08/25/07 4:31 AM - 4 comentarios

La otra devastación de Dean

El paso del Huracán Dean no sólo dejó una estela de desolación a su paso por diez entidades de la geografía nacional. También constituyó una especie de tomografía de la sociedad mexicana, radiografía que revela un panorama preocupante en asuntos tan distintos como la política y el periodismo.

Felipe Calderón abandonó su gira por Canadá, para montarse en la cola de Dean y recorrer personalmente tierras y calles devastadas. Durante dos días los medios de comunicación nos inundaron con la imagen de un Felipe con pantalones arremangados y cachucha militar enfundada, hablando con damnificados, ofreciendo consuelo, manoteando al aire para proferir órdenes perentorias a funcionarios y empleados azorrillados. En una menor escala, como una copia en pequeño, cada gobernador hizo lo propio en sus respectivas entidades.

Las tragedias de grandes proporciones se han convertido en un asunto incómodo para los políticos y sus carreras. George Bush debe una porción importante de su impopularidad a la negligencia con que reaccionó ante la inundación de Nueva Orleáns cuando fue azotada por el huracán Katrina. El desdén casi criminal que el presidente estadounidense mostró y la factura política que ha pagado desde entonces, se han convertido en una moraleja de la que han tomado nota todos los mandatarios del mundo.

En ese sentido, puede entenderse la urgencia de Calderón para “mojarse” en la trinchera y dejarse inundar por el drama personal de las víctimas. De alguna forma tenía que hacerlo para evitar la crítica fácil que lo habría acribillado de haberse quedado en Canadá. Tampoco puedo descartar el alivio que debe significa para una familia que ha perdido todo poder hablar con el presidente (aunque la mayoría de las veces sirva para nada). Pero el problema con este tipo de giras “solidarias”, es que terminan por convertir la tragedia ajena en mera escenografía política. Hay un uso propagandístico cuestionable pues convierte el dolor de los otros en un montaje para medrar políticamente.

En Veracruz, que tendrá elecciones el próximo domingo, el abuso fue escandaloso. La clase política local hizo del drama de los damnificados una extensión de las campañas electorales. Bolsas de despensa descargadas por los programas de ayuda federal, fueron reempaquetadas en cajas rojas para asociarlos al color y la tipografía de la campaña priista. En la gira presidencial por la entidad los organizadores intentaron saltarse comunidades con predominio perredista sin considerar la gravedad de los daños sufridos; en un acto de la gira, el Estado Mayor tuvo que quitar una manta colocada detrás del estrado que rezaba “Fidel Veracruz” (en clara alusión a uno de los lemas de campaña).

Tendríamos que preguntarnos si el presidente y los gobernadores no serían más productivos en estas coyunturas concentrados en las “cabinas de mando” para orquestar a las distintas oficinas involucradas, para desatorar los trámites, para tomar decisiones estratégicas. Hacer visita de campo es loable, pero tiene más resultados publicitarios que prácticos. Después de todo, las zonas dañadas son tan amplias que los mandatarios terminan visitando simplemente un botón de muestra. Pero son visitas que tienen un costo de oportunidad. Mientras están allí, carecen de la visión de conjunto y, peor aún, quitan el tiempo a los responsables de las oficinas decisivas. Y es que los directores de las distintas áreas tienen que hacer de coro y dama de compañía del jefe de gobierno.

En Quintana Roo vimos a la titular de la Secretaría de la Sedesol tratar de seguir el paso de Calderón, enfundada en su traje sastre, entre los charcos inmensos y desiguales que dejó Dean en la zona maya. Su mayor preocupación en ese instante no era la tintorería (como la prensa de “mala leche” llegó a decir), sino el hecho de traer incómodas zapatillas de tacón. Uno tendría que preguntarse si en lugar de chapotear en los manglares “por si se le ofrece algo al presidente”, Beatriz Zavala no hubiese sido más efectiva coordinando los esfuerzos de las diversas oficinas de la Sedesol, desde una sala de juntas en el Distrito Federal o en la delegación regional. Sólo allí habría tenido pleno control de los recursos y la información, para movilizar la ayuda con oportunidad y eficacia.

