01/27/08 1:08 PM - 12 comentarios
Pobre país. Todavía no nos libramos de la desnutrición y ya nos anticipan que México será el país con el mayor número de obesos en muy pocos años. Hemos encontrado el modo para ser impactados por lo peor de los dos mundos. Seguimos padeciendo los males crónicos propios del subdesarrollo (pobreza, desigualdad), pero nos las arreglamos para también hacernos de algunas calamidades modernas (contaminación, embotellamientos, estrés, obesidad). Padecemos los “efectos secundarios” del desarrollo sin haber disfrutado muchos de los beneficios primarios.
Con la democracia parece estar pasando lo mismo. Agradecemos el fin del presidencialismo a ultranza, aunque no hayan desaparecido aún gran parte de sus atributos, e inmediatamente comenzamos a pagar el precio del debilitamiento presidencial con el surgimiento de poderes inconmensurables por parte de nuevos y viejos actores. Tal es el caso del los gobernadores, nunca tan poderosos como ahora
Los gobernadores se están convirtiendo en verdaderos amos y señores de la vida económica, social y política. Y no me refiero sólo a los casos obvios como el de Arturo Montiel en el Estado de México, de Ulises Ruiz en Oaxaca o del “gober precioso” Mario Marín en Puebla. Ciertamente, son emblemáticos porque mostraron fehacientemente que gozan de impunidad irrestricta sin importar la gravedad del delito del que fueron acusados: enriquecimiento ilícito, represión criminal, y corrupción y venta de justicia, respectivamente.
El hecho de que la Suprema Corte los absuelva, el Presidente los abrace, los electores vuelven a votar por sus candidatos, ha confirmado a estos tres que, en efecto, los gobernadores están blindados en contra de cualquier poder. El problema es que no sólo lo saben ellos sino también los otros 29 mandatarios estatales y han comenzado a demostrarlo.
Para ilustrarlo menciono tres casos, pero podrían ser una docena. En Quintana Roo, el Instituto Electoral, controlado totalmente por el gobernador en turno, Félix González Canto, obligó a las estaciones del sistema estatal a un acuerdo electoral más propio de porfirismo que de un país en “transición”. Los noticieros y espacios de análisis están comprometidos a transmitir sólo las entrevistas y piezas proporcionadas por los propios partidos y las autoridades electorales. La difusión de cualquier otra información periodística sobre las elecciones está prohibida. O sea, los ciudadanos pueden votar pero cualquier otro derecho político sobre los comicios les está vedado, incluyendo el derecho a informarse.
En Jalisco, Emilio González Márquez muestra que los panistas también saben cantar las rancheras. A lo largo de un año ha demostrado que, en su opinión, le debe el puesto a la gracia de Dios y no a voto de los jaliscienses, ha gobernado en consecuencia. El problema es que su Dios parece estar muy ceca de Televisa y muy lejos de los tribunales de justicia de los ciudadanos. Recientemente decidió desviar 38 millones de pesos a la empresa de Emilio Azcárraga para financiar la telenovela “Las Tontas no van al cielo” a pesar de la obvia contradicción con las lecturas de la biblia que el gobernador organiza en la Casa de Gobierno. Lo relevante de esta decisión es que constituye una especie de desafío a la opinión pública que lo había criticado meses antes por desfondar el fondo para desastres para financiar un acto de Televisa con jóvenes del país en Guadalajara. En junio de 2007 Emilio González Márquez, extrajo 67 millones de pesos del “fondo de imprevistos”, destinados a emergencias sociales, para subsidiar a Televisa en la realización de Espacio 2007. Al Dios del gobernador tampoco parece molestarle la represión que ciudadanos y abogados han padecido de parte de su gobierno, por denunciar actos de pederastia que involucran a funcionarios estatales encabezados por el procurador del Estado.
Humberto Moreira, de Coahuila, ciertamente es alguien que ha llevado las mojoneras a límites insospechados. Como bien se sabe ha encontrado a la palabra nepotismo variantes que nadie adivinábamos. Además de colocar a sus hermanos y parientes en posiciones encumbradas con abierto desenfado, ahora se da vuelo inaugurando centros de atención y escuelas con los nombres de su madre, su flamante esposa y su hija.
Ustedes me dirán que impulsar un convenio electoral severo, regalarle a una televisora más de cien millones de pesos o convertir a la familia en monarquía saltillense no son delitos mayores en el código no escrito de la clase política. No es la gravedad (todavía) de los delitos que estos gobernadores están cometiendo, sino el hecho de que lo están haciendo ante los ojos de todos y pese a la indignación y reclamo de la opinión pública. Son pequeños ensayos de impunidad que sólo puede tener un desenlace mayúsculo. No hay nada ni nadie que pueda neutralizarlos, acotarlos, corregirlos. Gozan de fuero y por lo general controlan a su congreso legislativo, única instancia que pudiera hacerles frente.
