que no vivimos en un Estado de Derecho, ni los problemas se resuelven con el diálogo, salvo que usted pertenezca al 20 por ciento de la población de mayores ingresos. Todos los días miles de mexicanos humildes son víctimas de tribunales y autoridades que operan a favor del poderoso o del que ofrece más. Háblenle del Estado de Derecho a Lydia Cacho, a las víctimas de Ulises Ruiz en Oaxaca, a los campesinos que suplican a un funcionario que ya vendió su caso. Más que un Estado de Derecho lo que padecemos es “el derecho al Estado” del que gozan algunos sectores privilegiados. ¿Cómo podemos hablar de “someterse al imperio de la ley” cuando los que se enriquecieron con el Fobaproa, el mayor robo en la historia de la Nación, lo hicieron legalmente?
La reforma energética ofrece el mejor ejemplo. Si López Obrador y sus contingentes no hubieran irrumpido con sus sudores y malas maneras (cito a un crítico) la reforma habría sido acordada entre futuros beneficiarios, funcionarios federales y legisladores priistas. Fueron los gritos y sombrerazos, las denuncias fundadas e infundadas de El Peje, lo que obligó a definir esta reforma en un espacio verdaderamente público.

No se si al final de todo esto tendremos una buena reforma, pero estoy convencido de que será mejor de la que podría haberse firmado tras bambalinas. En todo caso habrá de ser más representativa del sentimiento de la comunidad en su conjunto y mucho menos cupular de la que tenían cocinada. ¿Qué no trata de eso la democracia ? Desde luego, los métodos de AMLO no son democráticos, pero son comprensibles si consideramos que los acuerdos “democráticos” son los que tienen que pasar y ser resueltos por Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa a partir de los intereses muy poco democráticos que ellos representan.

Insisto en que los mexicanos tenemos todo el derecho de desconfiar de la apertura al capital privado, habida cuenta de la cantidad de abusos que han generado privatizaciones y concesiones en el pasado. Eso no significa que debamos satanizarlas per se. Podrían ser la única solución para el quebranto energético que se avecina. Pero el Estado mexicano hasta ahora ha sido incapaz de impedir los excesos y abusos de los grupos privilegiados cada vez que ha abierto al mercado ámbitos de la esfera pública. No es posible encarar la apertura de Pemex sin antes agotar la discusión de las maneras en que habremos de asegurarnos de que no se multipliquen los Carlos Slim o Roberto Hernández, o peor aún, los Bribiescas. Que tome 50 días o 100 ventilar estos asuntos es irrelevante si consideramos lo mucho que está en juego.

Es desagradable ver a los perredistas convertir la tribuna máxima en un tianguis. Pero, bien mirado, es un costo menor si ello obligó a examinar con atención el futuro del petróleo, nada más y nada menos que el mayor patrimonio de este país.

Hay un linchamiento mediático de López Obrador que muchos están “comprando”. Algunos se preguntan qué hacer con esta piedra en el zapato que constituye su movimiento. Yo diría que pese a su retórica y su populismo, López Obrador es imprescindible. No empareja el marcador pero impide la goliza. Lo peor que podemos hacer es pretender que la inconformidad social no existe. ¿Nos parecen de mal gusto sus expresiones? ¿Y de que gusto son las inequidades e injusticias que padece la mitad más pobre del país? ¿Qué creíamos, que iban a votar cada seis años y sentarse a esperar a que llegue un empleo, un abogado honesto o un programa de gobierno?

López Obrador no representa a los verdaderos pobres del país, se dice con frecuencia. Quizá. Pero canaliza la irritación que entre muchos mexicanos genera esa pobreza. Su desconfianza hacia la apertura al capital privado es la desconfianza de muchos. Antes de lincharlo y repudiar sus métodos habría que escuchar lo que nos está tratando de decir esa república olvidada que intenta hacerse presente. (www.jorgezepeda.net)

115 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 04/20/08 4:00 AM.

