11/11/07 4:07 AM - 46 comentarios

Los suicidios políticos de Andrés Manuel

El viernes pasado, en Tacotalpa, Tabasco, durante la visita de una nutrida comitiva de funcionarios a las calles devastadas por las inundaciones se suscitó una gritería entre las víctimas: “Se ve, se siente, Andrés está presente”, vitorearon los pobladores, y de inmediato, Francisco Ramírez Acuña, secretario de Gobernación levantó la ceja. Pero luego sonrió porque los saludos no estaban destinados a Andrés Manuel López Obrador, sino Andrés Granier, el gobernador del estado. En realidad, Andrés Manuel prácticamente “ni se vio, ni se sintió” durante la tragedia y sus secuelas, quien en ese momento se encontraba en Hidalgo.
Me resulta un misterio las razones por las cuales López Obrador esta inmerso en un proceso de destrucción de su patrimonio político. Resulta inexplicable que Felipe Calderón haya pasado más tiempo en Tabasco apoyando a las víctimas que el propio tabasqueño, quien reaccionó a la tragedia apenas el lunes pasado, 10 días después de iniciado el desastre. El hecho mismo de que “el presidente espurio” haya suspendido su gira al extranjero para la Cumbre Iberoamericana, mientras que el “presidente legítimo” apenas distrajo dos días de su gira por Veracruz, Puebla e Hidalgo para pasar menos de 48 horas en su propio estado, nos llevaría a preguntarnos si no estamos frente a un comportamiento suicida en términos políticos.
Tan pronto como las inundaciones en Tabasco adquirieron visos de que nos encontrábamos frente a la peor tragedia en la historia de ese estado, los asesores del Presidente comenzaron a evaluar las consecuencias políticas. Temían que El Peje pudiera convertir esta coyuntura en un escenario de confrontación entre los gobiernos “espurio” y “legítimo”; y demostrar que al menos en su tierra él era el verdadero presidente. Tales temores explican en parte la vertiginosa respuesta de Calderón, la cancelación de sus giras, y la presencia permanente de una porción del gabinete en tierras tabasqueñas en las últimas dos semanas. Pero Andrés Manuel ni siquiera se dio por aludido.
¿Qué habría pasado si las brigadas del movimiento lopezobradoristas se hubieran volcado a Tabasco? Nada impedía convocar a tres mil o cinco mil simpatizantes en el Zócalo capitalino y comprometerlos para pasar una semana en haciendo diques, habilitando carpas, rescatando víctimas. Era el momento idóneo para mostrar la capacidad de conducción de un verdadero líder social e impulsar una vigorosa manifestación de sociedad civil, similar a la que México experimentó durante los temblores de 1985. En lugar de eso, López Obrador fue tarde y poco a Tabasco, y en mi opinión, con la actitud equivocada. Recorrió un puñado de pueblos haciendo discursos sobre la corrupción en la CFE y en los gobiernos estatales, y ridiculizando los esfuerzos de Calderón, quien para entonces ya tenía más de una semana trabajando en la zona. En vez de meter el hombro para ayudar en la reconstrucción de vidas y patrimonios, se mostró como un político en búsqueda de ganancias
¿Dónde está aquél político carismático, imaginativo y práctico capaz de encantar a los propios y neutralizar a los adversarios? Incluso aquéllos que lo denostaban se veían obligados a reconocer su intuición política y su enorme habilidad para lograr avances aun en la adversidad. Ciertamente AMLO había cometido errores en sus mejores épocas (como su crítica tardía y floja a la corrupción de Bejerano y Ponce, su guerra a los medios de comunicación o su “cállate chachalaca”, por mencionar algunos). Pero invariablemente solía compensar tales errores con golpes de timón afortunados, anuncios de proyectos novedosos o alguna genialidad declarativa.
Sin embargo, a partir del 2 de julio parecería que todas decisiones que ha tomado han operado en su contra. Desde los plantones de Paseo de la Reforma y las críticas a sus representantes de casillas en la primeras semanas, hasta su auto designación como presidente legítimo, su apoyo tácito a las provocaciones del vocero Fernández Noroña o la guerra interna en contra de los legisladores de su partido, quienes están obligados a interactuar con el gobierno de Calderón.
AMLO ha encontrado una manera de hacerse opaco sin dejar de hacer cosas; ha sembrado el camino de piedritas para todo aquél que quiera seguirlo. Su rechazo a participar en el proceso electoral michoacano, pretextando una “intensa agenda”, es el mejor indicio de la marginación voluntaria en la que está empeñado. Si bien es cierto que su distanciamiento de los Cárdenas explica su ausencia en Michoacán, Andrés Manuel renunció de antemano a cualquier esfuerzo de hacerse indispensable para el triunfo en la entidad. Lo cierto es que la única gran noticia del PRD en los últimos 17 meses (el probable triunfo en la gubernatura michoacana cuyos comicios hoy se celebran) habrá de conseguirse no gracias a su líder moral, sino a pesar de él.
Sería objeto de una interpretación psicológica ahondar en los motivos que impulsan un comportamiento que a mi juicio parecería auto destructivo. Probablemente obedecen al grado en que el resentimiento y el desengaño pesan aun en su ánimo. En otra ocasión señalé que habría que reconocer el comportamiento responsable de AMLO, quien desalentó expresiones violentas entre sus seguidores ultras, luego de la derrota. Pero el resentimiento pasivo y marginado de López Obrador tampoco ayuda al país.
La democracia mexicana requiere de líderes sociales capaces de convertir en causas las enormes desigualdades e injusticias que nos aquejan. Lo único que puede salvarnos de una eventual ruptura social es la canalización continua de nuestras deficiencias para que se conviertan en presiones continuas sobre el sistema y lo obliguen a cambiar y mejorar. Para ello es fundamental que los sectores desprotegidos cuenten con líderes capaces de provocar tales transformaciones. La automarginación de López Obrador no es una buena noticia. El verdadero peligro para México es que los líderes sociales de oposición se autoexilien de la política y renuncien a la posibilidad de impulsar los cambios. ¿Ha renunciado ya Andrés Manuel sin decírselo ni siquiera a sí mismo?

