01/28/07 1:15 PM - 3 comentarios
El mes de enero ha traído un tobogán de emociones fuertes para el “gober precioso”, Mario Marín. Los Reyes Magos le regalaron la visita a Puebla de Felipe Calderón el 9 de enero para tomarse la foto, lo cual fue interpretado como una especie de “perdón” oficial. No hay que olvidar que Calderón había prometido, como candidato, la destitución del gobernador poblano por su presunta colusión con Kamel Nacif para darle un “coscorrón” a Lydia Cacho por escribir Los Demonios del Edén, libro en el que denuncia una red de pederastas. Marín asumió que la visita presidencial lo limpiaba de toda mácula y le daba el espaldarazo definitivo del Gobierno Federal. Ni manco ni perezoso inundó a los medios de comunicación del país con boletines pagados sobre la venturosa visita presidencial.
El gozo se le fue al pozo el jueves pasado cuando los ministros de la Suprema Corte ordenaron una investigación formal para determinar la responsabilidad de Marín y las autoridades poblanas en la violación de los derechos de la periodista, y los posibles vínculos con una presunta red de pederastas. La resolución es en sí misma una derrota, porque se origina en el informe de uno de los ministros, que asume que existen elementos suficientes para ordenar la investigación. El gobierno de Puebla y sus poderosos aliados no habían escatimado esfuerzos políticos y económicos para que la Corte abandonara el caso. La resolución de los ministros anticipa la posible caída del mandatario poblano.
Los avances y retrocesos en esta zaga entre la periodista y el gobernador, no son sino un pálido reflejo de una lucha intensa y soterrada entre dos fuerzas. Buena parte de clase política ha respondido como una sola en defensa de Marín. La cúpula del PRI ha sido la más activa, encabezada por Emilio Gamboa coordinador de los diputados y amigo del propio Kamel Nacif. Desde su poderoso puesto Gamboa ha presionado al PAN para imponer una agenda favorable a los intereses de su grupo. El ex presidente de la propia Suprema Corte, Mariano Azuela, no ocultó su cercanía con Mario Marín, y de hecho la decisión de los magistrados se tomó a contrapelo de la presión del que fuera su presidente. Gran parte del cabildeo a favor del gobernador lo ha realizado Liébano Sáenz, quien fuera secretario particular del presidente Ernesto Zedillo. La senadora priista, María de Los Ángeles Moreno afirmó el jueves que la decisión de investigar al gobernador no procede y acusó a la Corte de actuar porque hay “miga publicitaria”. A propósito de miga publicitaria, habría que señalar la cantidad de medios de comunicación que abandonaron el tema, luego de las jugosas partidas publicitarias que el gobierno de Puebla invirtió en diarios y noticieros.
Los gobiernos panistas de Fox y de Calderón han mantenido una actitud ambivalente frente a este caso. Manuel Espino, el presidente del PAN, ha sido el mayor defensor de Marín en los círculos blanquiazules. Resulta paradójico que la derecha más moralina en asuntos de sexualidad y “buenas” costumbres, no tenga empacho en asociarse con defensores de pederastas a cambio de alguna ventaja política. Hay muchos indicios que apuntan al hecho de que Marín negoció con la dirigencia del PAN el triunfo de Calderón en el estado poblano, a cambio del apoyo a su caso de parte de la presidencia. Sólo así podría entenderse la militancia de Manuel Espino en su favor, y el espaldarazo que el gobernador recibió de parte de Vicente Fox y de Carlos Abascal a lo largo del año pasado.