La logística que supone un desplazamiento presidencial a una zona devastada quita recursos, distrae al personal, desplaza infraestructura de comunicaciones para cumplir las exigencias de seguridad y movimiento del primer mandatario. Sin embargo, la búsqueda de la foto solidaria es una tentación irresistible para todo político, particularmente para uno que, como Calderón, está urgido de reconocimiento popular.

La cobertura de los medios periodísticos no sale mejor parada que la de los políticos. La televisión optó hacer un despliegue presuntuoso de recursos, de su red de corresponsales, aunque todos estuvieran diciendo prácticamente lo mismo: el boletín de las autoridades locales aderezado con un par de testimonios de la población. Igual que Calderón, los principales conductores de noticieros fueron “a tomarse la foto” y transmitir desde el lugar de los hechos con el pelo despeinado por “los vientos huracanados”. Pero en todo ese despliegue carecieron de un buen especialista que explicara la naturaleza del fenómeno, sus alcances y su impacto (como lo hizo CNN, por ejemplo). Fue una cobertura basada en tres ingredientes: entrevistas aisladas a algunas víctimas, reportes de las autoridades sobre lo “bien preparados que están” y recolección de imágenes de casas y calles inundadas. Nada sobre los problemas de fondo, sobre la evaluación real de los daños, la manipulación de los programas de ayuda o la falta de preparación e infraestructura para enfrentar este tipo de desastres. Y desde luego, nada sobre el uso político de este tipo de tragedias.

Ahora que Dean se ha disipado el impacto de otros daños igualmente graves comenzará a padecerse. La agricultura, las comunicaciones, la infraestructura, las actividades turísticas han resultado severamente afectadas y representan un serio descalabro en la vida de millones de personas en la región. Ojala los políticos y los periodistas mantengan el grado de preocupación que mostraron mientras la nota ganaba raitings y acaparaba la atención. Lo dudo.

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08/19/07 4:09 AM - 2 comentarios

PAN y PRD, el poder y las convicciones

Los partidos se están partiendo. El PRD termina hoy un congreso que casi lo divide en dos. En el Partido Alternativa Patricia Mercado, ex candidata presidencial, le disputa a Alberto Begné el liderazgo. Y a lo largo de la semana se dio a conocer que un grupo de panistas prepara la formación de un nuevo partido, pues algunos militantes están en inconformes con la tibieza del PAN actual y su falta de compromiso con las posiciones conservadoras ¿Qué es lo que está detrás? ¿Meras luchas por el poder entre dirigentes ambiciosos o verdaderas disputas ideológicas que ponen en juego las convicciones?

La historia, el tipo de liderazgo y su vinculación con la sociedad hacen del PAN y el PRD partidos diametralmente opuestos en muchos sentidos. Sin embargo, en el surgimiento de corrientes cismáticas puede advertirse dos elementos comunes. Por un lado, las ambiciones de poder de grupos y fracciones que carecen del control y aspiran a un mayor protagonismo. En todas las corrientes perdedoras alienta siempre la tentación de emprender camino por derroteros propios, bajo el principio “mejor cabeza de ratón que cola de león”. Claro, no sin antes agotar todas las posibilidades de convertirse en la melena del león.

Pero en las corrientes secesionistas hay también argumentos plenamente legítimos, y no sólo ambiciones y frivolidades personales. Ambos, PRD y PAN enfrentan coyunturas que exacerban sus conflictos ideológicos. Y se vale. Hay muchos militantes, en ambos partidos, que están en la política para defender valores y principios; convicciones y no sólo posiciones. Si el partido al que pertenecen es incapaz de recoger e impulsar sus concepciones ideológicas y políticas, están en todo su derecho de amenazar con la ruptura y, de ser el caso, emprender su propio camino.

