09/10/06 2:11 PM -
Fox, el último de los priistas
Podría decirse que el de Vicente Fox es el último de los gobiernos del PRI. La frase parece absurda si se piensa en las administraciones de Echeverría y de López Portillo cuando el populismo y los excesos gubernamentales campeaban en la pradera. Pero si se piensa en periodos más recientes, el sexenio de Fox es en muchos sentidos la continuación de la administración de Ernesto Zedillo.
Basta considerar al sector hacendario y financiero, timón de la economía mexicana, para darnos cuenta de que no sólo no cambió, sino que continúo siendo manejado literalmente por las mismas personas. El llamado gobierno de alternancia que echa al PRI de Los Pinos sólo fue un cambió cosmético para continuar la misma estrategia de juego, bajo una casaca distinta.
Lo que sucede en realidad es un proceso continuo de largo aliento, de naturaleza profunda y estructural, que provoca que los últimos priistas terminen gobernando como panistas, y que los primeros panistas en Los Pinos se parezcan mucho a los últimos de los priistas. Más allá del juego de palabras, lo que esconde este fenómeno es la irrupción del sector privado en la administración pública que México ha experimentado en las dos últimas décadas.
Durante toda la segunda mitad del Siglo XX los gobiernos priistas regentearon los asuntos públicos en un arreglo claro y preciso con los poderes de facto (gran capital, sector externo, Iglesia, militares, medios): “nosotros, los priistas, somos los operadores de sus intereses pero actuamos con autonomía para asegurar la estabilidad”. Como una especie de administrador con amplios poderes, los presidentes del país gestionaban los intereses de acuerdo a las necesidades de la iniciativa privada y del sector externo, pero buscando el equilibrio entre las fuerzas para evitar rupturas sociales. Los ricos a sus dineros, los políticos a su poder.
Este modelo se rompió en los años setentas con la crisis de Echeverría con el grupo Monterrey, y con la nacionalización de la banca al concluir la administración de López Portillo. A partir del gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) inició un largo proceso de desmantelamiento de la autonomía de la burocracia priista frente a los poderes económicos. La iniciativa privada decidió que el gobierno era demasiado importante para dejarlo en manos exclusivas de los políticos.
Uno de los primeros rasgos fue la creciente penetración de cuadros procedentes de universidades privadas a los puestos públicos. Se rompió el viejo esquema que hacía de la UNAM el semillero de los altos puestos de la burocracia. A partir de los ochentas, los cuadros de élite de la administración pública, particularmente en el gabinete económico, comenzaron a surgir de los institutos privados.
Con Salinas y Zedillo el proceso se aceleró. El control de la economía se deslizó a las manos de operadores directos o indirectos de los intereses empresariales, haciendo a un lado la intermediación de la clase política. No sólo las subsecretarías y direcciones del poder ejecutivo fueron tomadas por hombres de confianza del sector privado, también las comisiones claves de las cámaras de diputados y senadores. Las carreras de personajes netamente “políticos”, como Diego Fernández de Cevallos o Emilio Gamboa ascendieron como la espuma porque se adaptaron a los nuevos tiempos y se convirtieron en “personeros” de esos intereses.
La mejor muestra de este realineamiento de fuerzas son los excesos como el Fobaproa en el sexenio pasado, o la Ley Televisa, en el actual, con estricto apego a los intereses empresariales, sin el menor margen para introducir algún matiz a favor del interés general.
La “privatización” de la administración del Estado es un fenómeno que no se restringe a personas, sino a toda una visión para encarar los asuntos públicos. Las políticas asistenciales operadas desde Vamos México, o las políticas educativas con mayor ingerencia de organizaciones privadas forman parte de este proceso.
No se trata de satanizar este fenómeno. En cierta medida es parte de la historia reciente del mundo globalizado y de las propias exigencias de la apertura política en México, incompatibles con el monopolio político priista. El triunfo de Vicente Fox en el 2000 no fue más que la adecuación política para continuar con un modelo que había arrancado mucho antes.
El problema es que ese modelo está llegando a sus límites, como puede advertirse en el rosario de triunfos de la izquierda en América Latina, luego de varios periodos de gobierno neoliberales. Bajo el exclusivo predominio de las fuerzas de mercado, nuestras sociedades se habían hecho más desiguales y menos eficientes en su gestión política. El viejo priismo hizo crisis en los ochentas por los excesos de los políticos; veinte años después el modelo neoliberal está en entredicho por los excesos del sector privado, que se ha beneficiado unilateralmente, y ha acentuado la desigualdad y la pobreza
En el 2000 nuestras instituciones electorales resistieron la prueba porque en el fondo se trataba de la continuación de un mismo modelo. Los poderes factuales no se oponían a esa transición. No ha sido el caso en el año 2006, en que el proyecto de López Obrador constituía una ruptura significativa. Ahora las instituciones “democráticas” no fueron capaces de resistir la transición a un modelo divergente.