Lo que hizo esta nómina de poderosos a lo largo de estos meses en contra de Lydia Cacho es impresionante: doblaron voluntades de ministerios públicos y jueces, concertaron con autoridades de Quintana Roo, maniataron medios de comunicación, borraron evidencias y cambiaron al personal involucrado en el arresto y encarcelamiento de la periodista, eliminaron pruebas y testimonios en poder de la PGR, amedrentaron a los abogados de Cacho (ha cambiado tres veces de representante), extrajeron la computadora con testimonios exclusivos de Comisión de Derechos Humanos, montaron estrategias para vigilar e intervenir teléfonos de la escritora y utilizaron el aparato de Estado para intentar desprestigiarla por diversas vías; la defensa de Succar impulsó una denuncia económica en contra de Lydia de parte de una de las víctimas.
Frente a esta guerra soterrada resulta sorprendente que el caso de Lydia Cacho se haya mantenido en pie, pese a todo. Antes de las elecciones se decía que el asunto estaba alimentado por intereses políticos a los que favorecería la caída de Marín. Esto a pesar del rechazo de Lydia a involucrarse con cualquier partido o causa electoral. Pero esta tesis ha caído por su propio peso. El tiempo ha dejado claro que lo que hay detrás de su cruzada no es otra cosa que la enorme indignación de la opinión pública. Muchos colegas periodistas han interpretado que el “coscorrón” del gobernador era para todos. El contenido de las grabaciones entre Kamel y Marín, habría provocado la renuncia del funcionario en cualquier país medianamente democrático. Al menos por vergüenza. En México ha desencadenado una guerra en contra de la periodista por parte de los poderosos, pero una defensa de parte de la sociedad en su conjunto.
Es una batalla de poder a poder. Al final la fuerza de los hechos, el valor indomable de Cacho, la honestidad de unos pocos funcionarios y jueces y el apoyo de la opinión pública ha inclinado la balanza. De lograrlo constituirá una lección inédita en el país. Por lo pronto ella ha sido exonerada de la demanda de Kamel en su contra y la Suprema Corte le está dando la razón. No es poca tratándose de un caso “Cacho ciudadana vs. Marín gobernador”. Un mensaje a los dueños del país para mostrarles que los ciudadanos no estamos inermes y que aún podemos abrigar esperanzas de alcanzar una sociedad más justa.
01/25/07 3:43 PM - 10 comentarios
Jorge Zepeda Patterson
Estimados amigos y blogers. Hace unos días en un programa de televisión presentamos un reportaje según el cual durante la cuesta de enero en algunas zonas habría descendido el precio al que puede adquirirse un “churro” de marihuana, las tachas y las grapas de cocaína. El dato es importante porque ello significaría que mientras que el precio de productos de primera necesidad como la tortilla, el huevo y el pollo están subiendo, los que proceden del crimen organizado están bajando.
Quisiera pedir a toda la red de blogers más información para confirmar el dato. ¿Los que entre ustedes tengan amigos que conozcan del tema, visitan bares o de plano conocen proveedores podrían confirmarlo? ¿Han bajado efectivamente los precios al menudeo de estas “mercancías”? Please, avísenme.
Mientras tanto, aquí van algunas hipótesis para explicar las posibles razones de tal fenómeno.
1. Los operativos contra la droga del gobierno de Calderón han sido un fracaso para efectos prácticos. Simplemente se ha tratado de un fenómeno mediático para impresionar a la opinión pública y a Estados Unidos. Se supone que a mayor dificultad para cultivar, transportar y vender droga, el precio debería subir (en lugar de bajar) porque comenzaría a escasear. El hecho de que haya bajado de precio simplemente significa que ha aumentado la cantidad que circula en nuestras calles.
2. Los operativos si han funcionado, lo cual ha interrumpido los traslados largos de la droga y su introducción a Estados Unidos. Por consiguiente, los cárteles se han “deshecho” de la mercancía inundando el mercado local (es decir el narcomenudeo).
3. Falso que los precios hayan bajado. La droga sigue aumentando
¿Tienes información al respecto que puedas compartir? ¿Por cuál de las hipótesis te inclinas?