46 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 11/11/07 4:07 AM.

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11/4/07 4:18 AM - 35 comentarios

Tabasco, corrupción y desidia

En junio de 2007 el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, extrajo 67 millones de pesos del “fondo de imprevistos”, destinados a emergencias sociales, para subsidiar a Televisa en la realización de un evento de la empresa llamado Espacio 2007. La desviación de recursos seguramente se tradujo en un importante avance de la carrera del gobernador en materia de relaciones públicas, pero privó a los jaliscienses de un recurso significativo para enfrentar inundaciones y deslaves (que los hubo).

El comportamiento de González Márquez es, por desgracia, bastante común. Los gobernadores y presidentes municipales suelen usar estos fondos como una caja chica para solventar los “imponderables” de su agenda política. La tragedia de Tabasco es sin duda resultado de un fenómeno climatológico; la precipitación pluvial en un lapso de cuatro días ha sido la más alta de la que se tiene registro. Sin embargo, el impacto devastador que eso ha provocado se alimenta en gran medida de la irresponsabilidad acumulada de autoridades estatales y federales.

Tabasco es con mucho la entidad que más recursos ha recibido para obras de infraestructura de prevención. Luego de las severas inundaciones de 1999, se destinaron casi 2 mil millones de pesos para impedir que sucediera lo que hoy, ocho años después, se desató sobre la población. Habría que exigir una investigación para ver cuánto de ese dinero fue utilizado en campañas políticas (presidencial de Roberto Madrazo, estatal de Manuel Andrade, gobernador de 2001 a 2007). Un reporte de Pemex al poder legislativo afirma que entregó 684 millones para obras en los dos últimos años del gobierno de Madrazo, pero nunca recibió las auditorías correspondientes cuando se advirtieron aplicaciones irregulares.

