La promoción del “gasolinazo” para mejorar sus finanzas, y su inmediato congelamiento para sostener su popularidad, tiene todos los visos de ser una reacción de pánico de parte de la presidencia. Y ciertamente hay razones para preocuparse. Si Bill Clinton tenía razón (autor de la ya célebre frase “es la economía, imbécil”), la administración de Calderón está a punto de entrar en aguas profundas y amenazadoras. Durante los 10 meses de la gestión del gobierno del michoacano, los precios de la canasta básica se han incrementado 34 por ciento, aunque la inflación en su conjunto sea inferior a 4 por ciento.
En plata pura esta enorme desproporción entre un ritmo y el otro significa que la situación del conjunto del país sigue siendo aceptable, mientras que la de las clases populares comienza a hacerse insostenible. En términos políticos las consecuencias podrían ser devastadoras: un verdadero reto para el hábil equilibrista que ha resultado el inquilino de Los Pinos. Primero revisemos la naturaleza económica del fenómeno, luego las implicaciones políticas.
Hace unos días el economista José Luis Calva publicó un sesudo artículo en El Universal, en el que establece el origen externo del incremento en los precios de la canasta básica. Como los huracanes, los efectos pueden ser devastadores en estas tierras, pero se originan en otras latitudes. En resumen, Calva argumenta que el encarecimiento de los alimentos es el principal responsable de la inflación explosiva de la canasta (aunque las colegiaturas también hicieron su parte). Y a su vez, casi dos tercios del componente inflacionario de los alimentos es el resultado de fenómenos que tienen lugar en el extranjero, debido fundamentalmente a dos razones: 1) el incremento de la demanda de alimentos en las superpobladas y superdinámicas economías emergentes de Asia; 2) la creciente utilización del maíz en la producción de etanol.
Desde luego, el gobierno federal tiene responsabilidad en última instancia. Pero esta deriva de la negligencia casi criminal a lo largo de varias décadas durante las cuales México terminó perdiendo autosuficiencia alimentaria. Las importaciones de granos básicos alcanzaron el 29% del consumo nacional en el trienio 2004-2006; las importaciones de oleaginosas, el 91%; las de carnes rojas, el 26%. Esta dependencia, aunada a la espiral internacional de precios del maíz, carnes y oleaginosas, se ha convertido en un factor desestabilizador con mucho más alcances de los que pueda tener cualquier ataque del EPR o similares.
Así pues habría que reconocer que esta escalada de precios no es producto de las medidas adoptadas por el gobierno calderonista. El “gasolinazo” decretado hace unos días y congelado hasta enero podrá incrementar la espiral, pero todavía no ha sido factor (al menos hasta hace unos días). Esto entraña una buena noticia y otra mala. La buena, es que políticamente el equipo del presidente puede clamar su inocencia respecto a la inflación; la mala es que, no siendo responsable del incremento de precios, tampoco puede hacer mucho para detenerlo. Puede empeorarlo, pero no subsanarlo.
En términos políticos, Los Pinos todavía no termina de cuajar una estrategia coherente para gestionar la crisis social que la carestía podría desencadenar. Hasta ahora el comportamiento ha sido errático, y en ocasiones con ribetes de desesperación histérica. El anuncio de Felipe Calderón en el que se deslinda de los aumentos para hacerlos recaer en los hombros de las Cámaras, bajo el argumento de que él congela los incrementos que los legisladores alegremente aprobaron, fue una puñalada por la espalda a su propio partido, el PAN, y a su gabinete económico. Ambos habían trabajado afanosamente con los legisladores de otros partidos para lograr la aprobación de tales incrementos, en beneficio de las finanzas públicas del gobierno de Calderón.
El congelamiento del “gasolinazo” tiene todos los visos de ser una reacción de pánico de parte del Presidente, atemorizado por la posibilidad de perder popularidad. Al gestionar un incremento en los combustibles en el Congreso, y luego pararlo por un decreto, lo único que consiguió es lo peor de los dos mundos: por una parte, su gobierno no obtuvo la derrama económica que le proporcionarían las gasolinas más caras, y en cambio en los próximos meses la especulación incrementará los precios de todos los artículos, anticipándose al encarecimiento de los combustibles anunciando para enero. Habría sido mejor evitar todo anuncio de incrementos energéticos este año, y aplicarlos hasta el siguiente, para no dar más argumentos a la inflación.
No será fácil para Felipe Calderón mantener los equilibrios si persiste en la búsqueda de otros actores políticos a los cuales echarles la culpa. Mal haría el presidente en comprar el falso argumento que paralizó a Vicente Fox, de que altos índices de popularidad equivalen a un buen gobierno. No es así. El respaldo de la opinión pública es un recurso, un capital político, que debe ser invertido para generar los cambios y las acciones que el país requiere. Atesorar raitings de aprobación, como un fin en si mismo, equivale a guardar el capital bajo la almohada; es decir, significa actuar como si no existiera.
Si como en el caso de los huracanes, la actual espiral inflacionaria viene de afuera, las únicas soluciones posibles son también las que se exigen ante un meteoro devastador: solidaridad y acción conjunta. Lo peor que puede hacer la Presidencia frente a la inflación es recurrir a la estrategia irresponsable del “sálvese quien pueda”. Aumentar los precios de los servicios y productos del sector público para defender al gobierno de la inflación, simplemente hará más crítica la presión sobre los sectores populares.
Frente a la escala de precios que se ceba en la canasta básica, el gobierno deberá encabezar a todas las fuerzas sociales para encarar la difícil tarea de acotar daños, sin desencadenar aumentos indiscriminados de precios y salarios. Pero ningún pacto social será respetado si el gobierno opera bajo la lógica de que ante los botes de salvamento el presidente lleva mano antes que niños, mujeres y ancianos. Justamente eso es el “gasolinazo”, sea ahora o en enero.