Las circunstancias han colocado en la encrucijada a muchos de los militantes del PAN y del PRD. El primero en razón de su éxito, el segundo en razón de su derrota. Desde luego para el PRD el escenario es más apremiante (la derrota siempre es menos “gestionable” que la victoria). La corriente que encabezan “Los Chuchos” tiene toda la razón cuando advierte que el futuro inmediato del PRD pasa por una vinculación responsable con el entramado institucional, lo cual se traducirá, tarde o temprano, en una relación profesional con el gobierno de Calderón, para escándalo de los lopezobradoristas. Y digo que tienen razón, porque es evidente que un boicot sistemático del PRD en las Cámaras y otros espacios, provocará el repudio de la opinión pública y, eventualmente, su debacle en las siguientes elecciones.

Pero la corriente de López Obrador también tiene razones de peso. Una porción importante de la población está desencantada con los procesos electorales y con la incapacidad crónica del sistema para ofrecer justicia. Lo que ha sucedido en Oaxaca es revelador: el gobernador Ulises Ruiz no sólo ha quedado sin castigo, mientras los luchadores sociales fueron castigados en Almoloya; además consiguió el carro completo en comicios en los que sólo votó el 25 por ciento del electorado. Participar en procesos “institucionales” de este tipo equivale a legitimar el engaño y la “democracia simulada”. Para esta corriente del PRD establecer relaciones con el gobierno de Calderón es moralmente inaceptable no sólo por su origen fraudulento, sino también por su complicidad y padrinazgo en situaciones reprobables como Atenco, Oaxaca o Puebla. Algo similar sucede en las Cámaras. Los proyectos de ley enviados por Calderón tienen como propósito, a los ojos de este grupo, hacer malabares para favorecer a los sectores privilegiados. Al carecer el PRD de la fuerza necesaria para modificar o neutralizar tales proyectos, la opinión de AMLO es que la participación de la izquierda simplemente legitima tales resoluciones.

No sé si el PRD termine fragmentado. Lo cierto es que hay una disputa de fondo que es genuina, porque confronta dos posiciones políticas diametralmente opuestas frente a la coyuntura. En última instancia atiende a visiones distintas sobre la manera de levantarse de la derrota y convertirse en una fuerza política decisiva. No será fácil que logren conciliarlas.

EL PAN también acusa diferencias crecientes. Los grupos más conservadores se muestran cada vez más impacientes por la falta de compromiso de Calderón con algunas premisas ideológicas y, en general, con el reparto de poder. Muchas de estas corrientes están en la política para modificar temas de salud pública, educación, acción social e inseguridad pública de acuerdo a posiciones dictadas por su doctrina y sus convicciones ideológicas; hasta ahora no lo han conseguido. Pero no es probable que la mayor parte de estos grupos abandone al PAN. Primero, porque si bien es cierto que Calderón no les ha permitido tomar el control, les ha proporcionado posiciones estratégicas. Por otro lado, dentro del PAN han conquistado entidades como Querétaro y Jalisco que han convertido en verdaderos bastiones.

En la disputa entre los grupos que encabezan Patricia Mercado y Begné, en Alternativa, también se juegan temas de fondo. Ella encuentra inaceptable las alianzas electorales con el PRI, un partido que representa todo lo contrario de las razones que dieron vida a Alternativa. Begné en cambio, ve estas alianzas como imprescindibles para el crecimiento de su partido. Ambos tienen razón.

El forcejeo al interior de los partidos remite al eterno conflicto entre medios y fines en la política. Antes de trivializar o frivolizar tales disputas habría que entender que están en juego mucho más cosas de fondo. Calderón, la corriente de Los Chuchos o Begné, privilegian la coyuntura y los resultados inmediatos. López Obrador, Patricia Mercado o los grupos de ultra derecha hacen honor a sus convicciones, a sus principios. ¿Podrán los partidos conciliar los medios con los fines o terminarán escindidos? ¿Y el PRI? Bueno, el tricolor tiene la enorme ventaja de que para sus militantes todo se remite a los medios, no a los fines. No hay convicciones de fondo que les estorben.

