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Los hombres blancos no bailan

Es un taxista como cualquier otro de toda urbe norteamericana: de piel morena, pésimo inglés, conduciendo entre las calles que conoce como la palma de su mano pero cuyos nombres apenas puede pronunciar. Nuestro conductor es etiope, pero de inmediato identifica en sus pasajeros mexicanos a compatriotas cercanos por el simple hecho de que ambos somos ajenos al primer mundo.

Es un taxista filósofo. Para confirmar nuestra pertenencia a la ciudadanía universal de los desposeídos suelta una pregunta inicial ¿Qué encuentran distinto entre México y Estados Unidos? Lo primero que se nos ocurre contestar es que en nuestro país la gente todavía no corre enajenada de un sitio a otro, atiborrándose en el camino de comida rápida, angustiada por la búsqueda de algo que nunca parece encontrar. Por la sonrisa amplia que cruza el rostro del chofer, nos damos cuenta que nuestra respuesta pasa la prueba. “Exacto”, dijo. “No entiendo a los ricos. Poseen cosas y placeres que en Etiopía nunca soñaríamos tener, pero no parecen ser felices”, afirmó. “En mi familia muchas veces sólo podíamos comer una sola vez al día, pero recuerdo que siempre estábamos riéndonos y que bailábamos mucho”. Luego de una pausa, añadió caviloso “Aquí no bailan”. Como si fuese una revelación científica, un criterio categórico del estado de infelicidad del ser humano. Descendimos del auto fascinados por nuestro sagaz conductor, aunque también divertidos por lo que interpretamos como una muestra folclórica de la mejor jungla neoyorkina.

En los siguientes días aprendí que las reflexiones del taxista etiope eran mucho más consistentes y “científicas” de lo que podría juzgarse a primera vista. Una semana antes había hojeado un ejemplar de la revista Mother Jones del mes de abril con un artículo de Bill McKibben, luego me encontré su libro: Deep Economy. The wealth of communities and the durable future (todavía no publicado al español, la traducción literal del título sería: Economía profunda. La riqueza de las comunidades y el futuro duradero. El artículo puede consultarse en http://www.motherjones.com/toc/2007/03/index.html)

Las revelaciones de McKibben constituyen una demostración notable de la tesis de nuestro taxista. El autor analiza diversas investigaciones que revelan el estado de infelicidad creciente del habitante del primer mundo, tanto en términos individuales como colectivos.

Desde luego que los seres humanos son desgraciados si no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Pero una vez cubiertos los requerimientos de alimentación, cobijo, vestido y educación, todos los indicadores muestran que la felicidad tiene que ver con factores distintos al ingreso de un país o de una familia. En otras palabras, los miembros de una familia de clase media tienen igual o más posibilidades de ser felices que los de un hogar adinerado.

A partir de 1972 el Centro de Investigación de Opinión de Estados Unidos ha preguntado a los ciudadanos sobre sus niveles de satisfacción y felicidad en la vida. Las respuestas optimistas han decrecido sustancialmente, a pesar de que el ingreso per cápita y el consumo se han multiplicado varias veces. Y no se trata de una medida del todo subjetiva. La respuesta es cruzada con indicadores tales como niveles de estrés, conflictos en los que se ven envueltos en el trabajo o en la familia, disposición para ayudar o ser ayudado por otros, temores vigentes, etc. La declinación de la felicidad en el terreno individual, coincide con otros indicadores relativos a la sociedad en su conjunto: niveles de endeudamiento de las familias, suicidios, violencia, dependencia de drogas y otros sustitutos. Un reporte en el 2000 mostró que el nivel de ansiedad de un niño promedio era más alto que el de los niños que se encontraban en terapia siquiátrica en los años cincuenta en Estados Unidos. Con similares indicadores, el autor muestra que lo mismo está pasando en Japón, Inglaterra y países similares.

Estudio tras estudio muestra que la felicidad está mucho más relacionada con la posición de cada persona en relación a sus redes sociales, que al número de satisfactores de los que se rodea. Pero el hombre moderno camina justamente en la dirección opuesta. Estamos dejando atrás miles de años de “comunidad humana” para profundizar nuestro individualismo. Año con año los ciudadanos modernos pasan cada vez menos tiempo con sus amigos y familiares, y cada vez más con sus trabajos y sus aficiones individuales. La comunicación inmediata ha aumentado (con celulares y correo electrónicos), pero la calidad de la conversación ha disminuido. Una investigación de psicología social mostró, por ejemplo, una elevada correlación entre el grado de felicidad declarado por las personas y el número de confidentes íntimos con los que acostumbraban conversar sus problemas. Las casas norteamericanas son crecientemente amplias y dotadas de facilidades para “miembros de una familia que quiere saber lo menos posible uno del otro”).