01/21/07 12:29 AM - 3 comentarios
Felipe Calderón parece haber perdido la suerte que le había caracterizado hasta ahora. Al margen de aciertos y desaciertos de su gestión, en apenas 50 días los dos productos más importantes para la estabilidad del país se han disparado en contra del Presidente. El precio del barril del petróleo se ha desplomado en caída libre, y por consiguiente las finanzas estatales; mientras que el brutal aumento del precio del maíz ha generado un frente de tensión social tan inesperado como riesgoso. La crisis de la tortilla ha obligado a Calderón a asumir riesgos para los cuales aún no estaba preparado. Las consecuencias podrían ser aún mayores de las que a primera vista pueden percibirse.
El pacto convocado por Calderón para mantener el precio de la tortilla a $8.50 será la primera verdadera prueba de fuego del gobierno. El presidente se está jugando una parte del escaso capital político acumulado en mes medio de gobierno, para asumir la paternidad de un pacto de alcances y vigencia inciertos. Hasta ahora las acciones federales se habían orientado a medidas unilaterales, como los operativos contra la droga, o a los acuerdos acotados a una parte de la clase política, como la negociación del presupuesto. Pero el “control” del precio de la tortilla involucra a muchos actores sociales y económicos: importadores, productores de harina y masa, acaparadores e intermediarios y más de 70 mil tortillerías, entre otros.
El peor escenario para la presidencia es que el gobierno sea incapaz de hacer respetar el tope de precio de las tortillas. En tal caso la credibilidad de Calderón quedaría seriamente vulnerada para futuras convocatorias a otros poderes económicos. Hace una semana, en este espacio, señalé que la iniciativa privada no haría ninguna concesión mientras no perciba que existe un líder capaz de garantizar acuerdos y compromisos. En ese sentido, señalé que había una estrategia escalonada en dos etapas por parte de Los Pinos: primero, ganar legitimidad como árbitro general y como garante de la gobernabilidad (de allí su interés en mostrar su “mano firme”). Y segundo, convocar a las fuerzas sociales para realizar los acuerdos de reforma que el país necesita.
Para desgracia de Calderón, la crisis de la tortilla “quemó” todas las etapas de su estrategia, y le ha obligado a orquestar un pacto sin tener aún el liderazgo que garantice su cumplimiento. Si los intermediarios y muchas tortillerías logran colocar su producto por encima del tope establecido de $8.50, será muy difícil que en el futuro los actores políticos y económicos participen de manera decidida en acuerdos que el Presidente resulta incapaz de hacer cumplir. Y recordemos que la posibilidad de las reformas que requiere el país, pasan justamente por la capacidad, o falta de ella, que tenga Calderón para convocar y garantizar los acuerdos entre las fuerzas sociales. El Presidente se está jugando, sin desearlo, una porción de las posibilidades de éxito o fracaso de su sexenio en este “Pactortilla” improvisado y repentino.
Por otro lado, al margen de la suerte con la que corra este pacto, la tortilla seguirá siendo un dolor de cabeza permanente para los mexicanos y una fuente constante de presión en contra del gobierno. Los nuevos usos internacionales del maíz para la producción de combustibles y nuestra dependencia del grano extranjero nos condenan a una espiral de tortillas cada vez más caras. Hace años que desmantelamos el aparato productivo del maíz en nuestro país, en el afán de competir con agricultores de Kansas e Indiana subvencionados por su gobierno. El resultado es que nos convertimos en importadores de maíz y en exportadores de campesinos ex productores de maíz. Las vueltas de la historia nos hicieron pagar un alto precio por la ingenuidad de creernos nuevos ricos de primer mundo y el consiguiente desprecio al campo mexicano.
No deja de ser sintomático que durante la presentación del nuevo gabinete a principios de diciembre, el secretario de agricultura, Alberto Cárdenas Jiménez, fuera anunciado dentro del gabinete social por Felipe Calderón y no en el económico. Refleja la concepción neoliberal que visualiza a los campesinos como un asunto de caridad y pobreza, y los descarta como agentes económicos viables. No tienen cabida en el México que se anticipa desde las oficinas de Polanco y Las Lomas.