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08/12/07 11:34 AM - 21 comentarios

Carta urgente a Elba Esther Gordillo

Sólo usted puede salvarse a sí misma. Hace diez años era considerada una líder sindical poderosa sí, pero atípica, colaboradora del Grupo San Ángel, interesada en la apertura política del país, amiga de muchos personajes progresistas y de corrientes democratizadoras. Hoy en día, en cambio, la opinión pública la percibe como el villano número uno de México, la imagen favorita de los caricaturistas para ilustrar la corrupción y la democracia abortada. Ha desplazado a Carlos Salinas como el sospechoso usual de los males políticos que aquejan al país, sea por razones ciertas o inventadas. Su máscara desplazará muy pronto a la del ex presidente como motivo de chunga y mofa de lo más odiado y representativo de los males del sistema.

Esta imagen de villana favorita está a punto de hacerse irreversible. Está pasando a la categoría de mito construido colectivamente. Existe un punto de no retorno tras del cual no importa qué se haga, todo termina por acentuar y galvanizar la leyenda. Tal comienza a ser su caso. Su campaña de anuncios con su voz y rostro para divulgar avances en la educación, no hacen sino acrecentar la animadversión del público, que no cree en lo que se anuncia pero advierte el uso de recursos sindicales con fines personales. Sus recientes declaraciones para descalificar a Josefina Vázquez Mota como cabeza de la SEP, provocó el consenso de tirios y troyanos, quienes en un alud de artículos y programas de radio y TV repudiaron lo que fue percibido como una táctica burda para hacerse del control total de la Secretaría. A partir de ahora todo lo que usted haga, al margen de sus propósitos, está condenado a generar sospechas y repudio.

¿Qué convirtió a la Maestra en la Darth Vader de México? La clave está en la traición de Madrazo a fines del 2003 y lo que usted hizo luego para sobrevivir. En su carácter de líder de los diputados del PRI, había negociado la aprobación de un incremento en el IVA para dotar al gobierno de los recursos fiscales imprescindibles para sanear las finanzas públicas. Era una decisión valiente: al margen de que estemos de acuerdo o en desacuerdo sobre la pertinencia de tal impuesto, hay que admitir que no era fácil para una líder sindical empujar una medida impopular. Probablemente usted estaba convencida de que eso era lo mejor para el país. Muchos dirán que en realidad usted se vendió a Fox por cálculo político. Pero no es tan claro, o por los menos hay margen para la duda: Fox andaba por la mitad de su sexenio y los aires ya favorecían la causa de López Obrador. Lo que sucedió después todos los sabemos: Madrazo se arrepintió en último momento y decidió echarle a usted la culpa y sacrificarla.

En los siguientes años usted ha impulsado una cruzada, primero para sobrevivir y luego para acrecentar su poder. Hizo alianzas, se convirtió en factor decisivo en el triunfo de Calderón y exigió el cobro de facturas. El problema es que no ha sabido cuando y donde detenerse.

Venció a sus enemigos, pero en el proceso provocó los odios de muchos. Usted representa una amenaza prácticamente para toda la clase política. El PRI y el PRD padecen sus embates para favorecer al PAN en los procesos electorales; harán todo lo necesario para disminuirla. Para el PAN es una piedra en el zapato; una aliada vergonzante que incomoda a muchos militantes. Para el presidente Calderón ha pasado de ser un matrimonio de conveniencia para convertirse en una amante impresentable. Difícilmente hay un gobernador que quiera enemistarse con usted. Pero de igual forma hay muy pocos que quisieran tomarse la foto o ser vistos como aliados incondicionales. Su beso político puede ser el beso de la muerte. Nadie se atreve a desafiarla, pero a sus espaldas resienten su poder y divulgan su mala imagen.

Sólo usted puede salvar a Elba Esther Gordillo. Eso sólo será posible pasando a la historia como la protagonista de una verdadera revolución educativa del país. Sólo usted está en condiciones de utilizar el enorme poder del sindicato para producir una sacudida desde adentro. Usted nunca será presidenta de México, ni le será concedida la titularidad de la SEP. Enriquecerse más tampoco debe ser un aliciente a estas alturas de su fortuna. Arrancar mayores privilegios para un sindicato cuyos miembros concentran el 90% del presupuesto de educación y cobran el equivalente a 466 días al año y descansan en 90, mientras la educación se deteriora, sólo aumentará el resentimiento hacia su gremio. De porfiar en esos caminos, simplemente garantiza la satanización de su nombre. Con altas probabilidad de que tras su muerte, tarde o temprano, un nuevo líder busque limpiar la imagen del sindicato tumbando estatuas y repudiando su memoria. Ya de por si, la disidencia sindical le acusa de represión y asesinatos.

