20/02 2012

El cansancio de Andrés Manuel

¿Está cansado López Obrador? ¿“La edad se le vino encima”, como dice la canción o es el desgaste acumulado de sus inagotables recorridos por el país? En el transcurso de la semana las fatigas de López Obrador se convirtieron en un tema recurrente en los corrillos políticos y en materia de especulación.
La polémica la desató el propio candidato a mediados de semana cuando comentó en una reunión con empresarios inmobiliarios: “Tengo menos vigor, eso sí. Porque ya estoy muy cansado. ¿Te acuerdas en tu casa que te dije que si la elección era limpia y libre, si perdía, me iba yo a ir a La Chingada? ¿Te acuerdas? Y ahora sí. Es que yo tengo una quinta que me dejaron mis padres”. López Obrador se refería a una declaración den 2006, que ahora actualizaba.

La broma del tabasqueño era un parafraseo de Álvaro Obregón, quien a la menor provocación gustaba decir que se iba a la quinta chilla, porque en efecto así había nombrado a una propiedad en Sonora de 180 hectáreas.

Más allá del chistorete, el incidente fue interpretado como un signo de fatiga de López Obrador y un reconocimiento tácito de que podría perder las elecciones. Para su desgracia, justamente este fin de semana el candidato tenía preparado un descanso en su ahora famosa Quinta. La declaración de Marcelo Ebrard, un día más tarde, no fue la más afortunada: No hay razón para irse tan lejos, dijo, “Si es que uno se siente cansado, se puede ir a su casa”.

López Obrador cumplió 58 años el pasado 13 de noviembre. Podría no tener la misma energía que hace seis años, pero no es un hombre viejo. A esa edad Lula da Silva tomó posesión como presidente de Brasil y ejerció en tal carácter durante ocho años más. Se ha especulado si López Obrador padece alguna enfermedad, pero más allá de los achaques propios de la edad y la ocupación, no hay evidencias de algún malestar grave.

El cansancio sin embargo, es evidente. Y quizá no podría ser de otra manera. Es el resultado natural de dos circunstancias: su estilo personal de concebir la política y la estructura de su movimiento. Si bien López Obrador no carece de dotes de estratega, es un hombre convencido del viejo refrán de que si algo importa “hay que hacerlo uno mismo”.

Su activismo es producto de una visión en términos voluntaristas, en el que la pasión se convierte en el motor de la acción política. Los recorridos por el país, a pie si es posible, no sólo son el resultado de una elección estratégica y de un cálculo de golpe de mediático, sino también de una inclinación por la praxis. Es la experiencia vivida y el contacto personal, las vías moralmente correctas de hacer política e intentar el cambio del país. Entre los testimonios que recabe para elaborar el perfil biográfico del tabasqueño, para el libro Los Suspirantes, algún colaborador me compartió la admiración que le provocaba el líder por sostener mítines de varias horas con apenas media docena de personas en alguna plaza pública de un pequeño pueblo de la sierra. La inversión en términos de costo beneficio político era absurda, pero López Obrador terminaba contento, con la satisfacción de estar haciendo lo correcto. A diferencia de los otros candidatos que hacen de las breves reuniones con campesinos, habitantes de colonias populares y obreros simplemente un set para producir foto y video que circulará en los medios, López Obrador asume que estas reuniones son un fin en sí mismo. Un estilo encomiable, sin duda, pero terriblemente desgastante. Un precio que está comenzando a pagar.

Igualmente desgastante es el tipo de estructura que rodea al candidato. El vértice de MORENA es él, y sólo él. Cada quince días preside una reunión de una treintena de personas responsables de la red: miembros de su “gabinete”, coordinadores regionales y estatales. Cada uno de ellos responde directamente al tabasqueño, a lo largo de los siguientes días. Una sistema solar que gira en torno a una sola estrella. Invariablemente, López Obrador pasa buena parte del resto de la semana en alguna gira por el interior del país.

No es sorprendente que el perredista esté agotado. Habría que preguntarse si algo tiene que ver el cambio de narrativa en su discurso. El amor al prójimo es un combustible mucho menos inflamable que el enojo, la reivindicación, la indignación y la sensación de agravio desde la cual fustigó al poder en el 2006.

Algo tendrá que hacer López Obrador, porque ésto apenas comienza. Menos voluntarismo y más estrategia. Menos centralismo y más delegación de funciones. Por lo pronto, regresar de la chingada a donde se mandó este fin de semana.
www.jorgezepeda.net
@jorgezepedap

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COMENTARIOS DE USUARIOS

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  1. victor adrian
    26/02 2012

    Lo loe con interés, pero no deja de admirarme la radiografía que hace de una “supuesta” democracia donde el juego electoral no se basa en propuestas, programas, sino en una extraña alquimia de violaciones y mentiras para encausar la “voluntad” de un pueblo ignorante… Y a eso tienen la poca M de llamarlo política.