En 2003 fue creado el PICI (Proyecto Integral de Control de Inundaciones) entre la Conagua y el gobierno estatal, con inversión de 2 mil 60 millones de pesos, para resolver definitivamente “las inundaciones sistemáticas, principalmente en la ciudad de Villahermosa”. Conagua aseguró entonces que para 2006, cuando el proyecto concluyera, se habrían evitado daños por 16 mil millones de pesos. Los daños que dejarán las inundaciones en 2007 seguramente superarán tales topes.

La desviación de recursos no es el único problema: la negligencia y la irresponsabilidad son notorias. Un reporte de Hacienda de los primeros nueve meses del año, establece que 50 obras hidráulicas en la capital de Tabasco y en varias cabeceras municipales no se habían iniciado, pese a que las autoridades locales tenían asignados los recursos.
Por su parte, los tabasqueños suelen responsabilizar al gobierno federal. Y argumentos no les faltan. Se quejan de que el sistema de presas sobre el río Grijalva y otros afluentes fue construido y es administrado con el propósito esencial de optimizar la generación de energía eléctrica, sin contemplar criterios de seguridad de la población. Según estas versiones, en las últimas semanas CFE había acumulado demasiada agua en las presas, de acuerdo a sus esquemas de generación de energía, y frente al diluvio simplemente abrieron compuertas para evitar daños en sus instalaciones.
Estas diferencias de opinión, cargadas de resentimientos, afloraron el viernes pasado en la reunión de Calderón y el gobernador actual, Andrés Granier. Mientras que el presidente aseguró que se trata de una tragedia provocada por “la enorme alteración climática”, el gobernador insistió en que la magnitud del desastre se debe a la falta de voluntad política para invertir en un plan integral y en el dudoso manejo de las agua en la presas. Al final de la reunión cada uno se retiró por su lado.

Más allá de que la desgracia que padecen los tabasqueños amerita una investigación sobre el uso que se dio a los recursos, la devastadora inundación podría ser un parteaguas histórico en la conciencia de los mexicanos en materia de prevención y en políticas sobre medio ambiente.
El problema de la “democracia” superficial por la que el país transita, es que la clase política carece de premios e incentivos para destinar esfuerzos a obras de largo plazo. Las autoridades federales, estatales y municipales se limitan a proyectos capaces de cuajar y producir beneficios políticos en el lapso de dos a cuatro años. Para un presidente municipal es más redituable para efectos electorales construir un espectacular paso a desnivel en Monterrey o Guadalajara, que dejar el subsuelo horadado para la construcción de un sistema de Metro subterráneo cuya conclusión tomaría una década. Lo cual explica el lamentable sistema de transporte público que padecen ambas metrópolis, para citar un ejemplo.

Las obras de prevención y las inversiones en temas ecológicos poseen una tasa cero de retorno político. Nadie percibe el mérito de una tragedia que logró evitarse. Convertimos en héroes a los que anotan goles o a los porteros que los detienen de manera espectacular. Sólo los conocedores saben que los verdaderos héroes son los jugadores que dominan el medio campo y evitan que se generen situaciones de peligro para su meta.
La opinión pública tendría que comenzar a interesarse en proyectos y funcionarios que de manera callada trabajan en los largos plazos. El huracán Wilma de 2005 en Cancún, las inundaciones en Chiapas de los últimos años, la tragedia de hoy en Tabasco y las inminentes sequías crónicas del norte del país, nos confirman que, en efecto, el cambio climático llegó para quedarse. La mayor parte de la población mexicana vive en condiciones geográficas terriblemente frágiles frente a los incidentes naturales. El planeta ha cambiado; nosotros también tendríamos que hacerlo o nos convertiremos en “clientes” cautivos de los desastres naturales que con toda seguridad aumentarán en intensidad y frecuencia.

En primera instancia es una tarea de las autoridades, y habrá que exigirles en consecuencia. Pero en última instancia es responsabilidad de la opinión pública. Es plausible la gran solidaridad de los mexicanos que se ha volcado en apoyo de los tabasqueños. Ojala hagamos lo necesario para que ni ellos, ni otros, vuelvan a pasar por este infierno que podría haberse evitado. Particularmente sabiendo que gran parte de esa tragedia habría sido ocasionada por la corrupción.

35 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 11/4/07 4:18 AM.

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