¿Por qué no encabezar una revolución de proporciones “vasconcelianas”? Sin duda eso significaría romper candados y privilegios gremiales que impiden mejorar la calidad del magisterio. Pero justamente para eso es el poder. Su habilidad y su oficio político permitirían conducir un proceso paulatino de modernización y profesionalización sin perder el control de los instrumentos para conseguirlo. Las características de Josefina Vázquez Mota incluso son propicias para la tarea, porque es una de las pocas figuras “fuertes” del gabinete y una de las panistas con menos carga ideológica y/o con mayor apertura.

Una revolución educativa no resulta cosa fácil, pero es el momento de hacerla. La Nación entera apoyaría una cruzada de este tipo, a condición de que sea auténtica y no una maniobra para ganar protagonismo o ampliar parcelas de poder. Sería un proceso lento y necesita el apoyo de muchos. Eso significa dejar de ser una amenaza y convertirse en motor de las buenas causas. Algo a lo que usted jugó a ser hace algún tiempo y abandonó en el camino. No estoy seguro que pueda lavar su imagen, pero la educación merece el intento.

21 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 08/12/07 11:34 AM.

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08/5/07 2:35 PM - 7 comentarios

Sobre SLIM, información que confirma

En la columna de abajo yo comentaba que lo ofensivo no era que hubiese ricos en México sino la manera en que se han enriquecido y la velocidad con la que lo están haciendo. Hoy lunes la prensa internacional justamente lo muestra. Fortune y Wall Street Journal señalan que nadie en el mundo está creciendo a la velocidad de Slim y que la manera en que lo hace constituye una limitación para el desarrollo de México.
Agradezco los comentarios realizados al artículo sobre los millonarios de México, los opinadores han hecho un excelente debate.
Las notas sobre Slim pueden consultarse en unafuente.com

7 comentarios » Archivado en Apostillas por Jorge Zepeda Partterson a las 08/5/07 2:35 PM.

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08/5/07 3:15 AM - 13 comentarios

Los millonarios de México

Mario Villanueva, el infame ex gobernador de Quintana Roo, solía decir que aquel que no se hacía millonario en Cancún simplemente es porque era un pendejo. Una frase hermana de otra muy célebre de Hank González, también ex gobernador: “Un político pobre, es un pobre político”. Bajo ese criterio, su hijo Jorge Hank Rohn, quien el día de hoy compite por la gubernatura de Baja California, debe ser un verdadero estadista, si consideramos que su fortuna asciende a más de mil millones de dólares y este año podría duplicarse.

No tengo nada en contra de los ricos, salvo quizá un poco de envidia. Lo que si me molesta son las razones por las cuales muchos de ellos se han enriquecido y la velocidad ofensiva con que lo están haciendo, mientras el resto del país se encuentra paralizado o en franco retroceso. Hace unos días se dio a conocer que la fortuna de Carlos Slim equivale a 10 por ciento del PIB de México; eso representaría algo así como la mitad del presupuesto que ejerce el gobierno de Calderón en un año. ¡La mitad! Asumiendo incluso que en estas comparaciones se hacen cuentas generosas de las acciones de Carso y que se suman peras con manzanas, las proporciones de bulto son útiles porque justamente permiten aquilatar la desproporción de la situación.

Tendríamos que remontarnos al porfiriato para encontrar fortunas privadas capaces de rivalizar con el mismísimo Estado mexicano. Luis Terrazas el millonario gobernador que antes de la Revolución afirmaba que él no era de Chihuahua sino Chihuahua era de él, palidecería de envidia frente al peso que representan Slim y algunos de sus colegas en la sociedad mexicana.