Lo que nunca percibieron nuestros tecnócratas es que el maíz constituye en México un asunto político y social, además de económico. En ese sentido, la autosuficiencia y un precio razonable son temas claves para la gobernabilidad del país. Si el precio de la tortilla sigue subiendo a lo largo del sexenio podríamos descubrir demasiado tarde, y por las peores razones, que el maíz era un tema de seguridad nacional.
La escalada de precios del grano ofrecería la oportunidad de un replanteamiento de fondo de la agricultura tradicional. Hay mayores márgenes para buscar que la producción de maíz vuelva a ser rentable en nuestro país. Ello requeriría de una verdadera revolución en las políticas hacia el campo, de tal forma que los agricultores tengan acceso a tecnologías, capacitación, créditos y a las plataformas de comercialización. Pero esto implicaría dejar de tratarlos como ciudadanos de segunda, como productores rehenes de la intermediación y como clientes políticos cautivos.
Pero el gobierno de Calderón no parece tener ni la tranquilidad ni la fuerza para impulsar “revoluciones verdes”. Las malas noticias del petróleo, la desaceleración de la economía estadounidense y los precios del maíz, le obligarán a correr riesgos como el “Pactortilla” y a desgastarse en los problemas urgentes de cada día. La suerte de Calderón se está acabando. Salvo que logre cabildear a Walter Mercado, Amira o cualquiera de los que regentean los signos del zodíaco, el Presidente estará contra las cuerdas la mayor parte de su gobierno. Por lo pronto, habrá de encomendarse a sus dioses para que este primer pacto sea respetado; de lo contrario no solo la mala suerte estará en su contra.
01/18/07 2:35 PM - 4 comentarios
De Vicente Fox se pueden decir muchas cosas, pero nadie puede negar que sea un hombre afortunado. No sólo porque muy pocas personas han llegado tan lejos, habiendo leído tan pocos libros y proferido tal cantidad de exabruptos.
De hecho, Vicente Fox terminó con muy altos índices de aprobación, pese a los escasos logros de su gobierno y no obstante que incumplió la mayor parte de las promesas de campaña.
La clave de su gobierno no fue la habilidad o la falta de ella, sino la enorme fortuna que disfruto su sexenio en materia económica. Las remesas en crecendo de los paisanos, la bonanza económica y la expansión de la economía estadounidense fueron un verdadero tanque de oxígeno para el país en este sexenio. Simplemente en remesas y petróleo, Fox recibió 140 mil millones de dólares más que el gobierno de Zedillo, una cifra que equivale al presupuesto federal de 2000 o 2001. Con ese enorme recurso, el gobierno se puede dar el lujo de cometer errores crasos sin que explote la economía.
Por desgracia para Felipe, tan pronto cambió el sexenio los astros modificaron, para empeorar, su influencia sobre la rueda de la fortuna del país. Los precios del petróleo se están desplomando y nuestro principal yacimiento (Cantarell) se está agotando. El efecto combinado representará alrededor de 10 mil millones de dólares menos cada año para Calderón.
Por otra parte, la economía norteamericana está entrando a un período de decrecimiento muy preocupante por el efecto que supone para nuestro país. Estados Unidos crecerá en torno a 2 y 2.5 por ciento anual durante el sexenio de Calderón. Una cifra que no califica como recesión, pero se acerca al estancamiento.
El resultado neto para “El presidente del empleo” es un panorama sembrado de nubarrones. La suerte de Calderón parece haber terminado. Salvo que logre cabildear a Walter Mercado, Amira o cualquiera de los que regentean los signos del zodíaco, el Presidente estará contra las cuerdas la mayor parte de su gobierno.
Se reciben sugerencias para limpias y amuletos.
01/14/07 4:58 PM - Comentar