Otro autor, Benjamín R. Barber, ha identificado las tendencias de la sociedad moderna como una especie de regresión infantil a la inmadurez (en su libro Consumed. How markets corrupt children, infantilize adults, and swallow citizens whole). Priorizamos, dice Barber, las imágenes en detrimento de las ideas, el placer y no la felicidad, lo privado y no lo público, el egoísmo contra el altruismo, la gratificación instantánea en lugar de la satisfacción duradera, el placer sexual y no el amor erótico, el dogmatismo contra la duda.

Por donde se le mire, afirma McKibben, toda investigación confirma que la gente que tiene amigos, se relaciona de manera íntima con su familia y participa en grupos sociales es más feliz. Lo cual no deja de sorprender, porque las ataduras sociales disminuyen la libertad individual que se supone es el “bien máximo”. Después de todo ser un buen amigo impone algunos sacrificios.

Nunca pregunté el nombre de nuestro taxista etiope. Pero estoy seguro que es más feliz que la mayoría de los adinerados pasajeros que conduce en Manhattan. La mayoría de ellos no bailan.

» Archivado en Artículos, Artículos dominicales por Jorge Zepeda Patterson a las 04/8/07 3:08 AM.

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8 comentarios
en Los hombres blancos no bailan

  1. Jose Angel Flores

    Domingo, 8 de Abril, 2007 a las 11:38 am:

    Usted relaciona la individualidad persistente en los estadounidenses con el sistema de libre mercado y el avance del capitalismo. Creo tal relación es errónea e intentare explicarlo aquí en breve.

    Antes de ser capitalistas los norteamericanos eran ya individualistas, o mas bien “particularistas” como Henri de Tourville definiera hace siglos la formación de estructuras familiares y sociales en los países escandinavos y en Inglaterra a diferencia de las grandes y a veces enormes estructuras familiares desarrolladas en las tradición romana donde decir Familia significa decir abuelos, tíos, primos, sobrinos, parientes y donde esos lazos familiares tienden a definir lo que una persona representa y muy seguido aplastan su propia individualidad cuando todos ellos viven en una sola casa sin tener espacios individuales. Estas grandes estructuras familiares fueron traídas por los españoles a México y Latinoamérica, en mayor o menor escala.
    Al contrario de nuestras estructuras familiares y sociales en México y en muchos países de Latinoamérica y Europa, la sociedad norteamericana heredo las estructura de un solo núcleo familiar (padre, madre e hijos) que trajeron la gran mayoría de inmigrantes ingleses y escandinavos que poblaron esa nación al principio y que establecieron las bases sociales de ese país. Una casa, un hombre, una espada y un voto.

    La base de la sociedad escandinava estaba formada en fiordos, comunidades donde en una pequeña casa representaba un hombre, su esposa y sus hijos y cuando un hijo crecía, este se casaba y tenía que salir a fundar o buscar un nuevo fiordo donde vivir y sostener a su nueva familia. Esto debido a que los fiordos normalmente soportaban, con pesca y caza, una cantidad limitada de pobladores, los naturaleza de pequeñas poblaciones de los fiordos además proveían suficiente “living space” que era muy importante para la vida en los fiordos donde las casas estaban muy separadas entre si, una tradición que todavía subsiste en muchas comunidades de Norteamérica y de países escandinavos.

    Sin embargo, no podemos decir que este particularidad o individualidad de los norteamericanos signifique que son menos felices que nosotros o gente en otros países y me parece que los estudios de “felicidad” que publican la ONU y muchos investigadores carecen muchas veces de indicadores reales, en muchos casos se basan en ideas subjetivas mas que en hechos reales o datos duros y mas aun, tienden a ignorar estos últimos por que no le resulta “políticamente correcto” decir que una persona es mas feliz porque vive en una casa mas espaciosa o lujosa cuando este es un dato tangible que nos habla del nivel de felicidad de una persona.