En lo personal tampoco tengo algo en contra de Slim, Azcárraga o Lorenzo Zambrano. Probablemente no son ni mejores ni peores que muchos mexicanos de a pie. Si no fueran ellos serían otros. Slim y muchos millonarios de origen libanés no han hecho más que poner en operación sus milenarios códigos genéticos de origen fenicio, y tomado provecho de las condiciones que ofrece México. Bien por ellos o por los descendientes de vascos y de gallegos que hicieron imperios tras décadas de esfuerzos personales.

El problema no son ellos, ni las docenas de multimillonarios de origen netamente “mexicano”, que por supuesto los hay. El problema es que el país ha entrado en una espiral incontrolable a raíz de la cual las desproporciones se han disparado. Paradójicamente, la transición mexicana que hoy tenemos ha acentuado el “empoderamiento” de los ultramillonarios.

El presidencialismo mexicano tenía dos ventajas respecto a este fenómeno (y muchos otros defectos, por supuesto). Primero, que cada sexenio inauguraba sus propios millonarios consentidos, normalmente en detrimento de otros. Esto provocaba muchas veces de manera involuntaria una especie de equilibrio o ley de compensación que impedía el crecimiento desproporcionado que hoy experimentamos. Por otra parte, estos equilibrios no siempre eran “involuntarios”. Los mandatarios solían recelar de una excesiva concentración de poder en manos de un solo empresario y desde luego tenían maneras de acotarlo.

Hoy no es así. Para llegar y mantenerse en la presidencia los políticos necesitan del apoyo antes, durante y después de parte de los dueños del dinero. Alguno de ellos, como Roberto Hernández, ex dueño de Banamex, se ha convertido en padrinos personales de Zedillo, Fox y Calderón tanto en las campañas como en la protección de los intereses de la familia presidencial (lugares de veraneo, viajes, por decir lo menos).

La agencia Reuters señalaba en junio pasado que la Bolsa Mexicana de Valores ha sido una máquina imparable de hacer dinero durante los últimos cuatro años. El índice de la Bolsa entre 2003 y 2006 se elevó en 325 por ciento; en el mismo lapso el PIB en México creció apenas un 30 por ciento. Más allá de las peras o manzanas, el hecho remite a un dato brutal: la economía de los ricos creció 10 veces más rápida que la del reto del país. Es decir, se ha acelerado la velocidad con que crece la brecha de la desigualdad.

Tener al hombre más rico del mundo no es una buena noticia para los mexicanos, por más que algún imbécil esté dispuesto a celebrarlo en el Ángel de la Independencia en un alarde de orgullo patrio. Que no exista un alemán, un japonés, un inglés o un francés más rico que alguno de nuestros ricos pese a la potencia de esas economías, es un síntoma de lo mal que funciona la nuestra.

El poder de estos núcleos empresariales es de tal magnitud, que se han vuelto más poderosos que las instituciones formales o la clase política que podría contenerlos. El caso del Fobaproa mediante el cual el gobierno operó el rescate de una banca arruinada haciendo más ricos a los empresarios responsables, es un claro ejemplo de ello.

El poder que concentran los grandes empresarios es tal que pareceríamos encontrarnos en un proceso irreversible, a través del cual se han hecho invulnerables, pues tienen la capacidad de neutralizar todo aquello que atenta contra su preeminencia y expansión. Podemos festejar el “triunfo democrático” que representó la cancelación de la Ley Televisa, luego de una larga batalla. Pero podemos estar seguros de que a la postre las futuras concesiones quedarán en alguno de los veinte principales empresarios del país.

Uno puede asumir o rechazar que el año pasado los empresarios fueron decisivos para que Calderón y no López Obrador hubiera llegado a Los Pinos Si lo fueron o no es un tema sujeto a discusión (y trasciende los límites de este artículo). Lo más delicado es que, al margen de lo que cada uno crea que pasó aquel 2 de julio, hoy en día están en condiciones de serlo. El poder desmesurado de nuestros millonarios comienza a constituirse en un asunto que va más allá de inspirar envidia. Atenta contra el fundamento mismo de la democracia que aún no tenemos y, que a este paso, nunca tendremos.

13 comentarios » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 08/5/07 3:15 AM.

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