-
El aborto y el debate que no se vio
Con el tema de la despenalización del aborto sucede lo mismo que aseguraba la propaganda de la película Alien vs. Depredador: “no importa quien gane, nosotros ya salimos perdiendo” (citado por José Harbin, ilustre bloguero). Y en efecto, el debate que se ha dado con motivo de esta nueva ley deja atrás a una sociedad dividida y, en muchos casos ofendida. Más que un debate lo que vimos fue un linchamiento público entre ambos bandos que se acusaron mutuamente de asesinos o fascistas, según el caso.
Los medios de comunicación hicieron muy poco para favorecer un debate civilizado. Por un lado, porque la lógica del raiting o la circulación siempre hace más impactante la difusión de las posiciones extremas. Es más espectacular invitar a dos ponentes radicales para que discutan acaloradamente posiciones irreductibles, que convocar a dos personas inteligentes y tolerantes que puedan entender las razones que llevan al otro a pensar diferente. El debate entre los radicales de ambos lados suele terminar en descalificaciones e insultos, e invariablemente deja la sensación en la opinión pública de que no hay posibilidades de avenimiento en las diferencias, sino saldos en términos de victorias y derrotas, con la consiguiente secuela de odios y revanchas.
Por otro lado, los medios de comunicación también introdujeron su propia agenda. Sea porque su ideología de izquierda o derecha les impulsó a favorecer una u otra posición, o simplementeLEER MAS
-
Los medios y el aborto. La otra batalla
El tema del aborto ha dado motivo para todo tipo de excesos declarativos, debates encendidos entre la clase política y buena parte del espectro ideológico. Pero también ha enseñado el cobre y el oro de los medios de comunicación. Una vez más, Televisa no ha salido muy bien parada que digamos. En sus noticieros la cobertura ha mostrado aparentemente “los dos lados”: por un lado, la Iglesia, el PAN y los manifestantes de la sociedad civil que se oponen a la legalización del aborto (desde Pro Vida hasta la Asociación de Abogados Católicos); del otro lado, ha reporteado las declaraciones de los asambleístas del PRD con sus argumentos a favor de la nueva legislación.
Una cobertura “neutral” y supuestamente plural. Pero sólo en apariencia. La distorsión de Televisa es tan sutil que cuesta verla. En su mensaje parecería que es la sociedad en su conjunto la que se opone al aborto, en contra de funcionarios del PRD. En las noticias transmitidas no aparecen las organizaciones de mujeres, y en general de ciudadanos, que defienden el derecho a abortar. Las movilizaciones y manifestaciones han sido más numerosas de los que están a favor de los que están en contra, pero sólo estas últimas son mostradas en televisión.
La consulta Mitovsky o las menciones a las encuestas brillaron por su ausencia, quizá porque en todas ellas el saldo no favorece a lasLEER MAS
-
Narcovideos y el peligro de informar
Los textos delirantes del surcoreano Cho Seung Hui podrían convertirse en profecías fatales: “muero como Jesucristo, para inspirar a generaciones de débiles e indefensos”, afirma el verdugo de la Universidad de Virginia, en un texto difundido por la NBC. Y en efecto, todo indica que legiones de débiles mentales e indefensos emocionales podrían hacer de este psicópata un personaje de culto y, peor aún, un motivo de imitación. En los últimos días varias universidades norteamericanas han tenido que cancelar actividades por la oleada de amenazas que emuladores del surcoreano han lanzado, prometiendo de matanzas de igual o mayor magnitud.
La tragedia del Tecnológico de Virginia revela de manera brutal la descomposición de valores y la entronización de la violencia en la cultura moderna. Las razones son muchas y demasiado complejas para ser abordadas dentro de los límites de un artículo. Pero hay un debate urgente y puntual que deja esta tragedia: ¿Deben los medio de comunicación abstenerse de difundir videos y materiales proporcionados por los agresores y victimarios?
No es un tema sencillo. Las redacciones de los periódicos y noticieros de televisión en México están divididos por esta pregunta. ¿Qué deberíamos hacer con el próximo video que los narcos difundan sobre alguna ejecución? ¿Publicamos la foto de una cabeza degollada? ¿Damos a conocer la nota intimidatoria que dejan clavada en el cuerpo de su víctima? Las razones que tienen los narcos paraLEER MAS
-
El crimen de Amado y la justicia a modo
Es muy pronto para saber quiénes y por qué mataron a Amado Ramírez, pero ya han pasado demasiadas cosas como para que algún día lleguemos a creer en la versión que finalmente se nos ofrezca. Algo similar a lo que ha sucedido con la anciana indígena de Veracruz, Ernestina Ascensión, cuyo asesinato se atribuyó a elementos del ejército. Son casos que ilustran claramente el estado de la justicia en México: en la gran mayoría de los delitos nunca se encuentran a los culpables; y los casos extraordinarios, los que se ventilan en la opinión pública, suelen ser “resueltos” a cincelazo puro, bajo presión política: primero se resuelve, luego se ajustan los hechos. Llama la atención de que en ambos casos Felipe Calderón se apresuró a dictaminar “sentencias”, en momentos en que las respectivas investigaciones apenas iniciaban. Quizá porque en ellos resultan afectadas dos instituciones claves para el ejercicio del poder político y la estabilidad: el Ejército y Televisa.
El caso del asesinato del corresponsal de la televisión en Guerrero, Amado Ramírez, ejemplifica cabalmente esta justicia expedita. Tan expedita que no tiene ningún inconveniente en sacrificar los datos de la realidad. Resulta difícil de tragar la versión de que el presunto sicario, Genaro Vázquez (vaya nombre, precisamente en Guerrero) y su acompañante zigzagueaban intoxicados, y con un arma en el auto, tres días después de liquidar al periodista. Algunas versiones aseguran queLEER MAS
-
Los hombres blancos no bailan
Es un taxista como cualquier otro de toda urbe norteamericana: de piel morena, pésimo inglés, conduciendo entre las calles que conoce como la palma de su mano pero cuyos nombres apenas puede pronunciar. Nuestro conductor es etiope, pero de inmediato identifica en sus pasajeros mexicanos a compatriotas cercanos por el simple hecho de que ambos somos ajenos al primer mundo.
Es un taxista filósofo. Para confirmar nuestra pertenencia a la ciudadanía universal de los desposeídos suelta una pregunta inicial ¿Qué encuentran distinto entre México y Estados Unidos? Lo primero que se nos ocurre contestar es que en nuestro país la gente todavía no corre enajenada de un sitio a otro, atiborrándose en el camino de comida rápida, angustiada por la búsqueda de algo que nunca parece encontrar. Por la sonrisa amplia que cruza el rostro del chofer, nos damos cuenta que nuestra respuesta pasa la prueba. “Exacto”, dijo. “No entiendo a los ricos. Poseen cosas y placeres que en Etiopía nunca soñaríamos tener, pero no parecen ser felices”, afirmó. “En mi familia muchas veces sólo podíamos comer una sola vez al día, pero recuerdo que siempre estábamos riéndonos y que bailábamos mucho”. Luego de una pausa, añadió caviloso “Aquí no bailan”. Como si fuese una revelación científica, un criterio categórico del estado de infelicidad del ser humano. Descendimos del auto fascinados por nuestro sagaz conductor, aunque también divertidos por lo queLEER MAS
Archivo: Abril, 2007
Sinopsis
Search the site
Navigate
Libros
Jorge Zepeda Patterson en Twitter