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04/14/08 12:29 PM - 8 comentarios

Reforma, ganadores y perdedores

Nos hemos convertido en un país de fobias. Son tantos los ascos, las manías, las alergias y las repulsas del organismo social que la única reforma energética asimilable resultó una versión light, descremada, deslactosada y pasteurizada que sigue siendo leche pero sabe a agua. Los cuerpos y anticuerpos se neutralizaron de tal forma que la dichosa reforma energética habrá de limitarse al tema de PEMEX (y no al sector energético) y tiene que ver más con reglamentos internos que con una solución de largo plazo.

Con todo, ha sido tal la intensidad de la confrontación entre programas contrapuestos y actores políticos rivales, que el recuento de daños y beneficios que dejará el saldo de las batallas libradas merece ser anotado. Aun cuando no ha terminado del todo, es evidente que la mini reforma será aprobada en período extraordinario, tan pronto los legisladores encuentren la forma de burlar el ultimátum presentado por el PRD y sus brigadas. Pero sin duda lo conseguirán, de la misma forma que consiguieron que Calderón tomara posesión o rindiera su primer informe de gobierno, pese a la amenaza de los perredistas de impedirlo.

El mayor “ganón” de toda esta gesta es el PRI, sin duda. Una vez más logró convertirse en el fiel de la balanza en materia de los votos decisivos para la aprobación en las cámaras (de la misma forma en que lo ha sido en las reformas anteriores). Consiguió además presentarse ante la opinión pública como la fuerza “moderada y sensata”, ajena a la confrontación entre los “rijosos” del PAN y el PRD. Cuan trastocadas estarán las cosas que personajes siniestros como Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones terminan convertidos en supuestos paladines de la democracia. Más

8 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 04/14/08 12:29 PM.

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04/6/08 3:58 AM - 19 comentarios

La reforma que (casi) no fue

El gobierno de Felipe Calderón está haciendo un último y desesperado esfuerzo para sacar adelante alguna reforma energética. Y digo alguna porque luego de tantos coscorrones el Presidente se daría por bien servido con cualquier modificación del régimen sobre el que opera Pemex; cualquier pretexto que le permitiera mostrar que no habría salido derrotado de esta que ha sido la principal batalla política del sexenio.
Lo paradójico es que por razones difíciles de entender, el propio Calderón sembró de minas el terreno que habría de recorrer. Para un hombre con el oficio político que se le atribuye resultan inexplicable los disparos al pie en los que ha incurrido:

Sobrepolitización. El Presidente decidió convertir a su secretario de Gobernación en cabeza de la negociación de la reforma lo cual sobrepolitizó el debate de manera innecesaria. Lo que tendría que haber sido una discusión de argumentos técnicos y económicos terminó convertido en una medición de fuerzas entre actores políticos. ¿Pero qué creía el Presidente? ¿Que sus rivales iban a conceder a su delfín un triunfo político que le permitiera arrancar con fanfarrias su precandidatura presidencial? Lo primero que hizo Manlio Fabio Beltrones, mandamás del Senado y aspirante a la misma silla presidencial, fue acribillar al proyecto y a su personero para que la reforma quedara cancelada o, al menos, para que triunfara por vía distinta a la de Bucareli.

Pérdida de la Opinión Pública. Colocar a Camilo Mouriño al frente significó la pérdida de la batalla por la opinión pública. Calderón sabía de la desconfianza que muchos mexicanos abrigan, por razones reales y ficticias, hacia la penetración del capital privado tanto nacional como extranjero en el patrimonio de la Nación. Y no obstante, para convencernos de lo contrario responsabilizó a un personaje cuyos principales atributos frente al imaginario popular es que es “español” y su familia se ha enriquecido como concesionaria de Pemex. El Presidente está convencido de lo contrario, pero ¿cómo ignorar la natural desconfianza de la opinión pública? Es tan obvia la contradicción que llevaría a pensar en un acto de provocación o de soberbia ciega. ¿No sabía que le estaba tendiendo un puente de oro a López Obrador para regresar a la escena pública luego de un año de cuasi destierro? (continuar) Más

19 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 04/6/08 3:58 AM.

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