Archivo: diciembre, 2007
  • Arquitectura de la maldad

    Ser una persona decente no es cosa sencilla. Hace una semana sugerí la lectura de una media docena de libros para el paréntesis navideño. Ahora sólo hablaré de un volumen aún cuando no estoy seguro de recomendar su lectura. Se trata de un libro sobre la maldad, no obstante llevar por título Las Benévolas, escrito por Jonathan Littell.

    No es casual que esta novela se haya convertido en el libro del año en Europa y recibido el premio Goncourt, máximo galardón literario francés. Relata las memorias de Maximilian Aue, un funcionario de la SS a quien “le tocó” exterminar y torturar a enemigos políticos del régimen Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no se trata de una obra más sobre el Holocausto. Se trata más bien, y de allí la conmoción que este libro ha causado, de la manera en que el ser humano puede cometer las mayores atrocidades en nombre de la fe, el bien común o simplemente por la legítima necesidad de hacer su trabajo de manera correcta y eficiente.

    O como el propio autor lo señala en una entrevista al diario El País: “ocurre que muchos chicos y chicas de cualquier Estado americano eligen marcharse a Irak a torturar gente. Éticamente están muy confundidos, está claro. Pero se puede entender esta confusión cuando existen juristas que en ese país legitiman la tortura, ¿qué puedes esperar? Cuando se lesLEER MAS

  • Libros para el sosiego

    No es fácil dejar de hablar de los pecados capitales de la clase política y de los “sospechosos usuales” de la escena pública. De alguna forma las Gordillo y los “gober preciosos” se dan maña para inquietarnos aun en vacaciones. Pero haciendo a un lado lo que los villanos confabulen mientras festeja el resto de los mexicanos, me permito sugerir algunas lecturas para procurar el sosiego en el compás de espera navideño.

    Comienzo con La Carretera, del norteamericano Cormac McCarthy (Literatura Mondadori), autor del afamado libro Todos los hermosos caballos. Es un poderoso relato de sobrevivencia en un mundo destruido por la hecatombe nuclear, en el que un padre y su pequeño hijo marchan hacia el mar en busca de un posible paraíso. En el camino deben sortear toda suerte de penurias y a las bandas depredadoras en que se ha convertido una sociedad exclusivamente dedicada al despojo. Con todo, es un texto luminoso por la inquebrantable bondad del niño que impide a su padre ceder a la maldad a la que todos los seres humanos parecerían estar condenados. Un libro duro pero esperanzador, que nos recuerda el sencillo heroísmo que entraña mantenerse del lado de “los buenos”.

    Unos años antes, la recién galardonada con el Nobel Doris Lessing escribió un libro hermoso con un tema similar: Mara y Dann. Ella de nueve y él de cinco años de edad, emprenden unaLEER MAS

  • Instituciones endiabladas

    Hace unos días un reportero preguntó a Lydia Cacho si la decisión de la Suprema Corte a favor del “gober precioso” Mario Marín constituía una muestra palpable de que había que enviar al diablo a las instituciones. Lydia respondió que a su parecer el problema principal no estaba en las instituciones (aunque eran perfectibles) sino en las personas que dentro de ellas prostituyen su tarea.

    En otras palabras, no son las normas sino las personas (buenas y malas) quienes definen la calidad moral de las instituciones. Pero a la luz del hedor que desprenden órganos como el Congreso, la Suprema Corte o el IFE, uno tendría que preguntarse: ¿Hay condiciones para que una o un legislador honrado, un juez honesto, un ciudadano bien intencionado pueda hacer alguna diferencia? ¿Hay condiciones, incluso, para que se mantenga en su trinchera o el sistema termina por botarlo o cambiarlo?

    Alicia Elena Pérez Duarte la Fiscal Especial para la Atención de Delitos contra las Mujeres de la PGR, acaba de ofrecernos una respuesta. Renunció el viernes pasado por vergüenza profesional, luego de la decisión de la Corte. En el texto de su renuncia afirma: “La respuesta de los Ministros y Ministras en el caso de Lydia María Cacho Ribeiro, es un atentado a la dignidad y nos deja con la amarga sensación de que todavía estamos sometidos a poderes de grupos y redes queLEER MAS

  • Castañeda, el mercenario imprescindible

    Da la impresión de que el gobierno de Fox no dejó contento a nadie, o a muy pocos, pero por razones que difieren en cada caso. Con el libro La Diferencia de Jorge Castañeda y Rubén Aguilar, sucede exactamente lo mismo. La izquierda lo ha repudiado por la procedencia de los autores, colaboradores ambos del ex presidente, y por la lógica presunción de que se trata de una “defensa de Fox”. Por su parte, la derecha ha mostrado resquemores por la cantidad de trapos sucios sobre los modos de gobernar del presidente con botas. Ambos, izquierdas y derechas, tienen razón para justificar sus recelos, y eso resulta ya una razón para revisar este libro con atención.

    No considero que La Diferencia sea un libro dedicado esencialmente a justificar a Fox. En todo caso me parece que es un texto para justificar a sus autores. Ciertamente, a ratos parece un ajuste de cuentas de Castañeda y Aguilar con algunos personajes contra los que descargan fobias o resentimientos.

    En realidad, muchos pasajes me parecen más bien incriminatorios para el gobierno de Fox. Hay datos que no se conocían, o sólo se sospechaban, que confirman la manera en que el ex presidente boicoteo su propio proyecto por inconsistencia, frivolidad, por la incompetencia de sus colaboradores y/o la competencia entre ellos.

    El que busque chismes sobre los políticos no saldrá defraudado. El libro puede ser leído comoLEER MAS

  • La Corte: juzguemos a los jueces

    El viernes pasado, 36 horas después de que la Suprema Corte fallara a favor del gobernador Mario Marín, Lydia Cacho recibió la llamada de una niña aterrada. Se trataba de una de las víctimas de Succar Kuri y una testigo clave en el juicio que se sigue en contra del pederasta. “Nos van a matar”, dijo al teléfono entre balbuceos. Y razones de preocupación no le faltaban. Durante meses personeros de Sucar han presionado a la niña y a su madre con amenazas de toda índole para que se retracte del testimonio en el que describe las maneras en que fue abusada. Ha resistido el acoso porque abogados y defensores de derechos humanos le habían pedido confianza en la posibilidad de que se hiciera justicia. El viernes le dijo a Lydia, entre sollozos que le cortaban el aliento, que el perdón a Marín confirmaba que Succar tenía razón: tienen comprados a los jueces y al gobierno.

    Lo que han hecho los seis ministros de la Corte que fallaron a favor de Marín es preocupante y sospechoso por donde se le mire. Si alguna vez hubo una causa ciudadana era esta. Si alguna vez hubo algo que pareciera la confrontación entre “el bien y el mal” era ahora. No sólo porque se trataba de la represión artera de empresarios y políticos de poder en contra de una periodistas por haber denunciandoLEER MAS