Los gobernadores se han convertido en los nuevos amos del territorio, los “Landlords” que sólo obedecen a sus propias leyes. No parecen tener límite salvo su imaginación y la fortaleza que ellos mismos se atribuyan.
Nunca como ahora habían recibido recursos económicos ingentes, gracias a las partidas federales que el nuevo “equilibrio de poderes” les garantiza. Ello les permite otorgar dádivas a empresarios locales y a los grupos de interés regional, y contar con chequeras importantes para obras públicas. Han comprado la impunidad.
Debemos reconocer que la “democracia”, aunque precaria y subdesarrollada nos ha dado facultades de las que antes carecíamos (entre otras cosas, la posibilidad de escribir sobre ella). Pero también ha propiciado regresiones, distorsiones dañinas, como es el caso de los gobernadores sátrapas e impunes. Si no hacemos algo habrá muchos ulises, montieles y marines en nuestro futuro. Debemos hacer algo antes de que los 32 gobernadores terminen convertidos en reyezuelos absolutos. Porque donde hay reyes y se entronizan amos, las clases políticas locales terminan convertidas en cortesanos y los ciudadanos en siervos. (www.jorgezepeda.net)
01/20/08 11:14 AM - 7 comentarios
Hace una semana en este espacio insistí en la necesidad de realizar cambios dentro del desdibujado gabinete que padecimos durante el primer año. A mi juicio se requería el reemplazo de algunos secretarios que no daban el ancho y la convocatoria a los mejores hombres y mujeres posibles para hacerse cargo de las tareas de gobierno. Siete días después Calderón ha efectuado tres cambios, ciertamente, pero no necesariamente para colocar a las personas idóneas. La designación del administrador Ernesto Cordero en Sedesol y el ex gobernador Patrón Laviada en la procuraduría de protección al ambiente, reflejan un profundo desdén de parte del Presidente a dos sectores claves para el futuro de país: la desigualdad social y la ecología. Por su parte, el nombramiento de Camilo Mouriño en la secretaría de Gobernación es una decisión valiente, quizá temeraria, pero clave en las aspiraciones de Calderón para precipitar los cambios políticos.
Comencemos por el caso de “el bello”, Camilo Mouriño. Es la primera vez en muchas décadas que un Presidente opta por un super secretario. “Iván” se convierte de facto en un primer ministro con la triple función de ser el jefe operativo del gabinete; conducir la relación con los actores políticos (partidos, gobernadores y poder legislativo); y coordinar el aparato de seguridad nacional. Las dos primeras tareas ya las hacía, pero ahora tendrá los recursos jurídicos e institucionales del ministerio más poderoso de la administración pública.
Hasta ahora los presidentes tenían en el secretario de Gobernación a un operador de primer piso, a un pararrayos, pero mantenían una relativa distancia, una especie de red de protección. Con Miguel de la Madrid el verdadero conductor político era Emilio Gamboa, su secretario particular; algo similar sucedió con Carlos Salinas y el poder que adquirió José Córdoba Montoya; Zedillo intentó hacer de Moctezuma su Camilo Mouriño, pero la operación política acabo siendo conducida por su secretario particular Liébano Sáenz. Y en el caso de Vicente Fox, nadie pone en duda que Marta Sahagún fue mucho más decisiva que Santiago Creel, secretario de gobernación, quien no pertenecía al grupo compacto del guanajuatense. En ninguno de esos sexenios el verdadero poder residió en Bucareli. De igual forma, Ramírez Acuña era el fusible en Gobernación para absorber las descargas y las presiones políticas. Ahora, al colocar a su brazo derecho en Gobernación, Calderón trabajará por vez primera sin fusibles.
Esta designación arroja ventajas y desventajas para el Presidente. Al actuar directamente, sin intermediarios, a través de su hombre de confianza, el Presidente acelera la agenda política. Ramírez Acuña ciertamente era un pararrayos, pero también una sala de espera en el desarrollo de esa agenda. Calderón tiene prisa y con razón. Mouriño destrabará muchos temas por la sencilla razón de que toda llamada suya a un gobernador, toda promesa a un legislador, será considerada como una declaración del propio Calderón. Pero justamente también allí reside su desventaja. Todo desliz, exabrupto o error del secretario de Gobernación será una factura a pagar por el Presidente. Si Mouriño falla, Calderón lo padecerá en sus índices de aprobación y eventualmente habrá de sacrificar a su mejor hombre, como le sucedió a Zedillo con Moctezuma.
