10/8/06 7:04 AM -
La multiplicación de los panes
(Para comentarios ir al final)
Hace cinco años, al arranque del sexenio de Fox, Felipe Calderón afirmó con cierta sorna que en el 2006 el PAN llegaría por fin a Los Pinos. Fue una manera de reivindicar sus aspiraciones presidenciales, y a la vez expresar el desencanto de muchos militantes cuando constataron que el triunfo electoral del 2000 había significado la llegada del foxismo al poder, pero no del panismo.
Pese a las protestas perredistas, hay pocas dudas de que el PAN llegará a Los Pinos a partir de diciembre. Pero ahora cabe preguntarse ¿Y cuál es el PAN que llega? A lo largo de los últimos años, el partido blanquiazul ha pagado el precio de convertirse en una organización enorme, con distintos énfasis regionales. Mientras constituyó una especie de “cruzada cívica” de militantes esforzados, mantuvo una relativa coherencia interna tanto en su doctrina como en el perfil de sus integrantes. Pero sus triunfos y su acceso creciente al poder, convirtieron a sus colores en una casaca atractiva para empresarios, líderes y políticos de diversa índole, emparentados en mayor o menor medida con determinadas causas panistas más que otras.
Hoy en día se puede hablar de al menos cuatro énfasis en la militancia panista. No son fracciones constituidas o tribus orgánicas dentro del partido, sino meros matices, a veces doctrinarios o a veces simplemente tácticos, pero significativos en forma y fondo cuando se definen los estilos de gobierno.
En primer término, destacan aquellos que privilegian las tesis planteadas por los fundadores. Es la corriente que intenta conservarse más próxima a la propuesta humanista original, a partir de una visión laica y ciudadana de la doctrina social cristiana. Manuel Gómez Morín y el grupo de colegas que funda el partido a fines de los años treinta, eran simpatizantes de las cruzadas vasconcelistas , en su mayoría profesionales e intelectuales de clase media (el primero había sido rector de la UNAM). Recelaban de los gobiernos populistas del PRI, de su ineficacia y su naturaleza antidemocrática. En esta corriente creció y se desarrolló Felipe Calderón, no sólo porque su padre, Luís Calderón Vega, fue un importante ideólogo entre los fundadores, sino también porque su crecimiento dentro del partido fue de la mano de Carlos Castillo Peraza, heredero intelectual de aquella primera corriente.
Una segunda influencia se origina a partir de la cercanía del PAN con las organizaciones vinculadas al clero. Es una posición que enfatiza la batalla pública por aspectos morales y doctrinarios sostenidos por la Iglesia y sus organizaciones seculares. La Unión de Padres de Familia, y organizaciones vinculadas a la educación o a la acción social cristiana como el Opus Dei, los Caballeros de Colón, o los Legionarios de Cristo, por mencionar algunas, encontraron en el PAN las vías políticas para defender sus posiciones en materia de moral pública, educación y salud. Si bien es una influencia que ha existido en el PAN desde sus orígenes, en los últimos años adquirió preeminencia debido a la organización del Yunque a partir de las presidencias de Felipe Bravo Mena y Manuel Espino, y el peso de Ramón Muñoz en Los Pinos. Aunque Carlos Abascal, secretario de Gobernación procede de círculos empresariales, sus posiciones personales son afines a esta corriente.
La tercera influencia se origina en la iniciativa privada. Empresas y empresarios críticos del intervencionismo estatal y la corrupción de la administración pública, también encontraron en el PAN el espacio político para impulsar un modelo basado en el mercado y la competencia. Estos actores irrumpen con enorme fuerza en el partido durante la campaña presidencial de 1988 de Manuel Clouthier, un próspero y carismático agricultor sinaloense.