    En Cuba un amigo cubano me decía que la gente cubana es más feliz con su sistema de vida que los norteamericanos. Le conteste que eso era nada más que un pensamiento subjetivo y no basado en hechos reales y tangibles, al igual que el lugar común que tienden a citar mucho los marxistas cubanos cuando uno les cuestiona porque los cubanos no son libres y nos responden que la libertad no significa poder viajar o salir del país, sino mas bien la libertad esta en la mente, y etc. Etc. Ese no es más que un churro dialéctico que no tiene absolutamente nada que ver con la realidad física y tangible de que el cubano promedio no es libre de viajar o emigrar. Como si ser libre mentalmente presupone que automáticamente no lo eres físicamente, porque no puede ser ambos? Un churro dialéctico y nada más.

    Por ejemplo, un estudio de la ONU puede decir que la mayoría de los cubanos son más felices que los norteamericanos basándose en una encuesta amplia con cuestionarios complejos. La ONU es famosa por ese tipo de churros que nadie se cree y que solamente mal informan porque se basan en la percepción de individuos como si la percepción pudiese realmente ayudarnos a definir la realidad, como si el hecho de que toda la gente que cree que el mejor equipo de fútbol es el América tuviese influencia en los resultados de ese equipo en los torneos, sabemos que no es así, y en Monterrey, la mitad de la gente piensa lo mismo de los rayados, sin tener absolutamente ninguna base racional para llegar a esa conclusión.

    Por ejemplo un cubano promedio no tiene carro para llevar a su familia a pasear y tiene que hacer largas colas para usar un tren y tiene que viajar parado o apretado con mucha gente dentro de ese tren y el numero de destinos a los cuales el puede llevar a su familia en un fin de semana es muy limitado mientras un norteamericano o un buen porcentaje de mexicanos (se venden mas de un millón de autos nuevos en México cada año, en un país de cien millones de personas, incluidos niños y ancianos, donde un coche representa una familia) que cuentan con carro pueden llevar a su esposa e hijos a pasear a un ilimitado numero de destinos nacionales e inclusive a otros países como sucede con millones de personas en el norte del país que cada día festivo cruzan la frontera a pasear en Texas o California.

    No creo que yo seria mucho mas feliz llevando a mi abuela al mercado en bicicleta como hacen la gran mayoría de los cubanos que llevándola en mi coche como lo hacen muchos mexicanos o norteamericanos.

    Este es un dato duro que puede definir el nivel de vida y de felicidad de una persona. Por supuesto que una vez que tenemos el coche y la facilidad de llevar a nuestras familias a pasear a donde deseemos pues vamos a dar esto por sentado y a querer tener mas, tal vez una camioneta mas bonita o una chequera con mas dinero para poder viajar mas y si nos preguntan en una encuesta de la ONU si somos felices pues tampoco diríamos “si soy feliz porque puedo llevar a mi abuela al mercado en mi coche”. Tal vez responderíamos que quisiéramos tener más cosas o más tiempo para viajar más o descansar más. Eso también les sucede a los cubanos que tampoco responderían “claro que soy feliz porque puedo llevar a mi esposa al mercado en mi nueva bicicleta”.

    Todo eso es percepción. Pero el dato duro es que el norteamericano promedio vive mas confortablemente y en casas mas grandes y mas bonitas, viaja y descansa mas, cuenta con teléfono, cable, Internet (sin restricciones), viaja por carreteras mas seguras y mas bien hechas, tiene acceso a mas facilidades de crédito, tiene la posibilidad de adquirir mas bienes y servicios que los cubanos y mexicanos, cuenta con acceso a mas atención psicológica y medica y cuenta con muchísimas mas opciones de diversión, en televisión, cine o parques de entretenimiento, por ejemplo en televisión cuentan con una amplia gama de canales de televisión de todo tipo, desde Discovery y Nacional Geographic, hasta HBO, y Playboy, hay de todo y para todos, lo que no podemos decir de los cubanos e inclusive de los mexicanos quienes tenemos que importar todos esos canales diseñados para el norteamericano promedio que tanto criticamos. Al igual los norteamericanos se ven obligados a hacer sacrificios por su país y sistema de vida, lo mismo que los cubanos o mexicanos.

    Los cubanos y los africanos y otras naciones también bailan mucho. Pero eso no es una medida de la felicidad ni en Cuba ni en China.