En todo caso, el Presidente parece tener una fe ciega en su delfín. Algo debe de conocerle. Y sin duda, sería lamentable subestimarlo. Si bien es cierto que el poder que hoy ostenta no guarda relación con su trayectoria previa o su edad (37 años), no puede ignorarse que coordinó al equipo compacto que convirtió a Calderón, un candidato improbable, en presidente electo. Es un mérito político que obliga al beneficio de la duda. En sus primeras entrevistas revela articulación verbal y un gran control emocional, aunados a una notable falta de carisma. Con mala leche, Muñoz Ledo dice que despide un cierto aire “Gestapo”. Lo cierto es que proyecta una imagen de eficiencia, capacidad y dureza.
Si Mouriño es el bello (lo cual ha llevado a Kathia dÁrtigues a decir que el 2012 pinta para ser una pasarela entre galanes con Ebrard, Peña Nieto y Mouriño), Ernesto Cordero, el nuevo secretario de la Sedesol, es el bueno. Un nerd de las finanzas y la administración; un técnico puro fascinado por las matemáticas. Una excelente persona que podría convertirse en un pésimo responsable de la agenda social del país. En los últimos dos años las administraciones panistas han impuesto criterios procedentes de la iniciativa privada para operar el gasto social. Las organizaciones sociales son obligadas a burocratizarse para responder a nuevos criterios de evaluación, sistemas contables y de cómputo, esquemas ISO9000. Todo el que haya tenido contacto con campesinos, sectores desprotegidos y ONGs sabe que los programas sociales tienen éxito en la medida en que los destinatarios comparten los criterios y hacen suya la propuesta. La orientación y evaluación del gasto social no puede ser establecida con criterios emanados de una hoja de cálculo. La ausencia de vocación de Cordero y su fama de celador del dinero, arrojan serias dudas sobre el interés o la sensibilidad de Calderón en este tema.
Patricio Patrón Laviada es “el malo” de esta tercia nombramientos. Su designación como procurador del medio ambiente parece una mala broma. En su periodo como gobernador en Yucatán fue cuestionado por el poder legislativo por su inclinación a la deforestación de la Península. Se entiende que pertenece al grupo político de Calderón, pero las siguientes generaciones no tienen la culpa de sus arreglos. Los hoteleros que combaten al manglar celebraban ayer el nombramiento de uno de los suyos como responsable de cuidarlos: el cliente a cargo de la cantina.
Tres cambios polémicos por una razón u otra. Sin duda, un “manotazo” del presidente a su propia administración. Para bien o para mal, será un gabinete más depurado, más calderonista. Lo de Mouriño en Gobernación es atrevido y retador; lo de Cordero en Sedesol es preocupante y amenazador. Lo de Patrón Laviada en el medio ecológico es, simplemente, indignante. (www.jorgezepeda.net)
01/16/08 2:35 PM - 12 comentarios
Es la primera vez en varias décadas que un Presidente coloca a su brazo derecho en la Secretaría de Gobernación. Mouriño se convierte de facto en un primer ministro con la triple función de ser el jefe operativo del gabinete; conducir la relación con los actores políticos (partidos, gobernadores y poder legislativo); y coordinar el aparato de seguridad nacional. Más
01/15/08 1:52 PM - 3 comentarios
Luego de la “renuncia” de Beatriz Zavala como titular de la Sedeesol, Calderón prefirió designar a alguien de confianza pero sin perfil para ocupar el puesto. Este martes nombró a Ernesto Cordero, un técnico puro sin experiencia. Su nombramiento preocupa a ONGS y al sector social. Ayudará a “despanizar” a la Sedesol, convertida en plataforma política del blanquiazul. Esperemos que Cordero no dirija el sector social desde su Excel. Más
01/13/08 11:00 AM - 3 comentarios
En los corrillos cibernéticos se afirma que 2008 ya fue designado “Año José Luis Cuevas”, porque pinta de la fregada. Los aumentos de precios, particularmente en alimentos básicos, serán la gran pesadilla en los próximos meses, y la recesión en Estados Unidos provocará un aumento del desempleo en nuestro país. Es poco lo que puede hacer Felipe Calderón dada la naturaleza externa de estas tormentas económicas, pero ciertamente podría hacerlo mejor.
Entre otras cosas podría tener un mejor gabinete, por ejemplo. En principio había pensado dedicar este espacio a una rápida evaluación de los secretarios de Estado a un año de haber iniciado su desempeño y comentar la necesidad de algunos relevos. El problema es que la gestión del gabinete se ha caracterizado por tal opacidad que la noción misma de una evaluación se dificulta por la ausencia de material a examinar. La administración pública se ha convertido en un inmenso vacío en los que están ausentes los logros, pero también los grandes fracasos. La única ventaja de “nadar de muertito” es que ni te desgastas ni te ahogas.