Sin el legado humanista e intelectual de los fundadores, ni el lastre moralino de los grupos católicos, los cuadros del sector privado imprimieron una nueva energía a las campañas electorales y mucho más practicidad a las propuestas de gobierno. Vicente Fox, y el grupo Amigos de Fox que impulsó su candidatura, son el ejemplo más acabado de esta tendencia. No sólo por el traslado de visiones del mundo y metodologías de la empresa privada a la administración pública, sino también por la composición del gabinete. Sólo por citar un ejemplo, Gómez Morín seguramente se revuelve en su tumba por el hecho de que el primer gobierno panista haya designado como responsable de la cultura del país, a Sari Bermúdez por el exclusivo mérito de haber realizado un panegírico obsequioso a Martha Sahagún.
Insistiría en que estas tendencias no están divorciadas o reñidas entre sí. La misma Martha Sahagún incorporó al sexenio foxista a muchos cuadros procedentes de la corriente vinculada a la Iglesia. Hay personajes que participan en más de una o que cambian su inclinación a través del tiempo. Santiago Creel, por ejemplo, parecía destinado a “militar” entre la corriente intelectual heredera de los fundadores, debido a antecedentes académicos y políticos, pero sea por afición o cálculo político, terminó siendo representante del ala ideológica más conservadora liderada por Abascal y Espino.
Si bien es cierto que Felipe Calderón es más próximo a la primera de las tres influencias, como político profesional que es, ha distado mucho de abrazar una sola causa. Quizá por ello una pregunta recorre los pasillos y cafés políticos ¿Cuál de los “panismos” privilegiará Calderón? Paradójicamente, hay una cuarta influencia que podría convertirse en la más decisiva. No son los ideólogos del humanismo cristiano, ni los “mochos” conservadores, ni los personeros de la iniciativa privada. Son los nuevos operadores, Camilo Mouriño, Cesar Nava, Julio Esponda, Gerardo Ruiz, Juan Molinar, entre otros, los que han adquirido una preeminencia decisiva en los planes del presidente electo. ¿En qué “panismo” militan estos operadores? Dedicaremos este espacio la próxima semana para indagar de dónde llegaron, a qué responden y qué podríamos esperar de ellos.







Jueves, 12 de Octubre, 2006 a las 5:51 pm:
Jorge
Un político que transita una campaña que se basa no en su carisna y calidad profesional o de trayectoria; que aprueba una campaña negra contra su adversario; que utiliza “recursos” como los facilitados por su cuñado y que además, descaradamente se sirve del padrón que posee la secretaría de desarrollo social, no es del ala moral y cristiana. Me parece que tampoco lo es del ala ideologa de principios de igualdad y etc. Se parece mucho a la corriente de los dineros.
Un político que llega a un puesto de tal magnitud, ayudado por todas esas corrientes en su partido y fuera de él y que además, no tiene la presencia para hacer valer cualquiera de sus palabras, me parece, estoy seguro, pertenece a la corriente eterna (en nuestro pobre país) de los que no tienen madre -ideológica, desde luego- .
Domingo, 15 de Octubre, 2006 a las 9:48 pm:
¡Que chillones son estos perredistas! Y lo digo por este Sr. Mario Alberto Martinez, pareciera que el “Peje” no utlizó durante cinco años los recursos mediaticos y económicos del gobierno del Distrito Federal para posicionar su candidatura. Preciera que no fué el mismo “Peje” el que inició la campaña de escarnio contra el Presidente de la República. No entiende el Sr. Martínez que el cuñado es una persona de éxito, que el resentido Sr. Martinez nunca podrá tener por su propio resentimiento, y que la inserción de su nombre en la campaña electoral fué una “patada de ahogado” de su idolo con pies de barro con la que pretendía ensuciar a su adversario.
Este es el tipo de gente que manipula el “Peje”, y por vivir fuera de la realidad, esta destinada al fracaso.
Si el “Peje” es un peligro para México, como el mismo lo ha demostrado, esta gente es un pesado lastre…
Lunes, 16 de Octubre, 2006 a las 5:34 pm:
[…] + SOBRE ESTE TEMA. Este artículo es continuación de La Multiplicación de los panes. Sobre las corrientes dentro del panismo. » Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Partterson a las 10/15/06 8:57 AM. volver arriba […]
Martes, 7 de Noviembre, 2006 a las 11:15 pm:
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