El reto que enfrenta México es encontrar las vías para recuperar una mayor eficiencia política; una gestión que sin ser antagónica con los intereses privados encuentre los espacios para el equilibrio entre los distintos sectores sociales. López Obrador lo intentó por una vía (lo seguirá haciendo). Felipe Calderón ha dicho que lo buscará por otras vías. Está por verse.
Calderón puede desbancar a Fox como el último presidente de ese priismo entregado a la iniciativa privada. Peor aún, pude convertirse en un profundizador de Fox. O puede inaugurar una nueva vía, una que ponga en práctica el viejo espíritu de la democracia cristiana que fundó al PAN, adaptado a un país de desigualdades. Hasta podría funcionar. De peores hemos sobrevivido.





Domingo, 10 de Septiembre, 2006 a las 6:01 pm:
De acuerdo en lo general. Habría que insistir en que Fox llevó el modelo un paso más adelante al creer que los mejores administradores de gobierno serían los empresarios mismos. Convirtió en secretario de agricultura al zar del ajo en México, Javier Usabiaga.
R. Gutiérrez
Domingo, 10 de Septiembre, 2006 a las 6:46 pm:
Jorge. Excelente analisis, de verdad. Ni los politicos, ni el mercado, sino un estado regulador que sirve al bien publico.
-Sallie
P.D. En lugar de “privatizacion” del estado, lo llamaria “state capture” por parte de IP.
Lunes, 11 de Septiembre, 2006 a las 3:15 am:
Excelente el análisis que realizó, fué así como perdimos la brújula en éste país.
Se les olvidaron mas de la mitad de los habitantes de México, provocaron las grandes diferencias que actualmente afloraron con fuerza, en la campaña política fomentaron la polarización y me temo que el equipo de Calderón aun no se ha sensibilizado de lo que provocaron, peor aún no se ven conciliadores, no les veo capacidad de negociacion , se radicalizaron tanto en su campaña que se fueron al extremo. Cómo podrán gobernar?
Lunes, 11 de Septiembre, 2006 a las 5:02 am:
Saludos, leí su articulo de “Fox, el último de los priistas”. La verdad Sr. Zepeda, la política mexicana es muy difícil de entender y me recuerda mucho a la película mexicana llamada “Las Fuerzas Vivas” donde el pueblo lucha por la revolución y al final quedan los mismos a quienes se queria desbancar. El Señor Lopez se desgañita diciendo que él es honesto y lo mejor que puede sucederle a México y ¡se rodea de priístas de pésima reputación y raterillos de segunda! ¿Se puede entender esa honestidad?.
Ahora que no ganó (y así lo creo) amenaza con hacer lo imposible para que el Gobierno no gobierne y eso… finalmente nos afectará a todos los mexicanos. Debería aceptar su derrota y desde su trinchera ahora si pacífica, vigilar que se gobierne bien y en beneficio de los mas necesitados pero sin desalentar la inversión (el dinero asqueroso de los “riquillos”).
Le agradezco la atención a mis, seguramente, equivocados comentarios.
Saludos
Domingo, 22 de Octubre, 2006 a las 7:48 am:
FELICIDADES SR. JORGE ZEPEDA POR DARNOS LA OPORTUNIDAD DE ACLARAR ALGUNOS PUNTOS DE VISTA,EN VERDAD ESTOY DE ACUERDO EN TODO LO QUE RELATA,HOJALA QUE CALDERON TENGA LA VISION DE ENCAUSAR UN POCO LOS DESTINOS DE MEXICO POR EL CAMINO CORRECTO PARA QUE A FUTURO NO LE ESTEMOS DANDO LA RAZON A LAS ACTUACIONES DE LA IZQUIERDA ,POR QUE ESTOY SEGURO QUE DE SEGUIR EN ESTA DIRECCION, AGRAVARAN LA ACTITUD MEDIOCRE CON QUE SE CONDUJO ESTA VEZ AMLO.
Lunes, 23 de Octubre, 2006 a las 3:39 pm:
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