La necesidad de apuntalar la presencia de Calderón como “líder nacional”, llevó a Los Pinos a diseñar una estrategia de gabinete silenciado para que ningún secretario “robase cámara”. Éstos parecen habérselo tomado tan a pecho que no sólo no aparecen ante la cámara sino que han desaparecido de la escena pública. Gis y Trino seguramente podrían argumentar que buena parte del gabinete fue abducido desde hace tiempo.
Todos los comunicados a la opinión pública están reservados para el Presidente. Desde la reducción de cuotas en algunas casetas de autopistas, hasta la detención de algún capo menor del narcotráfico. Cada noche lo vemos en los noticieros en algún acto público ante empresarios o enfundado en un casco mirando con atención un nuevo transformador eléctrico. Ocasionalmente aparece un secretario de Estado a su lado, pero el conductor del noticiero nunca dirá su nombre. Las oficinas de prensa se aseguran de que la foto de alguno de ellos no llegue a las portadas de los principales diarios.
¿Sabe usted que Rodolfo Elizondo sigue siendo secretario de Turismo desde el sexenio anterior? ¿Recuerda el nombre de la secretaria de Energía? Por lo demás, no se trata simplemente de una cuestión de imagen. Los Pinos controlan mucho más que la foto de los responsables de los ministerios. Una gran porción de los subsecretarios fueron designados desde la Presidencia con el propósito de que no fueran miembros del equipo del secretario correspondiente. Los oficiales mayores, responsables de los dineros, responden directamente a la oficina de Camilo Mouriño, el brazo derecho del Presidente.
Los únicos secretarios a los que permiten alzar cabeza son Francisco Ramírez Acuña, en Gobernación, y a Agustín Carstens, en Hacienda, y por dos distintas razones. Ramírez Acuña opera como una especie de fusible ante las descargas políticas. Está allí para asumir los golpes que pudieran ir dirigidos contra el Presidente. El mejor ejemplo de ello fue la desastrosa difusión del primer Informe de Gobierno, cuando las cámaras de televisión cortaron a Ruth Zavaleta, perredista que presidía la Cámara de Diputados. La transmisión, como todos los actos oficiales del Presidente, es operada por una oficina que depende directamente de Los Pinos, sin relación con Gobernación, pero fue el secretario de este ministerio quien debió ofrecer disculpas públicas al PRD y a la opinión pública. Francisco Ramírez tiene la ingrata tarea de ser el punching bag de una política que se define en Los Pinos. Durará el tiempo que sobreviven los fusibles: hasta que alguna descarga excesiva termina por quemarlos.
El de Carstens en Hacienda es un caso distinto. Las cúpulas empresariales, nacionales y extranjeras, no se habrían tragado la noción del gran líder simplemente porque Calderón apareciera todos los días en la televisión. Requerían la certeza de que la economía sería conducida por un profesional de prestigio internacional. De allí la presencia pública de Carstens. Con todo, hay que insistir en que el ministro de Hacienda está muy lejos de fungir como lo hacía Francisco Gil Díaz, casi un vicepresidente del país durante el sexenio pasado.
Cualesquiera que hayan sido los motivos para mantener a un gabinete soterrado durante el primer año, la situación del país no está para medrar con la mediocridad de muchos para ensalzar las virtudes de uno, así sea el Presidente. El problema de fondo no fue la opacidad de los ministros sino la pobreza de sus perfiles. Calderón prefirió un coro de acompañamiento, incapaz de hacerle sombra. En el sexenio anterior Fox dejó al país en manos de sus ministros. Relaciones Exteriores o Hacienda fueron manejadas literalmente por la agenda personal de sus titulares. Ciertamente fue un exceso. Pero Calderón dio el bandazo al otro extremo y al hacerlo ha comprometido seriamente las capacidades de la administración pública.
El país necesita líderes en las posiciones claves; requiere de sus mejores hombres y mujeres para impulsar acciones y diseñar estrategias frente a los malos tiempos que se aproximan. Algunos ministros podrían dar el ancho a condición de que tengan el espacio de maniobra necesario. Otros podrían estar en posiciones distintas a las que fueron convocados (Javier Lozano sería más útil en otras tareas que no fueran la Secretaría del Trabajo o la de esbirro de Felipe para golpear a Marcelo Ebrard). Pero otros simplemente tendrían que dar paso a alguien que sepa hacerlo mejor. Lo último que necesitamos es un presidente que condene al país a cinco años de mediocridad simplemente para no mostrar que se equivocó.
PRECISIÓN. La semana pasada escribí que Juan Ignacio Zavala, cuñado de Calderón, había contratado a Daniel Moreno para W Radio, quien a su vez fue el funcionario que habría terminado el contrato de Carmen Aristegui. Zavala asegura que si bien él trabaja para el Grupo Prisa que opera W Radio, se desempeña en la editorial Santillana, y que es ajeno a la contratación de Moreno.
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