  2. Lidia E Gómez

    Domingo, 8 de Abril, 2007 a las 1:11 pm:

    Estimado Jorge:

    Precisamente por eso, la CND persigue el objetivo señalado ya por AMLO: la felicidad de los mexicanos, entendida ésta como el derecho a participar en las decisiones importantes que nos lleven al bien común. Nunca podremos ser felices si se nos niega el derecho a decidir, a participar en la construcción de nuestro futuro. Por ello este 2 de mayo vamos a la huelga general, quienes no podemos participaremos en nuestros centros de trabajo y vecindario haciendo saber las razones de la huelga. Sin nuestra participación JAMAS lograremos la felicidad. La felicidad es un asunto nuestro y no permitiremos que sigan tomando decisiones al margen de nuestra opinión y necesidades.

  3. Xochitl Garmendia

    Domingo, 8 de Abril, 2007 a las 5:12 pm:

    Estimado señor Zepeda Patterson.

    Me resultó muy interesante su artículo de éste domingo, porque nos estamos acercando mucho a esos niveles, al menos en la ciudad de México, y si bien es cierto que los hombres blancos no bailan en sus lugares de origen, es cierto también que cuando salen de vacaciones, (período en el que si se dan permiso a si mismos), si lo hacen y a veces de más, otros no pueden, solo basta recordar los centros turísticos de México, llenos los antros de hombres blancos, y chilangos bailando y tratando de hacer el escándalo que en su lugar de orígen no pueden.
    Sin embargo el baila o cantar, no lo es todo, es sólo un signo externo de poder manifestar los sentimientos de todo aquello que en lo que tenemos que desinhibirnos e interactuar con los demás, esa posibilidad de interacción se ha ido limitando cada vez mas, cada uno busca lograr su propio “estatus”, su propia realización, el individualismo, nos lleva a la soledad, y esta nada bueno nos está dejando…..al final, mucha o poca riqueza…y para que?. Su articulo reseña debidamente la soledad que se vive en una sociedad que ha satisfecho la mayoria de los requerimientos básicos y que sin embargo no se ve refleja en una felicidad satisfecha.
    ¿Cuál será el justo medio?
    ¿Y nosotros en que momento nos encontramos?,
    sería interesante escribiera al respesto en otra ocasión sobre el caso de México.

  4. Domingo, 8 de Abril, 2007 a las 10:00 pm:

    Muy interesante tu artículo. Me ha gustado bastante; y yo mentalmente quisiera añadir otra cosa, buscamos también la riqueza por miedo, miedo a perder nuestros círculos sociales.

    Tu artículo lo podemos comprobar comparando a la sociedad estadounidense con algunos países europeos.

  5. Lunes, 9 de Abril, 2007 a las 9:52 pm:

    Ahh que Don Patterson. a quien carajos le ineteresa la felicidad.Solo a los autores que ud meciona y muchos otros mas que de seguro son tan felices que se ponen a investigar el porque 2todos los demas no lo son”.uD sabe que la felicidad es tan corta que aveces ni nos damos cuenta.En estos tiempos lo que importan son los hewchos mas alla de las ideologias, convicciones o la felicidad.saludos y buen texto.

  6. Bernardo Flores

    Miércoles, 11 de Abril, 2007 a las 11:47 pm:

    Yo creo k la felicidad se encuentra en cada persona segun su propia percepcion, no en su conjunto, no creo k para medir la felicidad d una persona se pueda determinar por si baila o no o si come en la calle o en un lujoso restaurante ,, yo solo creo k la felicidad resulta de una serie de factores que se han alineado perfectamente que forman un equilibrio , es decir bienes materiales, satisfacciones, anhelos etc,, todos estos en su conjunto podrian dar la felicidad en cualquier entorno en el que se presente, ya sea en Cuba,México y en cualquier pais ,, sin importar la raza a la que pertenescan ya sean negros o blancos. ok

  7. Lunes, 16 de Abril, 2007 a las 11:42 pm:

    Otro pendejo pedante que no contesta comentarios, para que le haces a la mamada.Juar juar…

  8. Javier Aviña Gutiérrez

    Jueves, 3 de Mayo, 2007 a las 1:44 pm:

    Me gustó mucho su artículo sobre la conversación con un taxista etiope, lo he estado difundiendo, hice un resumen de noticias que mando para mis amigos y su artículo fue el eje principal.

    Siga escribiendo así, es muy importante llegar al fondo de las cosas, dio en el clavo de lo que está pasando en nuestro mundo, ¿cómo le podría enviar un correo completo con el resumen que hice?, ¡tiene algún correo electrónico para enviárselo?

    Javier Aviña Gutiérrez

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