Sigue siendo parcialisimo Sr. Zepeda:
Si Calderón publica el decreto de las Cámaras, que por lo visto aprueban sin leer, “es un hambreador enemigo del pueblo”…
Si publica un decreto que corrige la estupidéz de nuestros “representantes populares”, es un gallina al que le gano el pánico…
Así no se puede Jorgito, yo creo que usted necesitaría buscar otras fuentes de información y contrastar sus opiniones con personas quepiensen diferente a Usted.
Los amiguitos del cafe no le sirven…
y cual es su opinión del asunto del narcotráfico alentado por los consumidores de drogas y su relación con el poder público y los periodistas adictos? Buen tema, creo yo. Lo del gasolinazo ya es cartucho quemado. Nacho.
Sr. Zepeda:
Usted da en el punto, los argumentos del Dr. Calva son serios, sin ideologías. No he leído una defensa similar de parte de economistas neoliberales. Y aun no hemos visto lo peor en el aspecto económico.
Su propuesta del “pacto social” es casi imposible; es cierto que lo necesitamos urgentemente, sin embargo las posiciones están polarizadas, (lamentablemente) se busca la destrucción, ya no del rival político, sino del enemigo.
Jorge
Por una parte calificas al espurio de habil equilibrista y por otra, calificvasd a Los pinos de tener un comportamiento incoherente, herratico y con ribetes de desesperaciòn histerica… por fin?. Creo que los atizbos de virtud que tratas de ver en el espurio obedecen màs a la idealizaciòn del poder que usurpa que a circunstancias reales. Por otra parte tienes razòn; siempre es mejor echarle la culpa a otro (actitud que aparte de infantil es irresponsable)y olvidarnos de una politica economica que ha ignorado la autosuficiencia alimentaria.
Saludos
Sr. Zepeda, me parece que los datos que muestra Calva si bien podrian ser ciertos, es cierto también que tal desequilibrio economico colateral (internacional), ha estado latente y acosando a toda latinoamerica casi permanentemente, esto me lleva a pensar y con la actitud demagogica del presidente (como “valiente defensor” de la canasta basica en su spot) que nuevamente tratan de controlar la realidad, pues el gasolinazo ya tuvo sus primeros efectos en los precios, pensemos, que un panadero x, ni siquiera sabe de economia internacional, pero ante el suceso se ve obligado a subirle 50 centavos o un peso a su bolillo y asi sucesivamente la escalada prosigue en efecto domino, esto sin mencionar a los especuladores que ya desde estos momentos guardan sus productos para revenderlos en enero a mayor precio (no se nos olviden las toneladas de maiz, guardados cuando fue el golpe al precio de la tortilla). Por eso no estaria tan de acuerdo con usted, pues el golpe viene de los pinos, de la Sria de hacienda, diputados panistas etc. … estos todos han creado el “efecto mariposa”que ya tenemos en puerta.
Estoy de acuerdo que f. calderon es un habil equilibrista, que ha sorteado sus primeros meses de gobierno, pero que se quiere basar en tratar de ganar una gran “popularidad” como el defensor de el pueblo que detiene los aumentos, papel que dudo mucho la gente se lo crea.
Por que a esta accion de “parar” momentaneamente el gasolinazo no se le llama por su nombre: DEMAGOGIA
Zedillo era un economista que no sabía nada de política, Calderón es un político que no sabe nada de economía, de lejos se ve su incomodidad cuando le preguntan sobre aspectos técnicos de temas económico sobre los que no sabe nada.
Al igual que Zedillo, Calderón llego a la presidencia de “carambola” cuando su “techo” como politico era ser subsecretarío de gobernación. El resultado es un gobierno que no tiene políticas de desarrollo integradas. Por aqui y por allá hay chispazos de acción cuando Calderón cree entender el asunto (siempre desde el ángulo de la política).
Mientras China y la India han entendido que la economía del siglo XXI depende de desarrollar una infraestructura científica y tecnológica, Calderón habla vagamente de “inversión”.
Calderón tiene buenas intenciones, pero está muy lejos de ser el estadista que siembre las bases del nuevo México. Otros seis años perdidos.
Felipe Calderón pensó que ante la opinión de las mayorías iba a pasar como el héroe que nos salvó del “gasolinazo” despúes de la transmisión del spot televisivo donde dice que su Gobierno no permitirá que se lesione la economía de los ciudadanos… Bueno, pues el señor se exhibió como un mentiroso, cosa que no es de extrañarnos puesto que en estos tiempos los políticos con tal de estar en la vitrina televisiva dicen cualquier insensatez.
Sin embargo, hay que mirar con detenimiento que la reacción de los medios de difusión a la Reforma Electoral ha sido la de exagerar sobre el asunto del nuevo impuesto y el aumento al precio de la gasolina… Como sea, tanto los medios como Felipe Calderón y toda la cauda de políticos mexicanos contribuyeron a que engordara el ánimo especulativo en el ambiente del libre mercado.
miren yo no entiendo de politica y mucho menos de economia, pero me queda claro que quienes siempre pagamos los platos rotos somos el grueso de la poblacion, por q a nuestros representantes de las camaras simplemente ven las estrategias politicas que les benefician, pero no buscan generar iniciativas que asesoradas lleven a una mejor economia, comparto la opinion de jorge y creo que nuestro presidente al igual que muchos politicos busca su propio beneficio y eso lo hace por ende igual que los demás que han pasado por los pinos, no lo culpo pero ya no me chupo el dedo y que triste que nos quieran seguir amolando y no entender que al beneficiar al grueso de la poblacion repercute en una mejoria automatica para todos